la palma

La desesperación de los afectados por el volcán toma la calle

Más de 1.000 desplazados, según las asociaciones vecinales convocantes, piden eficacia y agilidad a las instituciones en el reparto de las ayudas
Los convocantes cifraron en más de 1.000 personas el número de participantes en la concentración. DA

Algo más de 1.000 afectados, a falta del dato oficial y según las primeras estimaciones de los convocantes, se concentraron en la plaza de España de Los Llanos de Aridane para pedir urgencia en la llegada de las ayudas y la participación en la toma de decisiones. Cuatro asociaciones vecinales de barrios ya desaparecidos como Todoque y otras de exclusión como La Bombilla y Las Manchas, además de los barrios de El Remo y La Laguna, junto a la asociación de empresarios de Puerto Naos, lograron unir distintas sensibilidades en este acto, que, si bien comenzó de forma tímida, con apenas dos centenares de personas, fue recibiendo a hombres, mujeres, niños y ancianos de todo el Valle, la mayoría desplazados y desalojados por la erupción volcánica. “Necesitamos las ayudas ahora, no dentro de tres o seis meses, ahora, estamos viviendo muchos de prestado, en casas de amigos y familiares, y siguen sin llegar las ayudas”, indicó uno de los portavoces, que recordaba a los presentes que “queremos que se pongan a trabajar para darnos soluciones reales, no discursos ni buenas palabras, sino hechos, porque seguimos esperando”.


Las ayudas a las que se refieren son de distinta naturaleza. Destacan en sus peticiones el reparto total de las donaciones solidarias ingresadas en las cuentas abiertas por el Cabildo, que ha repartido 1,5 millones de euros de algo más de ocho millones, y las del Ayuntamiento de Los Llanos de Aridane, entidad a la que piden mayor celeridad en la entrega de un dinero, que, dicen, “se le confío para que llegara a los que nos hemos quedado en la calle, sin casa o desalojados durante ya tres meses, y aún no ha llegado”. Se quejan de la ausencia de asistencia para enseres, de la recepción de apoyo solo a través de vales de Cruz Roja y otras organizaciones no gubernamentales, a lo que suman las exigencias burocráticas para acceder a las mismas: “Tengo que permitir a la Administración que acceda a mi cuenta bancaria y eso no es normal. Además, puedo recibir entre 200 y 400 euros solo si presento un contrato de alquiler, aunque esté viviendo de prestado en casa de una hermana”, relata Isabel, de 51 años y madre de dos hijos de 16 y 20 años. Los afectados se quejan de la falta de ayudas para enseres, de retrasos, de la larga espera pese a la inscripción en el registro único.


Ricardo Camacho, cuya casa quedó bajo la colada del volcán en el barrio de Todoque, explicaba que “he venido porque se está cometiendo una injusticia después de sufrir tanto; ante eso una gestión nefasta en el reparto de las ayudas, que deberían estar ya llegando a los afectados”.


Jennifer Sánchez González, presidenta de la Asociación de Vecinos de Las Manchas, explica que “aquí no debemos estar solo afectados por el volcán, sino vecinos de toda la Isla, porque esta es una situación que afecta al futuro de La Palma”. “Queremos quedarnos en esta Isla y tenemos que recuperar la confianza en tener un futuro, pero no podemos construirlo si no llegan las ayudas con rapidez después de 100 días. Solo queremos que se nos tenga en cuenta”.


Otro representante vecinal explica que “no solo sabemos quejarnos, sino que queremos facilitar las soluciones y formar parte de ellas. Por eso también estamos aquí”.


Madres y padres, abuelos y nietos, familias completas junto a pancartas en las que se pide “transparencia” y “gestión eficaz” para dar solución a situaciones diversas, una gran parte de precariedad tras tres meses en casas de familiares y de amigos, sin planes de futuro, 100 días después de la erupción.


La burocracia, por más que se ha acelerado y pese a la consignación de partidas económicas que suman 112 millones de euros, de los 400 que se destinarán a la reconstrucción de La Palma, no camina al ritmo de las urgencias de 7.000 desplazados, muchos de ellos obligados a abandonar el Valle de Aridane, a la espera de un regreso que aún no tiene fecha.

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