La Palma

Tres semanas de erupción sumen a La Palma en una ruina sin precedentes

Mientras se suceden las evacuaciones, la lava no solo ha arrasado la mejor zona de cultivo de la Isla, sino que ha destrozado vías de comunicación esenciales y redes básicas de suministro de agua

Una familia abandona con sus enseres el barrio aridanense de La Laguna. Mientras, finaliza el confinamiento de 3.000 personas en El Paso y Los Llanos al mejorar la calidad del aire. EFE
Una familia abandona con sus enseres el barrio aridanense de La Laguna. Mientras, finaliza el confinamiento de 3.000 personas en El Paso y Los Llanos al mejorar la calidad del aire. EFE

Es mucho peor que cualquiera de los augurios más pesimistas. Decía el catedrático emérito de Geografía de la Universidad Autónoma de Madrid Eduardo Martínez de Pisón que la tendencia volcánica de La Palma invitaba a pronosticar que la siguiente erupción sería tan al sur que, incluso, tendría lugar bajo el mar. Pero nada más lejos de la realidad. El demonio que rasgó la tierra el pasado 19 de septiembre ha resultado insaciable y condena a las más bonita de las Islas Canarias a pasar un calvario que, por muchas ayudas que reciba, será muy duro de transitar.

Está claro

Apenas tres semanas y un día desde que en un paraje llamado Camino de Cabeza de Vaca explotase el segundo volcán canario del siglo XXI, no hay nadie en La Palma que no entienda ya que la ruina ha llegado a su tierra para quedarse.

No solo son las más de 612 hectáreas (21 más que ayer) que han sucumbido al tan implacable como caprichoso transcurrir de las distintas coladas de lava, ni las 753 edificaciones pulverizadas, de las que 620 son de uso residencial; 70, agrícola; 29, industrial; 19, de ocio/hostelería, y siete, público, entre otros. Eso, según el catastro, porque los satélites del sistema Copernicus elevan a 1.186 los inmuebles engullidos por la incandescencia que, por otra parte, hizo posible este vergel llamado Canarias.

No. Es mucho más que unos simples números. Este volcán ha fulminado el mejor suelo para cultivo de La Palma, cortocircuitado su red de carreteras y de suministro de aguas.

Pero lo peor, lo peor de todo, es que ha hecho germinar en el corazón de miles de palmeros y palmeras la certeza de estar contemplando cómo desaparece su pasado a la misma velocidad que se volatiliza su futuro.

Nadie sabe qué males nos esperan aún por mor de esta desgracia con que la Naturaleza se ha ensañado con el Valle de Aridane y, por ende, con toda La Palma, que recibe semejante embiste justo donde más le duele, en su corazón económico y poblacional.

Mientras la tierra se sigue moviendo sin que sus señales permitan descifrar si todavía el castigo será aún mayor, solo queda confiar en que semejante flagelo cese pronto. Pero ya nada será lo mismo.