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Exportar democracia

La propaganda de La Moncloa insistió mucho en que la conversación telefónica entre Pedro Sánchez y Joe Biden sobre el uso de las bases de Morón y Rota para la acogida de refugiados afganos duró –nada menos- que 25 minutos. El presidente español consiguió, al fin, alargar los 26 pasos y 29 segundos de su caminar junto al norteamericano. Al margen de sus aventuras exteriores, lo cierto es que ha ofendido a todos los ciudadanos de este país, y también a los refugiados afganos, al ser el único dirigente occidental que permaneció de vacaciones mientras estallaba la crisis afgana. Y, no contento con ello, nos sigue ofendiendo a todos al negarse a comparecer ante el Congreso de los Diputados para dar cuenta de su gestión de esta gravísima crisis, según han hecho ya todos los líderes occidentales. Pero no olvidemos que Sánchez es el maestro de la propaganda y la intoxicación informativa, amparado en la impunidad que le proporciona la torpe oposición de Casado y el apoyo de Podemos y los nacionalistas catalanes y vascos. Y, al regreso de Lanzarote, montó en la base de Torrejón un centro de recepción de refugiados que ofreció a la Unión Europea, a cuyos dirigentes pudo exhibir ante los medios internacionales. Unos dirigentes que, en justa correspondencia, han alabado su liderazgo y lo han puesto como ejemplo de solidaridad europea.

El presidente norteamericano, para justificar la brutal derrota sufrida y el fracaso de la intervención en Afganistán, ha insistido en que nunca se pretendió generar allí una democracia viable, sino atacar al terrorismo islamista en sus bases para imposibilitar sus acciones. No es eso lo que sus antecesores nos contaban cada vez que recibíamos los cadáveres de nuestros soldados. Pero, al respecto, hemos de recordar que la compleja realidad que hoy denominamos democracia es el fruto del liberalismo y de las revoluciones liberales, es decir, de una tradición política exclusivamente occidental y de unos valores occidentales. No hay ninguna democracia que no sea liberal, y liberalismo significa Estado de Derecho y mercado y economía de mercado. La alternativa es una economía de planificación central (Cuba, Corea del Norte, la Unión Soviética); y ninguna economía de ese tipo ha sido nunca una democracia. A estos efectos, es constatable una correspondencia histórica sin excepciones.

Pues bien, todo eso significa que la democracia no es exportable y no puede ser trasplantada a las sociedades del Tercer mundo, que no comparten ni nuestra tradición ni nuestros valores. Se lo recordaba estos días en Moscú Vladimir Putin a Angela Merkel. Y, curiosamente, el autoritarismo del ruso es una demostración de este hecho objetivo. Un hecho objetivo, que hemos comprobado hasta la saciedad en Oriente Medio, en las mal llamadas primaveras árabes, y en multitud de ocasiones. Es un fraude criminal montar unas supuestas elecciones libres en sociedades desarticuladas; entre personajes corruptos que solo se representan a sí mismos; entre supuestos partidos que son grupos mafiosos o clanes tribales; y con electores igual de corruptos, cuyas lealtades solo buscan no pasar demasiada hambre o vengarse del clan vecino. Pero, con permiso de Toynbee y de Huntington, la civilización occidental, como han hecho otras civilizaciones, se encamina a su fin mintiendo y engañándose a sí misma.

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