erupción la palma

Tajuya: entre el horror y la belleza del volcán

El volcán atrae durante el fin de semana a numerosos visitantes que lo observan entre el horror y la admiración
Miles de turistas desembarcan en La Palma para ver el volcán. DA

Por Saro Prieto

La plaza de Tajuya, en el municipio de El Paso y convertida en un mirador privilegiado de la erupción volcánica de Cumbre Vieja, está hoy más concurrida que en otras ocasiones. El volcán atrae durante el fin de semana a numerosos visitantes que lo observan entre el horror y la admiración.

“Es espectacular pero ves esa ladera y sabes lo que hay enterrado y se te rompe el alma” afirma a Efe una mujer, que junto a su familia ha viajado hoy a La Palma desde Tenerife y que refleja el sentir mayoritario de los que se acercan a Tajuya.

El día no acompaña. El volcán no para de lanzar humo negro y una ceniza molesta que cubre todo y que los residentes de la zona no paran de limpiar con unos aspiradores que casi se han agotado en la isla.

Pertrechados adecuadamente con gafas de protección, mascarillas protectoras y gorros para evitar que la ceniza se acumule en la cabeza, los visitantes fotografían una erupción volcánica “que espero que nuestra generación sea la última que vea en Canarias “, afirma otra mujer de unos 45 años.

Ella viene acompañada de sus hijos adolescentes que se llevarán una muestra de ceniza para sus clases de química.

“Es impresionante, destructor y con una grandiosidad tremenda” señala otro visitante, que no le quita el ojo a las coladas de lava que se desplazan ladera abajo hacia la costa.

Los gases que emite hoy el volcán han formado una nube negra que se extiende sobre el valle de Aridane y que hace aún más lúgubre el paisaje que deja esta erupción volcánica que cumple 49 días.

La retransmisión casi en directo de esta erupción ha familiarizado ciertos términos usuales en la vulcanología y que ahora la población los utiliza de forma común como piroclastos, deformación, centros emisores de lava o la alimentación de las coladas.

Hoy en Tajuya, un padre intenta explicarle a su hijo y a otros niños que cada colada para los científicos tiene un número y se van alimentando de la lava que sale del cono volcánico.

Los menores intentan diferenciar una colada de otra pero desde Tajuya es imposible distinguirlas porque lo único que se ve es un gran manto negro que llega a la costa.

Otro visitante habla del “abultamiento” que se forma en el cono del volcán y otro solo se fija en tres casas que han quedado aisladas y semienterradas entre las coladas de lava y que la dirección de los vientos ha permitido que hoy se puedan ver.

“No parece que sea tan grande pero la fuerza que tiene es inmensa para mover todo lo que han movido” señala un hombre, que afirma que después de cumplir la prometido a sus hijos de traerlos a ver el volcán, “no quiero verlo más”.

Una pareja relata que ya había estado en La Palma pero no recuerdan como era antes el Valle de Aridane mientras que asegura que la imagen que ha visto este sábado le será difícil de olvidar.

En Fuencaliente, en el sur de la isla, hoy también se nota la afluencia de visitantes pero hasta allí el volcán también deja rastro en una espesa nube que impide que vecinos de El Charco, desalojados hace días, puedan ir a regar o a recoger enseres en sus casas. 

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