erupción en la palma

Termina “la insoportable letanía de la destrucción”

Cautela en el fin de la catástrofe más grave en la historia reciente de España “por su dimensión, duración e impacto”

Cuando por fin se ha dado por terminada la erupción volcánica, las palabras que definen mejor el momento es “alivio emocional”, una sensación que se combina con la “esperanza”. Las palabras fueron elegidas por el portavoz del Gobierno de Canarias, Julio Pérez, en una comparecencia que terminó entre aplausos para despedir el fin de un período de tres meses de angustia y destrucción, en la catástrofe más importante en la historia reciente de España “por su dimensión, duración e impacto destructivo”.

El Plan de Emergencias Volcánicas de Canarias (Pevolca) y sus responsables directos, el consejero regional de Seguridad y Emergencias, Julio Pérez, y el hombre al frente de dirección técnica de la protección civil en la catástrofe, Miguel Ángel Morcuende, ratificaron este hecho con una emoción contenida en un discurso en el que el también consejero de Seguridad y Emergencias del Gobierno de Canarias, no pudo evitar hablar del fin de “esta insoportable letanía de destrucción”. El volcán sin nombre, que domina para siempre la geografía del Valle de Aridane, ha cambiado la vida de la Isla, que no solo ha sufrido una trascendente mutación física, sino que continúa ahora con otra expectativa, en un paisaje distinto y con una población que necesita una restauración vital para, al menos, 7.000 personas. La situación actual de La Palma con respecto a hace tres meses ha cambiado de forma sustantiva, con 3.000 edificaciones arrasadas, más de tres centenares de hectáreas de cultivo desaparecidas en uno de las comarcas más productivas, y con una población sacudida aún por el impacto de la destrucción. La conmoción y el estupor que ha provocado el volcán se ha traducido en un choque emocional colectivo, y con un temor a ratos evidente por parte de las administraciones, ante el riesgo de desvertebración de la estructura demográfica del Valle de Aridane. Cabeza de Vaca, Alcalá, El Paraíso, El Pampillo, Los Campitos, Todoque, Las Norias y una parte de La Laguna. El balance de daños, en dolor, es incalculable.

Pese a todo, la emergencia continúa en semáforo rojo, una decisión práctica, pero con un gran simbolismo: mantener la alerta por los riesgos ciertos en la zona de exclusión en el inconsciente colectivo de una población que está ansiosa por volver. Unas 5.500 personas desplazadas de El Remo, Puerto Naos, La Bombilla, Las Manchas y Jedey, entre otros núcleos del Valle de Aridane, tendrán posibilidades del regreso a sus hogares solo a partir del 15 de enero, una fecha negociada por los responsables técnicos y políticos al frente de la emergencia, que podría pasar a semáforo naranja, quedando en manos del Cabildo, a finales de ese mismo mes.

Viviendas definitivas para los desplazados, recuperación de infraestructuras, limpieza de toneladas de ceniza que se alza en varios metros sobre miles de hogares, y la concreción de la planificación territorial, así como el uso final de la superficie ocupada por las coladas, que tiene una media de 12 metros de altura, pero que llega a los 70 metros en zonas de su recorrido desde Cabeza de Vaca hasta el litoral. Ese es ahora el reto.
En las comparecencias de este fin oficial de la erupción, que cambió la vida de la isla desde el domingo 19 de septiembre a las 15:12 horas, tanto Julio Pérez como Miguel Ángel Morcuende, además de María José Blanco y Carmen López, directoras regional y nacional del IGN, persistía un mismo mensaje: precaución porque la erupción ha terminado, pero no la emergencia. El tono uniforme de las comparecencias que se ha mantenido en los momentos de mayor preocupación, persistió también en esta escenificación de un final en el que no acaban los agradecimientos a la comunidad científica, a los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado, a la coordinación entre administraciones, a miles de voluntarios, y a organizaciones no gubernamentales en un largo etcétera. Pero el balance final terminará con el fin de la emergencia, para el que no existe una fecha cierta. La inestabilidad de la superficie magmática, la presencia de gases tóxicos en las zonas de exclusión, la probabilidad de desprendimientos. Todo ello forma parte de un breve, pero categórico, listado de riesgos, que el Pevolca teme que pueda provocar daños personales. La erupción volcánica ha terminado sin víctimas mortales, una afirmación del portavoz del Gobierno en su comparecencia, en la que precisó que el juzgado que instruye el caso, estudia las causa de la muerte del hombre de 72 años cuyo cuerpo fue encontrado en su vivienda de Las Manchas, en el día 56 de la emergencia.

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