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Algunos me preguntan cuándo escribo

Algunos desocupados y amables lectores me preguntan cuándo escribo. Si de noche, si de día; y en qué me inspiro. Incluso lo que tardo en construir un artículo. Contestaré a lo último primero: quince minutos. Normalmente escribo de noche, de madrugada, y siempre lo hago en mi casa, que es donde dispongo de la infraestructura necesaria. Los artículos los envío al periódico a altas horas y luego y antes de escribirlos veo películas o series. Jamás los telediarios, subjetivos y amantes de la posverdad. No creo en la información de la televisión y estoy dejando de creer en la de la radio. Los periódicos, los de papel y los digitales, son otra cosa. Porque el recorte queda mucho más y quienes informan ponen más cuidado en su trabajo. Otros lectores me reprochan que haya pronosticado el final de la erupción de La Palma para finales de noviembre y primeros días de diciembre. Vayan despacio, estamos en plazo. Los científicos que opinan que hay volcán para rato saben tanto de eso como yo. Nadie será capaz de hacer un pronóstico exacto de la fecha del cese de la erupción, pero existen parámetros que anuncian que al volcán le queda poca vida, a no ser que ocurran hechos extraordinarios. He dicho mil veces, tras haber observado el fenómeno sobre el terreno, que lo peor vendrá cuando deje de vomitar fuego. Esta será la hora en que todos, incluido el Gobierno de la nación, se olviden de los palmeros. Como se olvidaron de los vecinos de Lorca y de los afectados por incendios como el de Guadalajara. España tiene un Gobierno de escasa consistencia moral: le da igual mentir con tal de salvar sus muebles. Así que no me extraña que a los palmeros los dejen más solos aún cuando todo termine. Sólo ellos podrán reconstruir la isla, no esperen demasiado de mentirosos compulsivos como los que nos gobiernan.

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