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EDITORIAL | Cariño, solidaridad y respeto

Una semana después, La Palma mañana seguirá siendo la Isla Bonita. En su rostro castigado por la lava emergen arrugas que serán de inmediato la huellas más preciadas que la tierra legará a las generaciones futuras

Una semana después, La Palma mañana seguirá siendo la Isla Bonita. En su rostro castigado por la lava emergen arrugas que serán de inmediato la huellas más preciadas que la tierra legará a las generaciones futuras. La isla ha crecido estos siete días sobre sus propios cimientos, ha elevado la cresta de Cumbre Vieja y su nombre es hoy más universal que antes. No es de esto de lo que hablan los palmeros y palmeras estos días, ocupados en solventar los problemas más urgentes de la supervivencia y la seguridad. Porque de aquello otro, de las huellas, hablará la historia, que empezará a nacer al día siguiente de que la erupción llegue a su término. Las huellas serán las cicatrices. Hoy hablamos de las heridas.

Venimos de vivir una sucesión de sentimientos incesantes y dolorosos que aquejan a una parte de nuestra población, de nuestra geografía. Cincuenta años después de la erupción del Teneguía, la memoria, siempre frágil, nos había hecho olvidar las graves consecuencias que entraña una erupción explosiva. Hablar del volcán en Canarias siempre fue un tema tabú, porque entraña una catástrofe no exenta de los avatares destructivos que la palabra contiene en sí misma. No entran en erupción todos los días los volcanes dormidos del Archipiélago. Y cada vez que uno lo hace, se vuelven hacia él las miradas de todos los canarios. Pasó, hace tan solo diez años, con el volcán submarino de El Hierro, el Tagoro. Y ahora se repite la historia en Cumbre Vieja. Toda Canarias está pensando en lo mismo desde las 13, 12 horas del domingo en que estalló Cabeza de Vaca. En el volcán de La Palma. En los daños irreversibles. En las evacuaciones a toda prisa que parten el alma. En la nube de cenizas que corta la respiración de nuestros paisanos y que se propaga a otras islas extendiéndose sobre nuestras cabezas. Desde hace siete días, isleños de todas las islas tienen la mente y el corazón clavados en La Palma, como una idea fija. Es imposible despertarnos cada mañana sin preguntarnos qué hay de nuevo sobre el volcán. Todo lo demás ha pasado a un segundo plano, incluida la pandemia, de cuyas altas y bajas cobramos noticia de un modo rutinario y casi marginal. Pero nada de lo demás ha dejado de ser cierto ni preocupante, la pandemia no ha cesado y sigue causando muertes. Lo que sucede es que La Palma está en peligro mañana, tarde y noche. Y el fuego del volcán no se presta a dudas. La isla reclama con apremio nuestra atención y nuestra ayuda inmediata.

¿Qué necesitan nuestros paisanos? La Palma necesita dinero, enfatizó Miguel Ángel Morcuende, director técnico del Pevolca. Necesita un presupuesto de emergencia del Estado, de la comunidad autónoma, del Cabildo y de los ayuntamientos, un plan inédito de asistencia pública para casos como este. Necesita la solidaridad de todo el Archipiélago. De manera que todos los cabildos y municipios, la Fecai y la Fecam, y las grandes empresas con capacidad para ello, intervengan activamente en la cobertura de las necesidades presentes y futuras de una isla sumida en la precariedad por la erupción de un volcán. Esta corresponsabilidad solidaria es de justicia. A cualquier isla le puede suceder mañana lo mismo; ninguna está libre del riesgo de sufrir en carne propia una eventualidad tan devastadora como la que padece a estas horas nuestra isla noroccidental.

La presencia del presidente Sánchez es fiel reflejo de una determinación del Estado en apoyo y auxilio de un territorio que pide socorro tras las bocas abiertas por el volcán, y que constituye una respuesta a una emergencia de esta naturaleza. Al pueblo palmero solo podrá ayudarle a levantar cabeza una estrategia generosa y eficaz de acciones y medios para hoy, para mañana y para pasado mañana.

