en el camino de la historia

¿Canarias, desamparo social?

Cuando una persona se aleja de sus raíces familiares, sociales y culturales comienza a experimentar una situación de extrañeza que afecta a su identidad que deriva en angustia, miedo, frustración y ,sobre todo, soledad. La soledad se ha implantado en nuestra sociedad por todo lo que este sentimiento es el determinante y el que mas influye en el comportamiento vital que destruye la arqueología biológica del ser humano.

Países como Japón puso en practica recientemente lo que en 2018 implantó El Reino Unido, cual fue un Ministerio de la Soledad para afrontar entre otras cuestiones la alta tasa de suicidios que en el año 2018 fue de 20.619 consiguiendo bajar considerablemente esta lacra social, de lo cual están pendientes otros países como Francia y Alemania y Canada.

En Canarias durante el año 2020 la cifra de suicidios fue la tercera del país con una tasa de 9,5 muertes por 100.000 habitantes con una cifra total anual de 197, lo cual abre la puerta a considerar que estamos en un problema de alta envergadura que tiene que ir a la vía de solucionarlo. Y si no aparece una organización estatal, como un ministerio que se considere a corto plazo, en el entono de Canarias a pesar de los Planes de Prevención de Salud Mental que se pongan en marcha, hay que ir mas allá, en la búsqueda de un nexo político mas directo que establezca los dispositivos necesarios para ese componente social que está implantado en nuestra sociedad como germen maligno cual es la soledad, encuentre al menos paliativos directos y sin entorpecimientos y farragosos vericuetos administrativos.

Sabemos que en los hospitales existen enfermos que permanecen eternamente confinados porque ahí los dejan sus familia sin ir a buscarlos para reintegrarlos a sus domicilios quedándose para su reconocimiento como la cama 30 0 54, y fuera de poder estar bajo la cobertura de ir siquiera a una residencia para mayores que dada su carencia muchos de ellos morirán antes de llegar sin poder compartir, al menos , la angustia de esa soledad dominante.

Y no solo son nuestros mayores los que sufren el desamparo social y la marginación, ya que esta no tiene cotas sociales limitadas , desde la juventud que ve truncadas esperanzas y proyectos simplemente vitales que tienen que recurrir a la drogadicción viendo en la droga un paraíso perdido o la violencia de genero que se acrecienta con las calamidades tanto víricas como geológicas,

Canarias necesita y no hay que dejarlo pasar sin mas una Consejería de la Soledad que investigue desde la profundidad del estudio de campo, la situación y el control de esta situación de desamparo social para tener a mano los dispositivos materiales y sociales para asumir los problemas que se derivan que muchas veces se tiene la sensación como si no existieran, porque muchos de ellos son silentes y aislados..

La soledad se implanta aun en todos aquellos que se conectan de una manera u otra con un mundo que creen cercano, con un sinnúmero de contactos llamados amigos donde lo que late es la frustración, el quedarse aislados en una red donde lo virtual mal vive en un amplio escenario, paradójicamente ,de desconexión, que abre las puertas a una soledad no superada.

Los campos de la soledad traspasan familias, grupos, y países. Es un mal en ascenso que busca remedio en una nueva normalidad que hoy se ausenta a marchas forzadas. Y los gobiernos deben pensar en ello como un deber y tarea ineludible, y en nuestro caso, el gobierno de Canarias debe ponerse a esa tarea

Al hilo de esto recordé a Logau, poeta barroco, que sin duda sabia amucho del tema.:Lo primero que hace un niño cuando nace/ es echarse a llorar/el sol debe brillar unos cuarenta días, para que al fin, sonría/ Oh mundo, en tus prisas, hay más llantos que risas.

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