visiones atlánticas

Enseñanzas del multinivel

Bajo el discurso del multinivel se esconde el engaño del actual gobierno para dar encaje a las desigualdades nacionalistas. Soportadas en el conflicto más amplio entre pluralismo nacional, que exige ley e igualdad de derechos y deberes, contra el multiculturalismo plurinacional, que nos cambia la igualdad, libertad y fraternidad de las democracias liberales, por múltiples identidades segmentadas de grupo. Luego de la caída del muro de Berlín, los “neocomunismos” en la globalización cambiaron de estrategia. Contra la socialdemocracia europea, que equilibra justicia social, con mercado capitalista. Encrucijada que superó la primera socialdemocracia alemana, con Eduard Bernstein (1850-1932), crítico del marxismo, que apostó por reforma y no revolución. Como hicieron con gran éxito Olof Palme en Suecia, Willy Brandt en Alemania y Tony Blair en Reino Unido. Y Felipe González en España, cuando abandonó el marxismo por la socialdemocracia, bajo padrinazgo alemán.

Zapatero inició la España multinivel, que entonces teorizaba Maragall como federalismo asimétrico, soportado ya en el multiculturalismo plurinacional, con análogos resultados. Que implosionó en la anterior crisis y nos lleva en ésta a otra de mayor calado, donde razón, mérito y economía son sacrificados, ante las identidades y un estado contra la separación de poderes. Los nacionalismos separatistas pagan con deslealtad las cesiones y el apaciguamiento solo engorda el conflicto. Con España en relación de simbiosis parasitaria, reducen su aportación al común, mientras se benefician de todas las ventajas. Segmentan su mercado y se reservan el de España. Como con las pensiones, donde Cataluña y el País Vasco, tienen las pensiones más altas de España, siendo deficitarias cada una en unos 4.000 meuros/año. Mientras el PNV pide su gestión, apuntándose el tanto de su imagen, clave de las identidades y exclama que no hace trampas con el Cupo.

Como las hacen con el idioma y la escuela, contra el fallo de los tribunales, la Ley Celaá suprime de facto la obligación constitucional del español, que ya siquiera debe cubrir el 25%de la oferta educativa y el Gobierno central renuncia a la Alta Inspección, apaciguando a sus desleales. El idioma se convierte así en una barrera nacionalista, para segmentar el mercado a favor de los suyos. Degrada los cuerpos nacionales de educación, administración, justicia y salud. Al tiempo ataca al sistema MIR y al sistema nacional de Trasplantes, modelos mundiales de éxito y referencia; su rotura los hará ajenos a la calidad y al mérito. En este juego el gobierno defiende su multinivel, creando verdades múltiples, como vemos ejercer a las ministras de sanidad, hacienda y educación.

Como no salen los números, Cataluña debe hoy a España en deuda autonómica unos 85.000 meuros, ofrece la armonización fiscal. Eufemismo orwelliano que en pleno multinivel esconde el ‘paga tú’. Irracionalidad que contamina al ministro Escrivá, que ofrece un anticonstitucional impuesto, gravando el IRPF de las rentas altas de Madrid. Cuando deben corregir los abusos de los Conciertos Vasco y Navarro, que el propio asesor de la ministra de Hacienda, Alain Cuenca director del IEF, califica como “incorrecto, erróneo e inventado”, con “leyes repletas de trucos y trampas”. Madrid con las leyes de todos paga más que nadie, el 75% del total de las autonomías en el FLA y se le penaliza con la inversión pública. Cualquier autonomía puede hacer la misma oferta de Madrid y más fácil aún recortar su gasto público lastrado por los clientelismos, cuyo éxito vemos en Andalucía. La deriva multinivel ofrece un sistema con peor calidad, economía y talento, incapaz de pagar sus obligaciones. Como hemos podido ver con el contrato de Messi, ante un Barcelona en bancarrota. Más que un Club.

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