Política

El rearme de Marruecos llega en plena reactivación de las prospecciones

Tras el lapso de la pandemia, Rabat recupera su servicio militar forzoso, se alía con Israel para construir una base militar y pacta con Catar buscar gas y petróleo en aguas cercanas a las Islas

“Estos trabajos no se harán en aguas de Canarias”. Es el compromiso dado desde Marruecos a España en el marco de lo que pretende Rabat sea una reactivación favorable entre ambos países tras el fiasco que se llevó Rabat con el infortunado episodio de la ‘invasión’ de Ceuta, cuando las autoridades marroquíes remedaron una suerte de Marcha Verde en la citada ciudad autónoma española el pasado mayo con la irrupción de unas 12.000 personas, entre las que más de mil eran menores. Ni 24 horas duró un reto que acabó en chasco entre otras cosas por chusco, al trascender, por ejemplo, que no pocos niños se subieron a las guaguas dispuestas para ello al asegurárseles que Cristiano Ronaldo estaba de visita por la localidad. Desde entonces, todo son buenas palabras desde Rabat hacia España, detallan desde el Ministerio de Exteriores, ahora bajo la dirección de José Manuel Albares. Pero los hechos se suceden a ritmo vertiginoso en el país de la monarquía alauita.

Lo más preocupante desde la perspectiva canaria se puede leer en el Boletín Oficial de Marruecos del pasado 21 de octubre con el anuncio de los permisos dados desde la Oficina Nacional de Hidrocarburos y Minas marroquí (ONHYM) a un consorcio entre la local Eni Maroc B.V y Catar Petroleum International Upstream L.L.C. para hacer prospecciones petrolíferas frente a las costas de Canarias, en un trabajo donde, como se sabe bien en las Islas, se buscan asimismo yacimientos gasísticos. Por ello, el presidente regional, Ángel Víctor Torres, no dudó en aprovechar la presencia de su colega estatal, Pedro Sánchez, para recordarle que nadie quiere ese tipo de explotaciones cerca del Archipiélago, como quedó más que demostrado en el extraordinario rechazo popular que obligó en 2014 al Gobierno de Mariano Rajoy a renunciar a lo mismo, por mucho que fuera un ministro canario, José Manuel Soria, quien liderase el malhadado proyecto, que pretendía llevar a cabo la empresa Repsol (cuyarenuncia se produjo en 2015). Incluso, su presidente, Antonio Brufau, acabó llamando “tercermundistas” a los canarios (el Parlamento lo declaró en 2017 persona “non grata”), incapaz de comprender que todo su dinero y poder no habían sido capacez de doblegar a un pueblo como el isleño.

Ahora, la respuesta de Sánchez fue tan tranquilizadora como insistente la reclamación de Torres. “Tenemos el compromiso cerrado del Gobierno de España de que no se toca un milímetro de las aguas de Canarias”, explicaba el presidente canario durante una entrevista a El Español. “Y por tanto, si Marruecos toma una decisión unilateral, debe saber desde el primer momento que está abocado al fracaso. Porque se va a encontrar toda la contundencia de mi Gobierno y el de Pedro Sánchez”. Entre otras cosas, porque estamos ante un tema capaz de hacer perder las elecciones canarias a cualquier candidato, por mucho que le favorezcan las encuestas de turno.

Dos F-18 despegan de la base de Gran Canaria. DA

Por si fuera poco el resquemor existente entre Canarias y Marruecos, es imposible obviar que las aguas compartidas entre las Islas y el vecino continental son escenario, hoy en día, de una catástrofe humanitaria de tal magnitud que se estiman cerca de 800 los fallecidos en lo que va de año a cuenta del tráfico de seres humanos que, en busca de una vida mejor, zarpan en pateras y zódiacs hacia el Archipiélago como una escala donde en realidad se truncan sus sueños al ser convertido por la Unión Europea en otras islas-cárcel, como ya se ha hecho en Grecia (Lesbos) e Italia (Lampedusa).

Pero el conflicto da más aún de sí por la presencia de riquezas como el telurio y otros minerales raros en montes submarinos que, geológicamente, resultan ser islas antecedentes a Canarias, como Tropic y sus vecinas. A este respecto, Marruecos ha paralizado en Naciones Unidas las pretensiones españolas de que se reconozcan sus derechos sobre estos yacimientos, mientras el Parlamento regional aboga públicamente por una moratoria para este tipo de explotaciones.

Como bien pudo empezarla, se deja para el final de esta retahíla el hecho de que, a todas estas, Marruecos está en guerra con la República Árabe Saharaui Democrática, una causa -la de los polisarios- que despierta grandes simpatías no solo en Canarias, sino también en otros puntos de la geografía española en lo que supone la enorme papa caliente de la descolonización española. No en balde, se entiende que el siguiente paso de la misma no puede ser otro que Ceuta y Melilla.

Por mucho que lo de Ceuta fuera un error de corte bastante grueso, no se puede decir que la diplomacia marroquí ande de capa caída. Tras un inicial acercamiento al Reino Unido tras el brexit, fue durante la Presidencia de Donald Trump, donde jugó excelentes manos, al reconocer al Estado de Israel mientras EE, UU, avalaba su invasión del Sáhara Occidental en 1975, pese a los mandatos contrarios de la ONU. De aquellos polvos llegan los lodos del acuerdo con el régimen hebreo acerca de la construcción de una base militar cerca de Melilla, concretamente en Drius, si bien cabe recordar que Marruecos sigue con el eterno conflicto que le enfrenta a su vecino y rival Argelia, y que ahora pasa por momentos muy delicados. No en balde, a primeros de mes Argel acusó a Rabat de haber matado a tres ciudadanos argelinos en un aparente bombardeo contra el Frente Polisario. En un comunicado de la oficina de la presidencia de la República argelina se añade, además, que “su asesinato no quedará impune”, dando a entender que tomará represalias contra Marruecos, con quien Argelia ya rompió relaciones el pasado agosto y mantiene una creciente tensión en la frontera.

Precisamente, Drius será uno de los centros de adiestramiento que, junto a las bases de Benslimane, Sidi Yahia du Gharb, Benguerir y Tan Tan (frente a Canarias), acogerá a los 20.000 nuevos reclutas que ahora tendrán que prestar servicio militar durante un año en el país vecino, un proyecto anunciado en 2019 y que se recupera ahora tras el parón que supusieron los confinamientos de la pandemia. No se trata de una ‘mili’ al uso español, sino que a los jóvenes se les enseñarán oficios y se les pagará por ello (sobre todo, a los que queden encuadrados en unidades destinadas al Sáhara Occidental) con el afán de que no pocos de ellos acaben integrándose en las fuerzas armadas marroquíes, que en los años anteriores se han beneficiado de una mejora sustancial en lo que a medios materiales se refiere. Marruecos se rearma en tanto España piensa jubilar los F-18 del Ala 46, de la base de Gando, que están de guardia las 24 horas para repeler cualquier ataque a la soberanía española.

En cuanto a la conexión catarí, viene de antiguo, concretamente desde 2018, cuando, con habilidad, Rabat supo mostrarse equidistante en el conflicto de sus nuevos socios con Arabia Saudí, un deambular sobre el alambre que ha resultado ser todo un éxito, dado que no solo mantiene buenas relaciones con ambos sino que además tampoco parece haberle afectado el referido reconocimiento del Estado de Israel.

“Estos trabajos no se harán en aguas de Canarias”, se compromete Marruecos y así lo entiende el Gobierno de España. Veremos si es así. El Gobierno canario anda con la mosca detrás de la oreja.