la gomera

La vida de un médico rural

En recuerdo del Dr. Alberto Trujillo Fragoso, en el 30 aniversario de su fallecimiento

Por María del Carmen y Ana Rosa Trujillo Méndez

Alberto Trujillo Fragoso, nace en Hermigua (La Gomera), el 10 de diciembre de 1915, siendo el menor de cinco hermanos. Realiza sus primeros estudios, con el maestro Rodrigo Fagundo Fragoso, y trabaja con su padre en las labores del campo. Como el Bachillerato no se podía estudiar en La Gomera, tiene que interrumpir estudios. Trabajó en la carga de piñas de plátanos, donde doblaba las jornadas. A los 15 años, decide por iniciativa propia estudiar el Bachillerato, como alumno libre en el Instituto Nacional de 2ª Enseñanza de La Laguna (Tenerife). Acudía a examinarse, y para ello, tenía que ir de Hermigua hasta San Sebastián subiendo a pie a través del monte. En el ascenso, ayudaba a subir a otra estudiante, sujetándola a su cinturón. Luego 12 horas de barco (falúa) hasta Tenerife.

Termina el Bachillerato a los 21 años. En 1936 le toca, por quinta, cumplir con el servicio militar en plena Guerra Civil, a la que sobrevivió. En el curso 1939-1940 se matriculó en Medicina, su gran vocación, en la Universidad de Santiago de Compostela. Su familia no podía costear los estudios y decide cursar magisterio, al tiempo que algunas asignaturas de Medicina. Se traslada a Cádiz y obtiene el título de Maestro Nacional de 1ª Enseñanza en junio de 1941. Tiene 25 años. Consigue plaza en Rota (Cádiz) y sigue realizando estudios de Medicina, siempre por libre, y con brillantes calificaciones. En Diciembre de 1942, obtiene el título de Practicante en la Facultad de Medicina de Cádiz. En el Curso 1942-1943 regresa a Santiago de Compostela y sigue estudiando Medicina. En 1943-44 se traslada a Madrid, donde con plaza de Maestro Nacional en Barajas (obtenida por Oposición con el nº 1 de España) logra el ansiado Titulo de Medicina y Cirugía en Mayo de 1944, a los 29 años.

En julio de 1944, gracias a su buen expediente, es contratado como médico ayudante en la Clínica Quirúrgica de la Universidad de Tubinga (Alemania); inicia la especialidad de Traumatología, pero la II Guerra Mundial se interpuso y, después de casi un año regresa a Galicia, donde se reencuentra con Elida, su novia. En Madrid realiza las asignaturas del Doctorado. Regresa a La Gomera para ver a su familia, y en su querida “patria chica”, a ruegos de su madre y con la ilusión de mejorar la salud de sus paisanos, decide quedarse como médico, olvidando otras posibilidades, como la de volver a Tubinga a continuar la especialidad de traumatología.

En 1946 comienza a ejercer la medicina en Vallehermoso. Allí vivió según él, los mejores 25 años de su vida. Ejerció también en otros pueblos de la Isla que no contaban con un médico. El enfermo que lo llamó fue siempre atendido. No importaba el día, la hora, ni la distancia, ni si esta debía ser recorrida a pie o cabalgadura. Si alguien no podía pagar, era igualmente atendido. En los 25 años que estuvo en Vallehermoso solo salió de allí en tres ocasiones: una para casarse, en junio de 1947; otra para hacer la oposición de Médico Titular; y la última en 1956, para aprender a realizar análisis clínicos en Santiago de Compostela, donde adquirió un microscopio Hertel & Reuss fabricado en Alemania (el primero que hubo en Vallehermoso) y que hoy sus hijas conservamos con respeto.

Su biblioteca incluía desde textos de anatomía e histología humana, hasta el Pedro Pons de Medicina Interna, en los que estudiaba a diario. Cuando el Ayuntamiento le ofreció una ‘casa pública del médico’ para vivir, lo agradeció, pero nunca lo aceptó. Se hizo cargo siempre de abonar el alquiler de su vivienda.

Amaba la música. Desde los 14 años perteneció a la Banda de Música de Hermigua, como trompeta. Nos mandó a clase de timple en La Sindical, con Pedro Suárez. Nos enseñó amar a las personas y demás seres vivos. Siempre repetía: “hay que portarse bien con todo el mundo”. Así le enseñaron sus padres. A lo largo de 25 años, dio todo lo que pudo por las gentes de ‘El Valle’ y de toda La Gomera. Al despedirse de Vallehermoso, en Marzo de 1970, le hicieron un gran homenaje. Antes, le habían dado su nombre a una carretera nueva, cuya construcción impulsó para comunicar mejor el barrio de El Ingenio.

De Vallehermoso se trasladó a Los Silos. Allí también fue muy querido. Para acercarse a Santa Cruz, logró el traslado a La Orotava. Más tarde, también tuvo destino en Taganana, donde aún se le recuerda con cariño. Desde 1974 y hasta 1984, ejerció su plaza de Medicina General en el Ambulatorio Dr. Romeu de Armas de la capital tinerfeña.

Recibió el homenaje del Hogar Gomero en Tenerife, agradeciéndole sus servicios y su gran humanidad. Se sintió muy orgulloso de su nombramiento como Hijo Adoptivo de Vallehermoso. En 1984, le comunican la Jubilación Obligatoria Forzosa (a partir del día 1º de enero de 1985). El mantenía que “a los médicos jubilados, estando bien de salud, se les debería permitir seguir prestando algún servicio profesional”. Esta circunstancia le entristeció mucho. Al inicio de los años 90, después de algún achaque y una intervención ocular desafortunada, llegó su triste final. Familia, amigos y pacientes le dispensaron una multitudinaria despedida. La muerte ni borra ni invalida una vida tan auténtica, apasionante y abnegada como fue la suya. Años más tarde el nuevo centro de salud de Vallehermoso, fue inaugurado llevando su nombre. Una placa en la fachada da fe de ello. Ahora, sus hijas lo quieren recordar de nuevo como se merece, y también, para que su querida gente sepa que siguen en nuestro corazón.

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