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Clavijo tiende la mano al Gobierno para la pospandemia, destaca su buena relación con Torres y se distancia de Fonsalía

Imagen de archivo del líder de CC/SERGIO MÉNDEZ

El verano reconforta el alma. Y la del líder de Coalición Canaria, Fernando Clavijo, llega cargada de amor y cordialidad hacia el presidente de Canarias, Ángel Víctor Torres, como si fuera la centésima reencarnación de un lama tibetano. “Damos nuestro apoyo para que haya estabilidad y para que el presidente Torres pueda, con tranquilidad, sacar los asuntos. Lo único que pedimos es diálogo, consenso y transparencia”, afirmó ayer el senador en una entrevista en la Cadena SER, contraponiendo la actitud “leal” de CC en este contexto de dificultad pandémica con algunas de las discrepancias que ha habido dentro del Gobierno en temas como Fonsalía.

Atrás quedó, al menos por ayer, esa imagen preveraniega de Torres como un vendepatrias que sacrificaba el REF, igual que Michael Collins cedió el Ulster a los británicos en la independencia de Irlanda. “Estamos para tenderle la mano al Gobierno actual”, dijo mientras defendía que no es momento para una moción de censura, pues “la inestabilidad política no ayuda” y “la lealtad”, sostuvo sin dudar, forma parte del “código genético” de su partido. “Son tiempos de acuerdos”.

Apenas hubo grandes críticas, más allá de decir que el Gobierno canario no ha aceptado muchas de las propuestas de CC en materia económica y social, o que los proyectos canarios que van a recibir ayudas europeas, en realidad, los decidirá Sánchez desde Moncloa, como si fuera el zar y no se estuvieran celebrando las conferencias sectoriales de las consejerías autonómicas con el Gobierno central para decidir parte de esos proyectos. O que mucho se teme que Cataluña y el País Vasco vayan a salir beneficiados. O que ya le vale a Torres con eso de ponerse a hablar de si Casimiro Curbelo vuelve o no al PSOE, con la que está cayendo. Pero todo suave, todo ‘light’, destacando incluso la buena relación personal que tiene con el presidente desde que él era alcalde de La Laguna y Torres de Arucas, que hablan con frecuencia. A quien sí le atizó un poco fue a Román Rodríguez, a quien definió como “marca blanca” del PSOE, criticándolo por no poner un incidente de ejecución en los tribunales para que nos paguen ya, completo, todo el dinero atrasado del convenio de carreteras incumplido por Mariano Rajoy.

El Clavijo de ayer estaba también contento de que vayan a nombrar al diputado tinerfeño Héctor Gómez portavoz del PSOE en el Congreso. “Cada vez que triunfa un canario en su segmento, yo me alegró”, afirmó antes de desearle “mucha suerte” y pronosticar que “lo hará bien”. El periodista Juan Carlos Castañeda le recordó sus desavenencias con Gómez en el pasado, cuando nacionalistas y socialistas gobernaban juntos, con Clavijo de presidente. Entonces, ante los conflictos de aquel pacto finalmente truncado, Clavijo decía que él no hablabla con los dirigentes regionales del PSOE, “medianeros”, para solucionar los problemas, sino directamente con Pedro Sánchez. Pero “la relación personal” con Gómez, explicó, también es buena, todo ‘flow’.

El Clavijo de ayer no descartó ni siquiera que CC reevalúe la necesidad de hacer el Puerto de Fonsalía ahora que, defendió, ha caducado la declaración de impacto ambiental. “Las cosas, en la vida, no son inamovibles”, sostenía al mismo tiempo que el presidente de la Federación Provincial de Entidades de la Construcción (Fepeco), Óscar Izquierdo, aseguraba en otro lado que el debate sobre Fonsalía quiere “debilitar” a Tenerife para “encumbrar” a Gran Canaria en el liderazgo regional -sin recordar que hay más 400.000 personas que han firmado contra la construcción-. Clavijo simplemente pidió que se ya actúe en el Muelle de Los Cristianos para desatascar los colapsos que se producen. Pero parece que ha decidido no meterse en el charco de Fonsalía, que tanto recuerda al Puerto de Granadilla y que le pesa como una losa a CC. Clavijo sonaba ayer diferente. Quizá fue la mística del verano, una iluminación bajo un pinar, ese olor seco y refrescante. O cosa de un día. O un nuevo giro de guión por pura supervivencia política.

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