Internacional

Estados Unidos conmemora el 20º aniversario del 9/11

Tres horas de terror que cambiaron el mundo

Este fin de semana se marca el vigésimo aniversario del ataque más letal de la historia en suelo estadounidense, una conmemoración de las 2.977 víctimas mortales a manos de 19 terroristas procedentes del otro lado del mundo, que secuestraron y convirtieron cuatro aviones comerciales en misiles que provocaron muerte y destrucción en la ciudad de Nueva York, el Pentágono y un campo en la zona rural de Shanksville, Pensilvania.

Ese día de terror provocó profundos cambios, de modo que es difícil encontrar una parte de la vida estadounidense que no haya sido afectada por los efectos del 11-S. Desde el aumento de la seguridad en los aeropuertos hasta la militarización de la policía, a las guerras de muchos años y al tejido mismo de la personalidad y las libertades del país, la nación y el mundo han sido redefinidos por los eventos de ese día, que recuerdo con emoción y sentimientos que incluyen terror, dolor e ira.

El 11 de septiembre de 2001 yo estaba en mi casa, en Burlington, Vermont, estado fronterizo con Nueva York. Mi marido, siendo militar estaba en una asignación fuera de la ciudad. 

Recuerdo que tras dejar a mi hija de 7 años en el colegio, llegué a casa y puse las noticias. Mi otra hija, nació ese mismo año, apenas un bebé en esos días. Aquel momento en el que empezaron los medios a informar, pensé, en primer lugar, que se había tratado de un accidente aéreo, probabilidad que se desvaneció de inmediato tras el segundo impacto. Algo estaba pasando. Entonces sonó el teléfono, mi marido me decía que no sabían todavía lo que estaba ocurriendo, pero que fuera enseguida a recoger a la niña y nos quedáramos en casa: América estaba bajo ataque. Sin esperar ni un segundo más, fui a recoger a mi hija. En ese momento, las líneas ya se habían colapsado y era imposible recibir o hacer llamadas. Sola en casa con mis hijas, y en un país al que hacía relativamente poco que había llegado me invadió una auténtica sensación de pánico. La tele puesta, el desplome de las torres gemelas, y luego el Pentágono…., no había duda, estaba en un país en guerra…

A muchos de nosotros, con recuerdos vívidos, no ha dejado de sorprendernos el fallo de inteligencia que precedió a los ataques coordinados. Otros que respondieron al llamado patriótico de su país para perseguir a los responsables en el supuesto refugio seguro de Al Qaeda en Afganistán y que supuso el sacrificio de más de 2.400 soldados estadounidenses, tienen dudas de la necesidad de entrar en ese país. La guerra en Afganistán abarcó las administraciones de cuatro presidentes y la Guerra de Irak de ocho años, solo para terminar el mes pasado con la retirada de las tropas estadounidenses y la muerte de 13 miembros del servicio militar, cuatro nacidos en el fatídico año 2001. Los talibanes, que controlaron Afganistán y proporcionaron refugio seguro a al-Qaeda, están de vuelta en el poder, renovando los temores de que el país se convierta una vez más en una base para el terrorismo.

Si bien han pasado 10 años desde que Osama bin Laden, el fundador de al-Qaeda, fue asesinado a tiros por el SEAL Team 6 en Abbottabad, Pakistán, nadie ha sido condenado por ayudarlo a llevar a cabo el diabólico complot que planeó: solo uno se declaró culpable. 

Pistas perdidas

Durante 20 años, los exagentes del FBI Kenneth Williams y Mark Rossini dijeron que han pasado incontables noches en vela preguntándose qué pasaría si sus advertencias hubieran sido atendidas.

Dos meses antes de los ataques del 11 de septiembre, Williams, entonces agente de la oficina del FBI en Phoenix, escribió lo que se conoció como el Memorándum de Phoenix a sus superiores en la sede del FBI que había recopilado información de inteligencia que indicaba que Bin Laden y al-Qaeda estaban preparándose para hacer algo en la aviación civil en los Estados Unidos y los asociados de la red terrorista asistían a escuelas de vuelo en Arizona. El memorando de Williams nunca se tuvo en cuenta, porque no incluía una amenaza específica o un objetivo potencial. Uno de los 10 presuntos terroristas nombrados en el memorando de Williams tenía estrechos vínculos con Hani Hanjour, el secuestrador que pilotó el vuelo 77 hacia el Pentágono.

