Erupción en La Palma

Los damnificados por el volcán se unen en una plataforma social

El portavoz en funciones de la entidad, Juan Vicente Rodríguez, asegura que la sociedad civil afectada por la catástrofe quiere estar cerca de los procesos de reparto de las ayudas

Juan Vicente Rodríguez, portavoz de la plataforma. DA

Unas 1.000 personas de la comarca del Valle de Aridane forman ya parte de la Plataforma de Damnificados por el Volcán, constituida en un intento de que los afectados tengan voz y conocimiento de los procesos para el reparto de las ayudas, en una interlocución directa con los alcaldes de la comarca y el Cabildo.


“La Plataforma se ha constituido para aportar, sumar y conocer cosas que nos importan y que afectarán al futuro de cientos de familias que lo han perdido todo y que quieren estar, participar y conocer”. Así lo explica Juan Vicente Rodríguez, presidente en funciones de la entidad, a la que cada día se suman nuevos damnificados o simplemente familiares que quieren saber dónde, cómo y de qué modo se van a canalizar las ayudas que han llegado a través de empresas, particulares y hasta personajes famosos, en una extraordinaria ola de altruismo de personas de dentro y fuera de España, ante el desastre económico y emocional que están sufriendo estas familias.


Juan Vicente Rodríguez explica que “la situación es de enorme gravedad y pensar en la normalidad nos parece muy difícil, pero hay que luchar, estar cerca de las instituciones que nos representan, dando voz a las cientos de personas que no saben qué es lo que va a pasar”. Esa es la pregunta que continúan haciéndose las más de 1.000 personas desalojadas de sus hogares, muchas de ellas desplazadas de una zona que, muy probablemente, nunca vuelvan a ocupar, mientras permanecen en el limbo emocional de la transitoriedad.


Siguen llegando ayudas que se suman a los más de 1,5 millones de euros que se donaron a través de la plataforma Bizum y de los que la entidad informó días atrás, así como otros 100.000 recaudados por el streamer Ibai Llanos en apenas 24 horas y junto a varios colaboradores en solidaridad con La Palma.


Son solo dos ejemplos de la solidaridad y empatía que ha despertado la tragedia en La Palma. Las incertidumbres de las cientos de familias sin hogar se acrecientan a pasos agigantados, mientras las administraciones trabajan a toda prisa para dar respuestas específicas a problemas de distinta índole, en ámbitos familiares con distintas economías, con una sola vivienda ahora bajo la colada, o afectados por ERTE o paro, con fincas desaparecidas, o arrendatarios de otras de donde no se sacarán las rentas previstas. O incluso familias de casi 20 miembros con cinco viviendas destruidas donde el referente con medios suficientes para ayudar, en otras circunstancias, ha desaparecido. Otras a expensas de los ahorros de toda la vida, sin las fanegas de plátanos de las que vivían, mientras intentan “fingir normalidad” para niños y niñas que siguen esperando por que los mayores recuperen la normalidad y les den la respuesta al volcán y a la desaparición de sus casas, de su iglesia, su parque y su habitación.


Las miles de personas que no lo han perdido todo y siguen desalojados de El Remo, Puerto Naos y La Bombilla son conscientes de que la vuelta a sus hogares puede ampliarse a varias semanas, incluso meses. Muchas de las familias desalojadas, vinculadas de forma directa a los sectores platanero y turístico, con un trabajo en el ahora aislado Hotel Sol, han dejado de consumir por miedo a gastar los ahorros y quedar desamparados antes de la llegada de las ayudas anunciadas.


Luis Rodríguez, taxista durante los últimos diez años en una de las paradas más activas de la Isla, en el casco urbano de Los Llanos, describe que “hemos perdido más del 60% de los viajes que hacíamos”. “Ni turistas ni viajes largos ni y para bajar a Puerto Naos. Carreteras bloqueadas y a cada paso una historia de gente que te cuenta la casa que ha perdido, los sitios a los que no volverá”, cuenta. Luis no quiere quejarse porque incluso él, que no sabe cuánto tiempo aguantarán en una parada con horas desiertas bajo la precipitación fina de la ceniza, es ahora un afortunado.


Este taxista busca a un joven, un universitario que le ayudó a limpiar de ceniza su azotea. A medias en la tarea, cubiertos de ceniza, Luis le preguntó si era voluntario. No podía creerlo: el joven ya no tenía casa. Había quedado sepultada bajo la colada del volcán. El taxista perdió de vista un instante al chico, mientras miraba cómo habían despejado la azotea de la gruesa capa de ceniza del volcán. El joven había desaparecido. “Lo perdió todo y vino a ayudarme. Me quedé bloqueado y muchas veces pienso: ‘no le di las gracias”, se lamenta.