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En el Sur de Tenerife, Ucrania y Rusia no tienen fronteras

La comunidad ruso parlante, mayoritariamente instalada en Adeje y Arona, que mantiene un contacto estrecho y muy buenas relaciones, no cree que se produzca una guerra, aunque reconocen: “hay muchos ucranianos que quieren adelantar su viaje a Tenerife”
Un grupo de rusas y ucranianas en Playa de Las Américas / DA

Los más de seis mil rusos parlantes que viven en Tenerife, mayoritariamente en el sur de la Isla -en Adeje y Arona residen las tres cuartas partes de ellos- viven con incertidumbre los acontecimientos que están sucediendo en las fronteras de Rusia y Bielorrusia con Ucrania. Sin embargo, la gran mayoría de ellos, cree que “no llegará la sangre al río”, apuestan porque no habrá conflicto bélico, que Rusia no invadirá Ucrania como hizo en 2014 con la península de Crimea.

Katerina Krasnevskaya, 15 años residiendo en El Palm-Mar (Arona), es buena conocedora de la comunidad ruso-parlante en Adeje y Arona, entre otras razones porque es una especie de “embajadora”, como acompañante para resolver traducciones de documentos que requieren ser legalizados, visitas a notarios, bancos o administraciones. Ella, nacida en Moscú, descarta que Putín decida atacar a Ucrania: “Hay muchos problemas sociales en Rusia y Crimea nos está costando mucho dinero, muchos impuestos, nadie entendería que se invadiera Ucrania”, aunque entiende la postura de su país: “No podemos permitir que Estados Unidos tenga soldados en nuestra frontera, que la OTAN tenga un control fuerte con nuestros vecinos. No entiendo de política, pero lo que están haciendo Estados Unidos y Europa es una presión fea”, comenta.

Reconoce que hay muchos ucranianos que odian a Rusia, pero también hay otra gran parte que le gustaría ser rusos. “En Tenerife, la mayoría de ucranianos son prorrusos, aquí todos hablan rusos y nunca nos decimos tu eres ucraniana y yo soy rusa, aquí estamos todos unidos” y pone el ejemplo de su amiga, Vitalia Levitskaya, de Kharkov, quien reconoce que, pese a la tranquilidad aparente, “ya hay muchos ucranianos con familia y amigos en Tenerife que quieren adelantar el viaje a Tenerife” y seguramente lo harán con Sputnik, a través de Hungría y Grecia, porque sus vuelos directos no los dejan entrar en España.

Svitlana Kramarenko lleva los asuntos de los ucranianos de Canarias desde el consulado de Málaga / DA

En los consulados, tranquilidad

Esa tranquilidad en la misma que se vive en los consulados de Rusia y Ucrania. Gonzalo Parada es el cónsul de Rusia en Canarias desde 2007, con sede en Las Palmas de Gran Canaria pese a que sea en Tenerife donde se encuentra el 80% de los residentes rusos en el archipiélago. “¿Miedo a una guerra? En absoluto, aquí la comunidad rusa está muy tranquila”, confirmando que “no hemos tenido en ningún momento sensación de que pueda pasar algo, al menos nadie nos ha hecho llegar esa preocupación”, señala Parada que apunta que la población rusa en Canarias puede superar las 6.000 personas, aunque oficialmente, a finales de 2020, los residentes censados sean 4.136 (3.556 en Tenerife).

Ucrania, sin embargo, sigue sin tener consulado en Canarias, aunque desde julio se está intentando montar en Adeje. Los trámites de los ucranianos en nuestra comunidad autónoma los lleva la cónsul de Málaga, Svitlana Kramarenko, para quien “nuestros compatriotas en Canarias están tranquilos, no hemos tenido ninguna llamada donde muestren preocupación, ni aquí en Málaga, más allá de estar pendientes más a menudo de nuestra televisión y de las redes sociales”, comenta, para confirmarnos que en Canarias hay censados 1.175 ucranianos, de los cuales 975 están en la isla de Tenerife, también mayoritariamente en Adeje (322) y Arona (213). Recuerda que los ucranianos pueden entrar en España durante tres meses como turistas y que más allá de ese tiempo necesitan un visado y una residencia fija.

Katerina Krasnevskaya, intérprete y relaciones públicas, lleva 15 años residiendo en Tenerife / DA

No tan ricos

“Hay una percepción extendida de que los rusos que residen en Tenerife son ricos, quizás porque muchos apartamentos de un millón de euros han sido comprados por ciudadanos rusos, o porque hay empresarios que avalan con su dinero centro comerciales de lujo. Pero no, no todos los rusos en Tenerife son pudientes, es más, “hay bastante gente sin trabajo y poco dinero de Rusia, la mayoría son jóvenes que trabajan online, en ventas, inmobiliarias, call-center, consultas, es decir freelancers”, nos relata Katerina Krasnevskaya.

“Los residentes pueden tener su pequeño negocio: hacer tartas, ofrecer los servicios de cocineros, organización de eventos, abrir pequeñas cafeterías con la comida rusa, fotógrafos, peluqueros y servicios de la estética y masaje en sus propios pisos, también servicios de excursiones en barcos y catamaranes de nivel lujo y económico, psicología (los rusos prefieren las consultas en ruso), niñeras desde siete euros la hora, profesores de bailes, gimnasia rítmica, entrenadores personales de fitness, yoga o lo que quieres, cocineros o conductores personales que pueden combinar con mantenimiento de la casa, jardín, limpiar la piscina, limpiar los muebles, coches, cristales, que suelen ser normalmente hombres, y también hay muchos taxistas ruso-parlantes en el sur. Solo muy poca gente es abogado, doctor, intérprete jurado o profesor homologado y se cuentan con los dedos de las manos grandes inversores, que los hay, claro”.

Yuri Pickurov, “reconstruir’ la URSS desde la juventud

Yuri Pichkurov, fallecido recientemente, fundó hace diez años, con el afán de contactar con la gente y en especial con aquellos conciudadanos de las antiguas repúblicas soviéticas, el Centro Info Cultural Tenerife Punto Media, a través del cual trataba de unir a todos aquellas personas de “países que hablan ruso” para fomentar la convivencia, creando además un festival que premiaba el talento, la belleza y la solidaridad.
Yuri Pichkurov, que no podía evitar la nostalgia de lo que fue la URSS, afirmaba en una entrevista a DIARIO DE AVISOS que “no queremos la guerra, no queremos hacer diferencia de la religión, la raza y las disputas política; queremos criar a nuestros hijos en el mundo, como lo fue en la Unión Soviética”.


Durante sus 15 años en Tenerife -falleció a la temprana edad de 54 años- estuvo en contacto con rusos, ucranianos, bielorrusos, letones y lituanos que viven en el Sur y “sin ningún problema de nacionalidad”, situando entonces el ejemplo que “el presidente de la asociación soy yo, que soy ruso, y nuestro principal mecenas es ucraniano”, para añadir que “esa es la base de nuestra convivencia pacífica”.


La comunidad de las nacionalidades de la antigua Unión Soviética en Tenerife dispondrá pronto de un gran templo ortodoxo en La Caleta, pero no disponen todavía de ningún colegio de educación rusa, un anhelo de Yuri Pichkurov que no podrá ver en vida: “Hemos tratado de convencer a las autoridades de la necesidad de un colegio ruso, a semejanza del alemán o inglés, pero no hemos recibido respuesta”, como tampoco “nos han contestado a la idea de crear una escuela de talentos” señalaba Pichkurov, fiel defensor de reconstruir, a partir de los más jóvenes, la vieja URSS (CCCP).

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