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Armando Hernández Quintero: “Quise contar una historia coral sobre la tragedia de la emigración del pueblo herreño”

El poeta, ensayista e historiador publica la novela 'Con la isla a cuestas'
Armando Hernández Quintero. / DA

Cada vez son más los que consideran que Con la isla a cuestas es la novela de la emigración canaria a América, y un relato magistral -al tiempo que necesario- sobre el devenir de un pueblo que ha estado atravesado por la emigración de sus habitantes. Una obra que narra la historia de una familia a lo largo de varias generaciones, que se vieron abocadas a partir de su pequeña isla, huyendo de la miseria y la marginalidad. Probablemente, muchos de los episodios que se cuentan podrían formar parte de la historia de la mayor parte de las familias canarias. Su autor es el poeta, ensayista, historiador y recopilador herreño Armando Hernández Quintero, que emigró con solo 17 años desde su pueblo, El Pinal (como se denominaba antiguamente al más reciente municipio canario) a Venezuela. Y más de 40 años después, de regreso a su tierra de nacimiento, con la perspectiva de los años transcurridos, nos regala esta radiografía vital de una sociedad, la herreña y la canaria, para la que emigrar no fue una elección, sino una necesidad. Esta es una edición del Centro de la Cultura Popular Canaria (CCPC), con la colaboración del Cabildo de El Hierro y el Ayuntamiento de El Pinar.

-¿Podría decirse que ‘Con la isla a cuestas’ es la historia de la emigración canaria?

“Diría que es la historia de una parte de la emigración canaria. Además, está focalizada en una época determinada que podría estar comprendida entre la última década del siglo XIX y los años finales del XX”.

-¿La novela es también su biografía?

“Yo procuré estar lo menos posible, aunque sí hay elementos de la historia de mi familia: de mis bisabuelos, abuelos, padre, tíos y otros familiares”.

-¿Cómo resumiría esta obra?

“Como una historia de ficción que tiene como referente muchos hechos reales”.

-En ella se aprecia que más que la historia de un personaje, en este caso Adriano, se narra la historia de una familia.

“Comparto esa apreciación. Quise contar una historia coral sobre la tragedia, porque ha sido una tragedia, de la emigración del pueblo herreño y por extensión del canario. Y eso es algo que va más allá de lo que pudiera pasarle a un personaje. Sabemos que la emigración, sobre todo a Cuba y Venezuela, ha sido una constante por lo menos desde el siglo XVII en adelante”.

Portada de la novela ‘Con la isla a cuestas’. / DA

-A ojos del lector podría parecer que algunos hechos han sido narrados con exageración, lo cual le quitaría realismo a la novela. ¿Cuál fue la intención?

“Ninguno de los hechos narrados, a pesar de lo hiperbólicos que pudieran parecer, supera a la cruda realidad que le sirve de referente. Los episodios de la viruela, la plaga de langostas, la sequía, la Guerra Civil, el viaje en el velero o el campo de concentración de Guasina superaron en crueldad y horror a los que padecieron los personajes de la novela. Me atrevo a decir que en esos casos la realidad superó a la ficción”.

-¿No le parece que la presencia de un narrador omnisciente le hubiera dado más credibilidad a los personajes y por supuesto a las historias que se cuentan?

“Depende de cómo se vea. Para mí lo importante es que sea comprensible y si es verosímil, mucho mejor. También me interesaba mostrar el punto de vista de los personajes. Cómo veían su propia historia y la de los demás compañeros de viaje, por decirlo de alguna manera”.

-Usted ha sido conocido por escribir poesía, ¿qué lo motivó para escribir una novela?

“Probablemente haya sido la necesidad de tratar de explicar con más detalle la temática de la emigración. Para mí no ha habido una ruptura, lo veo como la continuidad de una temática que estaba presente ya en mi poesía, solo que ha cambiado el modo de expresar esas ideas”.

-Una vez que ha sido publicada, ¿qué desea o espera?

“Lo único que deseo es que a los lectores les guste, que la disfruten y lo pasen bien”.

-¿Qué sensaciones recuerda de su partida a Venezuela con solo 17 años? ¿Cuáles son los sentimientos del emigrante al alejarse de su tierra y cuáles al llegar a una desconocida?

“Aparte de la tristeza de dejar el lar materno, donde uno se crio, sentía también una alegría que se alimentaba con la esperanza de partir para una tierra donde se podrían hacer reales muchos de los sueños que en El Hierro me estaban negados”.

-¿Cómo recuerda la acogida de Venezuela a los migrantes?

“A mí me trataron muy bien, aunque también es cierto que yo llegué a casa de mi hermana, lo que quiere decir que desde el principio me sentí protegido. Con los venezolanos nunca tuve problemas, aparte de que al comienzo me costó adaptarme al sonido y al léxico, que no entendía, lo cual hacía que muchas veces no me enterara de lo que decían. Recuerdo que le preguntaba a mi cuñado qué querían decir. Muchas veces eran bromas, o mamadera de gallo, como se dice allá, algo muy propio del carácter de los caraqueños”.

-¿Cuáles son en su opinión los pilares vitales del emigrante?

“Yo los denomino la burbuja protectora: la familia y los paisanos. A muchos de los que emigramos les costó salirse de ella, de tal manera que su entorno vital se reducía a la casa, el trabajo y el club canario, los lugares donde se sentían bien”.

-¿Cómo se quiere al país de acogida?

“No hay una sola opinión que pueda responder a esa pregunta. Depende de la situación de cada uno y de cómo le fue. Algunos se integraron en la sociedad venezolana y otros ni siquiera lo intentaron. Así que el cariño tiene mucho que ver con el grado de comprensión de la sociedad venezolana y el de integración en ella. No creo que exista una receta única”.

-¿Qué le hizo volver a El Hierro, su tierra natal?

“Pienso que todo emigrante siempre desea volver al lugar de origen, lo que haga depende de las circunstancias vitales de cada uno. En mi caso se debe a que mis hijos se vinieron, los dos viven en Madrid, y mi esposa y yo nos quedamos solos en Los Teques, la ciudad donde vivíamos y tengo mi casa”.

-No a todos los emigrantes canarios les fue bien…

“Por supuesto que no. A muchos les fue muy mal”.

-¿Nunca llegó a hacerse a la idea de no regresar a Canarias y morir en su tierra de acogida?

“Sí. Uno nunca llega a tener claro qué es lo que le depara el futuro y la tierra canaria siempre es la Ítaca que nos espera y a la cual por muchas aventuras, de todo tipo, que se tengan, nunca se olvida. Y siempre está ahí, en el horizonte o a cuestas, todo el tiempo cargando su geografía y su gente, de tal manera que uno ha vivido en dos paisajes, el sicológico, que son las islas, y el real u objetivo, que era en el que uno se desenvolvía y vivía”.

¿Cómo resumiría la historia de la emigración canaria, las luces y las sombras?

“Yo soy un enemigo de la emigración y pienso que nadie debe verse obligado a abandonar su tierra. Las lágrimas y sufrimientos difícilmente son compensadas. Lo bueno fue que les permitió a muchos salir de la pobreza extrema, el hambre y las privaciones. Las sombras serían el desarraigo, la eterna añoranza y el a veces sentir que no se es de ningún sitio”.

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