erupción la palma

Un manto de ceniza abriga por completo los municipios de la comarca noroeste

Las partículas del volcán han llegado a los telescopios del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), en el Observatorio del Roque de los Muchachos, a 2.426 metros de altitud
Un manto de ceniza cubre por completo el oeste y noroeste de La Palma EUROPA PRESS

El humo blanco que sale de Cumbre Vieja no es la fumata que, en el Vaticano, anuncia la elección de un papa tras una votación exitosa. Aunque la palabra proviene del italiano, la fumarola es otra cosa: “La emisión de gases o vapores a través de una grieta, una abertura volcánica o de un cráter”. En cuanto a las cenizas, las hay de muchos tipos. En el contexto de la erupción significa algo distinto a lo que desprende el tabaco. Si fuera así, faltarían platillos en La Palma para atender la demanda. En estas circunstancias, son partículas de roca y minerales expulsados de un diámetro inferior a los dos milímetros. Su composición varía de un centro de emanación a otro. En general, predomina el sílice, junto a pequeñas cantidades de óxidos de aluminio, hierro, calcio y sodio. El material piroclástico (tefra) hace referencia al resultado de una explosión sin importar el tamaño.


Al inicio de una jornada en la que se registraría un nuevo temblor sísmico de magnitud 5, un manto de cenizas abrigó el oeste y noroeste de La Palma a causa probablemente de un “proceso intenso de desgasificación”. La nube que de madrugada, coincidiendo con el cambio horario, arrojó el volcán llegó incluso a los telescopios del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC), en el emblemático Observatorio del Roque de los Muchachos, a 2.426 metros de altitud. El viento ya había desplazado la ceniza hasta allí, pero en esta ocasión cubría por completo la superficie de esa zona del norte. Con la primera luz diurna se contemplaba, a través de las imágenes de las cámaras instaladas en el complejo, cómo la ceniza se tendía sobre las cúpulas y el resto de las instalaciones. En los términos de Tijarafe, Puntagorda y Garafía, alteraba el paisaje y transfiguraba viviendas o carreteras. “Se trata de una ceniza muy fina que no había llegado antes hasta aquí de esta manera tan copiosa”, explicaba a Efe el propietario de un bar en Tijarafe, el municipio más próximo al valle de Aridane.

Mucho más al norte, en Garafía, barrios como Cueva de Agua y Santo Domingo, en la costa, amanecieron teñidos de negro.


En Puntagorda, un vecino constataba que la calidad del aire no parecía “del todo” buena: “Se respira un olor extraño, con una densa capa de humo. Es necesario usar mascarilla al menos en estos momentos”. Al respecto, los datos que recoge la web del Cabildo sobre el índice de calidad de aire de las estaciones repartidas por La Palma reportaban que la de Puntagorda medía 53,11 ug/m3 de materia particulada PM-10 a las ocho de la mañana. Está lejos aún de los 20 ug/m3, que este parámetro de partículas en suspensión considera bueno.
La nube de dispersión de la ceniza alcanzó una altitud de unos 4.500 metros sobre el nivel del mar, apuntó el Instituto Geográfico Nacional (IGN).


El Servicio de Información Toxicológica (SIT) el Instituto Nacional de Toxicología y Ciencias Forenses (INTCF) ha publicado una serie de recomendaciones y medidas de protección ante la exposición a las cenizas y gases tóxicos en La Palma. En su calidad de Centro Antitóxico Nacional que actúa como organismo que contribuye a la prevención de las intoxicaciones el SIT informa de que es propio de las erupciones volcánicas activas la emisión de partículas de ceniza y diversos gases tóxicos a la atmósfera, así como metales. Entre los elementos dañinos se encuentran, principalmente, el dióxido de azufre, el dióxido de carbono, el ácido clorhídrico, el mercurio, el bromo y el arsénico. Se aconseja, por consiguiente, evitar la exposición a las cenizas, y la mejor manera es distanciarse del foco. En interiores, en ambientes de ceniza o de lluvia ácida, cerrar puertas y ventanas, y apagar los aparatos de aire acondicionado, ventilación o de calefacción. Para las personas expuestas directamente, protección de la piel y los ojos, utilizar prendas de vestir que cubran la cabeza, los brazos y las piernas, así como guantes. En vez de lentes de contacto, gafas correctoras o protectoras. Ante los síntomas respiratorios, dérmicos u oculares, consultar con el teléfono de asistencia de 24 horas del Servicio de Información Toxicológica del INTCF: 91 562 04 20.


Por lo demás, “las cenizas son abrasivas” y susceptibles de deteriorar el mecanismo de las aeronaves”. El Colegio Oficial de Pilotos de la Aviación Comercial (Copac) recalca que la prioridad de las tripulaciones es eludir riesgos y garantizar la seguridad. “Pueden dañar “gravemente” partes críticas del avión -especialmente, los motores-, bloquear sondas que ofrecen información de parámetros clave para el vuelo o afectar a las antenas de comunicación del aparato. De hecho, las operaciones se han suspendido en varias ocasiones.

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