Canarias ha demandado en otras ocasiones una ayuda especial: con motivo de la crisis migratoria, de la siniestralidad climática, de las elevadas tasas de paro o de las adversidades económicas, como recientemente en relación con el turismo. Pero esta vez, no es solo La Palma, sino toda Canarias, la que pide con una sola voz un plan de salvamento para la isla que sufre la erupción explosiva de un volcán que arrasa todo lo que no se mueve, como advirtió en las vísperas el coordinador del Involcan, Nemesio Pérez. Un plan de auxilio contrarreloj. Un paquete de actuaciones a corto y medio plazo. En definitiva, un paraguas para proteger a nuestros paisanos de todas las inclemencias de una erupción destructiva, que tiempo habrá para que sea objeto de admiración como el rastro de un volcán que ya forma parte de nuestra historia. Pero ahora, no. Ahora no es tiempo de hacer turismo en las calderas del dolor humano que protagonizan con amargura extrema nuestros paisanos de La Palma.

La lluvia de esa ayuda ha de llegar también de Europa. Las autoridades autonómicas y el eurodiputado Juan Fernando López Aguilar han puesto en marcha la tramitación de los fondos que pueda aportar la ventanilla correspondiente de la Unión Europea. Europa también sigue de cerca la evolución del volcán en una isla que forma parte de su principal Región Ultraperiférica.

Desde la tribuna del plenario de la Asamblea General de la ONU, que celebraba su 76 periodo de sesiones en Nueva York, el presidente español comenzó enunciando el impacto de la erupción en la isla desde la que había viajado a Estados Unidos: “Llego a esta Asamblea directamente de la isla, impresionado por cómo la naturaleza, una vez más, nos recuerda la medida de nuestra fragilidad. Pero también de nuestra fortaleza. Gracias a la ciencia, hemos podido anticipar la respuesta”. Pedro Sánchez se ha convertido no en huésped, sino en habitante de la isla, a la que se mudó desde el primer día suspendiendo toda una agenda de contactos con mandatarios extranjeros y prominentes inversores en Nueva York. Es un gesto que le honra y le adorna de los mejores atributos de un gobernante. Su participación en la última reunión del Consejo de Gobierno de Canarias que preside Ángel Víctor Torres ha añadido, a su implicación personal y política en esta desgracia, un indudable valor testimonial que agradecen los palmeros y los canarios. Nunca olvidaron las islas de cuando Adolfo Suárez se desplazó al Archipiélago para certificar con su presencia que los canarios no estaban solos tras la anexión marroquí del Sáhara. Ahora, Sánchez escribe otro capítulo político y sentimental, que también será imborrable, en las relaciones de un presidente de España con Canarias. Y La Palma tampoco lo olvidará.

Es cierto que a la Ciencia, primero con motivo del coronavirus en el concierto mundial y ahora, a causa de esta erupción en nuestra tierra, cabe expresarle el reconocimiento de todos por su providencial papel antes y durante el proceso eruptivo. Del mismo modo, se ha puesto de manifiesto la experiencia atesorada por los cuerpos de protección civil y de seguridad del Estado a la hora de intervenir coordinada y exitosamente en auxilio de la población damnificada.

El pueblo palmero está demostrando una entereza digna de la mayor consideración. Puestos a buscar ejemplos de resiliencia, como hemos hecho estos dos últimos años en el mundo, tenemos en casa uno de los más ilustrativos en esta tragedia que arranca viviendas y vivencias, terrenos emotivos y fértiles, y un modo de vida que entre todos hemos de ayudar a rehacer a toda la sociedad palmera, merecedora del mayor de los reconocimientos que le sean concedidos en el futuro y del más grande de los testimonios de cariño, solidaridad y respeto. Hoy, DIARIO DE AVISOS hace públicos los galardonados de los Premios Taburiente 2021 de nuestra Fundación, que nacieron estrechamente vinculados a la Isla Bonita desde la Caldera que le da nombre. Nuestro periódico, fundado en 1890 en La Palma, hoy brinda estos premios a la salud y el futuro de un pueblo que lucha a estas horas por superar las inclemencias de una erupción volcánica.

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