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Un estudio elaborado en Canarias alerta de la ciberviolencia machista en Whatsapp e Instagram

Las diversas formas de la ciberviolencia machista se canalizan por Whatsapp, Instagram y Twitter y sólo el 5 % de las víctimas las denuncia
ciberviolencia machista
Un estudio elaborado en Canarias alerta de la ciberviolencia machista en Whatsapp e Instagram. Pixabay

Las diversas formas de la ciberviolencia machista se canalizan por Whatsapp, Instagram y Twitter y sólo el 5 % de las víctimas las denuncia, bien por que no saben cómo, bien por creer que si lo hacen se les acabará culpabilizando, según concluye un estudio realizado en Gran Canaria.

Se trata de una investigación subvencionada con 20.000 euros por el Cabildo de esta isla y desarrollada por la ONG “Opciónate”, que ha culminado con una encuesta “online”, cumplimentada por 331 mujeres mayores de edad entre octubre y noviembre de 2021, que ha revelado la necesidad de visibilizar las formas que puede adoptar la violencia machista en internet y las vías para protegerse de ellas, de forma que su denuncia acabe con la detención del autor o autores.

Conocer bien las políticas de las redes sociales donde se tiene presencia para saber cuáles son los supuestos en los que se permite bloquear o denunciar al supuesto agresor, recopilar antes todas las pruebas que existan de los hechos que se pretenden imputar y asesorarse jurídicamente, bien de forma particular, en las oficinas municipales e insulares de atención a las víctimas de violencia machista o en la web del Instituto Nacional de Ciberseguridad, son algunas de las recomendaciones que hacen los profesionales de esta ONG, especializada en género.

A ellas se suma la necesidad de tomar medidas, si fuera posible a través de un mediador, para tratar de parar la situación que afecta a la víctima, quien ha de expresar claramente a su agresor que no quiere seguir recibiendo sus mensajes, ha apuntado la coordinadora de esta investigación, Ana Lidia Fernández, quien ha resaltado que, sin bloquear a esa persona, lo que impediría seguir recopilando pruebas de su actuación, existen vías para derivar sus agresiones a una carpeta sin tener que leerlas, lo que ahorra mucho sufrimiento a quien las recibe.

Fernández ha explicado que no se ha incluido en esta investigación a menores de edad por ser un colectivo que ya ha sido objeto de estudio en otras iniciativas semejantes, si bien no ha descartado que pueda impulsarse alguna iniciativa similar para conocer de primera mano cómo afecta a este segmento de la población la ciberviolencia machista que se ejerce desde internet y las distintas redes sociales o aplicaciones que operan en este ámbito, con las que están muy familiarizados y donde existe una percepción de “impunidad” entre los actores que la usan para agredir de múltiples formas a mujeres.

Concretamente, el informe de la investigación llevada a cabo en Gran Canaria detecta una casuística muy diversa que va más allá del entorno coyungal, es decir, que las participantes han revelado haber sufrido ciberviolencia machista no solo por parte de parejas o exparejas, sino de personas desconocidas y también de compañeros de trabajo, lo que ha supuesto un doble impacto, ya que han tenido que soportar a la vez los perjuicios de un acoso telemático y el miedo de la cercanía física de su agresor, que encima se ha comportado como si nada pasara.

Junto a estos perfiles, Fernández también ha aludido a la existencia de los “troleos machistas organizados por empresas contra mujeres conocidas”.

El 80 % de las 331 participantes en este proyecto, la mayoría empleadas y muchas con estudios superiores, ha admitido percibir que tener presencia en internet entraña un riesgo para ellas, lo que condiciona su comportamiento hasta el punto de llevarles a la autocensura o a dejar de usar una u otra red social por haber sufrido en ella ciberviolencia machista, lo que ha hecho el 20 %, mientras que solo el 1,2 % ha afirmado que no se ha encontrado en este entorno ni este tipo de conductas ni misoginia.

Sin embargo, el 50 % sí ha sufrido al menos una ciberviolencia machista de carácter sexual, el 16 % dice conocerla de primera mano y el 66 % refiere haber sido objeto de ella por parte de su pareja o expareja.

La mitad de las participantes en esta encuesta ha reseñado que estas experiencias han impactado en su salud generándoles ansiedad, sentimiento de culpabilidad, baja autoestima y hasta problemas para conciliar el sueño.

El 55 % de las víctimas de ciberviolencia machista ha terminado por bloquear o dejar de seguir a la persona que la agredía y el 19 % optó por no actuar.

Ante el desconocimiento que existe sobre este fenómeno, esta investigación propone incrementar la educación a todos los niveles, “desde infantil”, sobre las formas que puede adoptar la violencia contra la mujer, ya que muchas víctimas “sienten sus efectos pero no identifican lo que les está ocurriendo”.

De la misma manera, insta a mejorar las políticas de las empresas del sector de las tecnologías de la información y la comunicación para que no permitan que se viertan en ellas contenidos que puedan vulnerar la legalidad, un ámbito este, el legal, que Fernández ha estimado que hay que actualizar a nivel nacional porque “aún no reconoce todo los tipos de delitos encuadrados en las ciberviolencias machistas”.

La consejera de Igualdad del Cabildo de Gran Canaria, Sara Ramírez, ha destacado que diagnósticos y “fotografías” como esta permiten a la corporación seguir especializándose en su atención y ayuda a las víctimas de violencias como la sexual, la de género, la que sufren las mujeres con adicciones o la digital, para continuar promoviendo propuestas y sensibilizando a la población de esta realidad.

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