En marzo de 2000, Rossini fue cedido por el escuadrón antiterrorista I-49 del FBI al centro antiterrorista de la CIA en la sede de la agencia en Langley, Virginia, según informó la cadena nortemaerican ABC. Una mañana leyó un cable de un informante que decía que dos operativos de alto nivel de al-Qaeda habían asistido a una cumbre de al-Qaeda en Malasia y habían entrado a los Estados Unidos con visas válidas en enero de 2000. Según ABC, Rossini alentó a su colega Doug Miller para redactar un informe dirigido a la sede del FBI, porque los operativos de al-Qaeda entraron a los EE. UU. en medio de la alarma nacional sobre el “complot del milenio” tras el arresto de un operativo entrenado por al-Qaeda con un automóvil lleno de explosivos en el estado de Washington. Sin embargo, los funcionarios de la CIA que tenían que aprobar cualquier información compartida con el FBI le prohibieron a Miller enviar su cable al FBI. La CIA nunca ha explicado públicamente por qué bloqueó el documento de Miller. Los dos operativos de al-Qaeda estaban entre los secuestradores del 19 de septiembre.

Hubo un enorme volumen de inteligencia compartida con el FBI por la CIA, dijo Rossini, pero el motivo por el que el memorando de Miller no fue autorizado para enviarlo a la oficina sigue siendo un misterio relacionado con el 11 de septiembre.

Ira y desconfianza

Entre las voces que han surgido en las últimas dos décadas se encuentran las de ira y desconfianza en el Gobierno por supuestos secretos que se niega a revelar. Aún así, otros, que corrieron a las ruinas del World Trade Center con la esperanza de encontrar sobrevivientes, continúan sufriendo y muriendo por el aire tóxico que los líderes gubernamentales insistieron en ese momento que era seguro respirar.

En cuanto a responsabilidades internacionales, el Informe de la Comisión del 11-S completado en diciembre de 2004 “no encontró evidencia de que el Gobierno saudí como institución o altos funcionarios sauditas financiaran individualmente” a los secuestradores de al-Qaeda. El Reino de Arabia Saudita ha negado las acusaciones de ser cómplice de los ataques del 11 de septiembre.

El mes pasado, el Departamento de Justicia anunció que el FBI había cerrado recientemente una parte de su investigación sobre los ataques y está revisando algunos documentos clasificados desde hace mucho tiempo para determinar si ahora pueden ser revelados. Y la semana pasada, el presidente Joe Biden firmó una orden ejecutiva que ordena la desclasificación de ciertos documentos relacionados con el 11 de septiembre que se publicarán durante los próximos seis meses.

Del 11 de septiembre al 6 de enero: lecciones no aprendidas

Panetta era secretario de Defensa cuando Bin Laden fue asesinado el 2 de mayo de 2011. Recordó el alivio que se apoderó de la Sala de Situación de la Casa Blanca y los cánticos de “EE. UU., EE. UU., CIA , CIA “proveniente de una multitud reunida al otro lado de la calle en Lafayette Park, según informaron los medios estadounidenses.

“Creo que habíamos enviado un mensaje al mundo de que nadie ataca a Estados Unidos y se sale con la suya”, se congratulaba el funcionario.

Pero una década después de la muerte de Bin Laden, EE.UU. permanece bajo la amenaza constante de grupos terroristas que han hecho metástasis en todo el mundo sin una estrategia integral para derrotar al terrorismo en el mundo.

EE.UU. tenía la misión clara de desmantelar al-Qaeda y matar a Bin Laden, pero la nación está enfocada en otras prioridades: la pandemia, China y Rusia. Tom Ridge, exsecretario de Seguridad Nacional, dijo que la insurrección del 6 de enero en el Capitolio, fue una indicación de que algunas de las lecciones aprendidas del colapso de inteligencia del 11 de septiembre se han olvidado. El Pentágono ha sido reparado y un brillante World Trade Center de 94 pisos ahora marca el horizonte del Bajo Manhattan, pero no todas las heridas han sanado.