economía

Deuda ecológica, sostenibilidad e inversión

El consumo de recursos naturales no ha dejado de crecer de forma exponencial en los últimos 50 años

Por Cristina Jerez

El pasado jueves 29 de julio se celebró el Día de la Deuda Ecológica, fecha en la que la humanidad alcanzó en términos de consumo lo equivalente a los recursos naturales que la Tierra puede renovar en un año, esto es, desde ese día, vivimos de prestado. Mientras cada año consumimos más recursos, Gobiernos y Organismos Internacionales buscan alcanzar el equilibrio entre el desarrollo económico y la sostenibilidad.

Lo cierto es que el consumo de recursos naturales no ha dejado de crecer de forma exponencial en los últimos 50 años. En 1970, el Día de la Deuda Ecológica se situaba el 29 de diciembre; en el año 2000, ya había alcanzado el 22 de septiembre. La Global Footprint Network, asociación científica internacional sin ánimo de lucro, lleva años realizando este cálculo y señalando la problemática detrás de esta fecha. Para ello, dividen la biocapacidad por los recursos consumidos (teniendo en cuenta los residuos generados) y multiplican por los 365 días del año.

En 2020, el año de la pandemia y el Gran Confinamiento, por primera vez en 50 años se conseguía retrasar esta fecha un mes, celebrándose el 22 de agosto. Sin embargo, en 2021, ha vuelto a celebrarse a finales de julio, tal y como ocurrió en 2019. Lo cierto es que la reducción de la huella ambiental en 2020 ha sido una de las pocas buenas noticias que nos dejó el pasado año. Pese a que este retraso se debió a una situación “artificial” producto del confinamiento, ha permitido volver a poner sobre la mesa y la agenda pública la necesidad de luchar contra el cambio climático y nuestra huella medioambiental. Cabe señalar que los efectos van más allá de lo relativo al consumo de recursos y daños en el ecosistema, también nos afecta más directamente, a través del empeoramiento de la salud pública. Por poner solo un ejemplo, la Universidad de Harvard ha demostrado la correlación entre una mayor letalidad de la Covid-19 y la mala calidad del aire de las ciudades.

No cabe duda de que una de las grandes megatendencias globales de las últimas décadas y las venideras es el desafío medioambiental en relación con la gestión y optimización del consumo de recursos naturales y los residuos, por un lado, y el cambio climático, por otro. El reto medioambiental es, de hecho, de todos: gobiernos, organismos, empresas y ciudadanía. Para enfrentarnos al mayor desafío de la humanidad, tal y como explica el fundador de Microsoft y filántropo Bill Gates en su nuevo libro, Cómo evitar un desastre climático, solo hay un camino: la innovación. Únicamente a través de un desarrollo tecnológico verde podremos superar este desafío. Y el mundo de la inversión tiene un papel especialmente relevante en este proceso. Tanto desde una perspectiva gubernamental, como empresarial e individual, la inversión de capital en empresas y proyectos que buscan combatir estos problemas medioambientales es vital para el éxito de este proyecto común.

Desde una perspectiva global, cada vez observamos un mayor protagonismo de “lo verde” en la agenda política. Lo hemos visto claramente reflejado en el papel que está jugando la transición energética en los Presupuestos Europeos de Recuperación de la Covid-19 y en los Fondos NextGenerationEU. Pero no solo, organismos y empresas multiplican sus proyectos de I+D+i. Además, el último año hemos visto duplicarse la emisión de bonos verdes en España, un tipo de deuda destinada a la financiación de proyectos con un impacto positivo en el medio ambiente. Canarias también se ha sumado a la emisión de bonos verdes por primera vez este año, con los 130 millones emitidos recientemente por Metropolitano de Tenerife, operación que hemos podido asesorar desde Cross Capital.

Desde una perspectiva individual, una buena forma de afrontar este compromiso verde, más allá de las medidas cotidianas, es a través de la inversión con impacto medioambiental positivo, esto es, invertir con criterios ISR (Inversión Socialmente Responsables). Para ello, lo mejor es buscar un asesoramiento financiero de calidad, que nos ofrezca un acompañamiento vital y nos guíe para que nuestra inversión no sólo nos ofrezca una buena rentabilidad, sino que permita la financiación y el avance de proyectos medioambientales con los que deseemos comprometernos.

Desde Cross Capital, lo tenemos claro: el compromiso medioambiental debe ser una responsabilidad común, que afrontaremos y resolveremos gracias a la innovación y donde la inversión será clave.

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