la palma

Solbeida, nombre propio de la tradición de la seda en La Palma

La artesana es una de las referentes de esta modalidad textil en la Isla y forma parte del proyecto puesto en marcha por el Cabildo insular en la Escuela de Artesanía de Mazo
Solbeida ha pasado su vida entre la seda y los telares. Desde hace 41 años es artesana en mayúsculas.
Solbeida ha pasado su vida entre la seda y los telares. Desde hace 41 años es artesana en mayúsculas.

Solbeida Marante de Paz ama la seda, la seda hecha en La Palma, la hecha por sus manos y por los que, como ella, llevan toda una vida dedicados a una tradición ancestral en la que los pasos como devanar, emparejar, teñir, torcer y tapar, entre otros, confieren un valor impagable a cada prenda elaborada con la valiosa materia prima extraída de la naturaleza. Quizás por eso, a Solbeida le sigue molestando como el primer día “que me digan lo caro que es”.


“Cuando cualquiera que se acerca y mira el trabajo, lo valora y luego pregunta el precio y me dice que es muy caro, me hace sentir una inmensa tristeza, porque en ese momento me vienen a la cabeza las horas, los días que he trabajado con mimo en ella, en los gusanos criados, en cómo hemos quitado cada hebra con todo el mimo para que no se parta, para que sea lo más fina posible. Que me digan que es caro me duele mucho, porque son los mismos que pagan tanto o más dinero por fibras sintéticas hechas de forma industrial y que a lo mejor ni han oído lo que les has explicado sobre un proceso único”. Solbeida prefiere que le digan que no pueden pagarlo, porque “de esa manera yo sé que le están dando valor y que no pueden llevarlo, pero que no le sacan valor a la prenda”. “Cada una de las piezas que elaboramos es única y tiene un proceso y un esfuerzo”, relata.


Solbeida vio trabajar la seda desde niña y con siete años era una pequeña aprendiz de los olores, los ruidos y las manos de sus mayores para tomar el testigo. “En mi casa siempre había gusanos de seda, bichos, mi abuela materna tejía y criaba gusanos y me crié con eso”, explica.


En la actualidad, con 60 años y como una de las referentes de la seda en La Palma, integrada en el proyecto puesto en marcha por el Cabildo insular en la Escuela de Artesanía de Mazo, sabe de reconstrucciones y de inconvenientes, ahora mucho más impresionante por el volcán, pero dispuesta a seguir adelante junto a Antonio, su compañero de viaje en la vida.


Siempre juntos en el hogar, en los telares, en los viajes y en un proyecto de vida, con una hija a la que no atrajo hacia el mundo de la seda porque “las cosas no son fáciles: primero fue la crisis tan grave (la de 2007), luego la pandemia que fue terrible y ahora este volcán”.


Ella tiene las mismas ganas de sus 20 años y es luchadora, pero reconoce que “si no se vende, si no hay mercado y demanda, no se puede salir adelante. Este es un trabajo de muchas horas, de mucha dedicación, de un esfuerzo que no se corresponde con el beneficio económico que tienes. Es un trabajo en el que lo único que no puedes hacer es mirar las agujas del reloj”.


El papel de Solbeida en el mundo de la artesanía palmera va mucho más allá del telar, de su casa y el taller. Ferias, congresos, exposiciones… En ese largo recorrido que inició con 19 años y recién estrenado su carnet de artesana, otorgado por la entonces Consejería de Industria, ha mostrado el trabajo con sus manos bajo la atenta mirada de cientos de personas que han querido conocer un laborioso proceso para que el que teme que no haya relevo generacional. Desde 2014, el Gobierno de Canarias incorporó al catálogo del Patrimonio Histórico de Canarias la artesanía de la seda como Bien de Interés Cultural, con categoría de ámbito local.

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