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CC tiene un discurso pálido y no es culpa del Sociobarómetro

La última encuesta electoral evidencia la pérdida de influencia de los nacionalistas, que no encuentran su espacio en un mundo de batallas culturales
CC tiene un discurso pálido y no es culpa del Sociobarómetro. | EUROPA PRESS

“Hace más de cinco décadas que Chile ocupa un espacio en el corazón de los demócratas de todo el mundo, sobrecogidos por el sanguinario golpe de Estado del general Pinochet y el angustioso final del presidente Salvador Allende. Por eso, la victoria de Gabriel Boric ha provocado tanta alegría en tantos corazones en todo el mundo”, comentaba hace unos días en La SER la periodista Soledad Gallego Díaz.

Celebrar el resultado de unas elecciones históricas con resonancia internacional tiene un componente simbólico. Y lo sitúa a uno dentro de un relato, de una forma de entender la política. En el caso de la victoria de Boric, triunfa una visión progresista rejuvenecida generacionalmente. Aunque rompió inicialmente con algunos de los viejos partidos del centro-izquierda, ha ido recomponiendo esa relación, con el horizonte de desarrollar fuertes cambios estructurales en la sociedad chilena que no se realizaron en los últimos 30 años. También es una derrota, al menos momentánea, de los sectores pinochetistas de la derecha chilena. Y un freno a la ola reaccionaria que hay en el mundo.

En plena batalla cultural, resulta interesante ver algunas de las reacciones de los partidos canarios ante el tema chileno. Tampoco son demasiadas, pero algo hay: desde la celebración del socialista Héctor Gómez, retuiteado por la cuenta del PSOE de Canarias, al fervor de Nueva Canarias en Lanzarote, la celebración de Román Rodríguez o la satisfacción militante de Noemí Santana y la gente de Sí Podemos Canarias. Silencio del PP. Tampoco encontré nada en la cuenta oficial de Coalición Canaria.

No tengo ninguna duda de que las simpatías de CC por la radicalizada derecha chilena son nulas. Pero sí creo que su ausencia en este tipo de posicionamientos políticos evidencia un vacío ante una época de fuertes encontronazos ideológicos: surgida en 1993, tras la caída del Muro de Berlín, CC fue posible gracias a un contexto histórico que favoreció el cruce de fronteras ideológicas gracias al desvanecimiento del campo comunista, con el llamamiento a reforzar la posición de Canarias en Madrid en un momento de fuerte demanda de un mayor autogobierno.

Treinta años después, la necesidad de defender las singularidades de Canarias sigue presente, con las tensiones inherentes a la relación entre el poder del Estado y las legítimas aspiraciones de las comunidades autónomas. Pero lo que parece evidente es que el contexto postideológico de los 90 se ha difuminado definitivamente. Y que, de alguna forma, hay una confrontación entre un modelo más o menos socialdemócrata -incluso demócrata-cristiano- partidario de reforzar la democracia, reducir la desigualdad, impulsar los cuidados y promover una transición ecológica justa; y otro muy conservador, alérgico a la redistribución de la riqueza, con una visión muy específica de la libertad individual y con peligrosas pulsiones antidemocráticas.

una mirada al mundo

Para moverse en esa situación, hace falta un posicionamiento claro, la capacidad de construir desde Canarias una mirada sobre el territorio. Pero también sobre el mundo donde vivimos, con alianzas, simpatías y rechazos dentro de los grandes debates contemporáneos. Porque la Canarias actual seguirá lejos, geográficamente hablando, del continente al que está unido en lo político, pero los canarios estamos absolutamente conectados, cada vez más, a esa realidad cultural de la modernidad. Y necesitamos más discursos políticos e intelectuales que la interpelen desde aquí. Partidos como el PSOE tienen una tradición política que los abriga y oculta sus propias deficiencias teóricas a nivel canario. Otros, como NC, apelan al legado histórico de la izquierda nacionalista y se sitúan dentro del ámbito progresista europeo. ¿A dónde mira CC?

Tampoco les vale ya la mera gestión de las demandas locales, pues han perdido el poder de distribuir que les daba el Ejecutivo. “Somos un partido de Gobierno”, dicen. Pero sin Gobierno, ¿qué son? Además, les ha salido otro gran competidor en ese resurgir de plataformas insulares, como la que están madurando Casimiro Curbelo y David Cabrera, que sustituyen la ambición ideológica por la búsqueda de influencia autonómica gracias al voto más o menos estable de territorios pequeños con dinámicas políticas poco ventiladas. Y que están vendiendo su proyecto como un empoderamiento de las islas no capitalinas frente al centralismo de Tenerife y Gran Canaria.

Quizá por todo esto -y otras cosas- estén ahí los malos resultados de CC en el último Sociobarómetro, un instrumento importante por mucho que algunos traten de ningunearlo. Más allá del Madrid nos maltrata, CC ofrece una mirada pálida sobre el mundo. Con una generación, la de Clavijo, que no aporta horizontes de transformación política, a pesar de su relativa juventud. No parecen buenos mimbres para un proyecto de futuro.

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