Viernes a la sombra

Quieren una sociedad manipulable

El fenómeno de la desinformación sigue creciendo. Y por consiguiente, preocupando. Se nota en ambientes universitarios, donde también se constata una cierta decepción por no saber o no poder ponerle freno. Recordamos unas palabras del secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, en abril del año pasado, cuando habló del azote de la desinformación, […]

El fenómeno de la desinformación sigue creciendo. Y por consiguiente, preocupando. Se nota en ambientes universitarios, donde también se constata una cierta decepción por no saber o no poder ponerle freno. Recordamos unas palabras del secretario general de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, en abril del año pasado, cuando habló del azote de la desinformación, “un veneno que está poniendo incluso más vidas en riesgo”, en plena crisis sanitaria que ya ven cómo ha recobrado gravedad en distintos países. El político portugués habló entonces de “una peligrosa pandemia de desinformación” y pedía que el mundo se uniera para hacer frente a este mal de nuestro tiempo. No parece que esa unidad haya cristalizado pero lo peor es que no se sabe bien cómo afrontarlo a tenor de los escasos avances que se producen: estudios, sí; encuestas, investigaciones, reflexiones sesudas, políticas de empresas periodísticas o de redes sociales y hasta recetas que no están surtiendo efectos, también. Pero no se aprecian cambios.

Los pesimistas, con evidentes afanes de contagio, creen que el mal no tiene solución. Pero también hay personas y profesionales que no se rinden y siguen haciendo llamamientos o aportando su experiencia con tal de acabar con un hecho a todas luces nocivo. Lo ha dicho recientemente el presidente de la Federación de Asociaciones de Periodistas de España (FAPE), Nemesio Rodríguez, quien barrunta un peligro para los valores democráticos. Rodríguez tiene muy claro que el ataque a tales valores y a la convivencia, con noticias falsas, bulos y mentiras “busca que los ciudadanos no se informen adecuadamente y sean más fácilmente manipulables”. Esta es la síntesis de lo que quieren quienes utilizan este procedimiento. Como lo ponen en práctica con cierta (o notable) impunidad, perseveran.

Por eso, el presidente de los periodistas españoles ha advertido de los daños que la desinformación lleva consigo para quebrar un sistema democrático que solo sobrevivirá o mantendrá sus pilares si existe un compromiso social y político extenso y predispuesto para superar ataques de esta naturaleza. Añade que las campañas orquestadas son muy perniciosas, sobre todo desde el ángulo de su orientación a la imposición de un discurso que, al final, no se corresponde con la realidad. El testimonio más reciente lo tenemos en un libro-guía, Fake News, original de las periodistas, Carla Pina García y Cristina Martín Frutos, editado por Conciencia Editorial. El libro explica cómo se propagan las noticias falsas, qué tipos hay, quién las propaga y con cuál interés, cuál es la intencionalidad y el objetivo a la hora de difundirlas, cómo se puede descubrir que una información es falsa y cómo se puede sortear el bulo o las paparruchas que llegan con apariencia de noticia veraz. “Es una guía que trata de ayudar a los ciudadanos a descubrir la mentira en un momento de sobreabundancia informativa, difundida de forma masiva y global por las redes sociales, que se han ido convirtiendo para una mayoría de los usuarios, sobre todo jóvenes, en una fuente única y diaria de información”, afirmó el presidente de la FAPE en el acto de presentación.

Fíjense si hay que prestar la debida atención a este fenómeno que Nemesio Rodríguez aprecia un gran peligro: “Cuanto más simples, sorprendentes, extravagantes e insólitas son las noticias falsas más se difunden. Y cuanto más apelen a los prejuicios, los odios o los miedos de un determinado sector de la sociedad, más se difunden”. Añadió, con un ejemplo ilustrativo, que, en el caso de la pandemia, miles de bulos y mentiras sobre tratamientos delirantes y advertencias disparatadas sobre los riesgos de las vacunas suscitaron dudas, debilitaron las campañas de vacunación y promovieron la desconfianza hacia la ciencia, las instituciones y los sistemas de salud, poniendo en riesgo la vida de las personas. La conclusión: aspiran a que los ciudadanos no se informen adecuadamente. Es lo peor que puede suceder a la democracia, alejarse de datos veraces y propiciar sujetos activos y pasivos de la desinformación. La sociedad desinformada es fácilmente manipulable. ¿O no?