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No era un minero peruano y sí una momia guanche

La investigadora Dolores Delgado establece que el cuerpo momificado y depositado, desde el siglo XIX, en el Museo Montané de La Habana procede de un varón de entre 30 y 35 años encontrado en el barranco de Ajabo, en Guía de Isora
Dolores Delgado, en el Museo de la Naturaleza y Arqueología de Santa Cruz
Dolores Delgado, en el Museo de la Naturaleza y Arqueología de Santa Cruz, donde se encuentran algunas momias guanches. Sergio Méndez

“Ha sido todo un hallazgo”, comenta Dolores Delgado Miranda, investigadora del Instituto de Estudios Científicos en Momias (IECIM), en concreto del departamento de Arqueología y Bioantropología Canaria, cuando se refiere a la constatación, pendiente aún de datar, de que el cuerpo momificado de un varón depositado en el Museo Montané de La Habana, desde hace más de un siglo y medio, donde se había catalogado como restos de un minero peruano precolombino, es en realidad una momia guanche que llegó a Cuba en el siglo XIX a instancias del médico grancanario Miguel Gordillo, al igual que otros muchos restos de aborígenes precolombinos canarios.

Según Delgado, la procedencia del varón ha sido certificada por pruebas de ADN mitocondrial, que además reflejan que el hombre falleció entre los 30 y 35 años de edad y su procedencia, según los estudios del catedrático de Prehistoria de la ULL, Antonio Tejera, es el barranco de Ajabo entre Guía de Isora y Adeje.

Precisamente, un grupo de expertos del IECIM asistió al Congreso Internacional sobre Momias organizado en Lima y se percató de que en una de las ponencias se proyectaron diapositivas de un cuerpo momificado de un varón peruano depositado en La Habana que presentaba la misma fisionomía que las momias guanches. A partir de ahí, Dolores Delgado comenzó a estudiar junto a otros miembros del centro la momia del supuesto minero peruano, que se encuentra expuesta en el Museo Antropológico Luis Montané de la Facultad de Biología de la Universidad de La Habana. Ello llevó a firmar un convenio entre el IECIM y el Consejo Nacional de Patrimonio Cubano para facilitar la investigación “y empezamos a ir hacia atrás en el tiempo para averiguar cómo había llegado allí”. Desde entonces, el IECIM colabora económicamente con el museo cubano para “mantener la momia en las mejores condiciones posibles, dado los escasos recursos con los que cuentan en Cuba”, aunque se descarta el traslado de la momia hasta su lugar de origen, Tenerife, porque, según relata la investigadora, “cómo le vamos a pedir la repatriación, cuando en nuestro propio país no nos dejan traer la momia que está en Madrid”, recalca.

Dolores Delgado lamentó que sigan existiendo decenas “y hasta centenares” de momias guanches fuera de las Islas, en colecciones privadas o museos y universidades de San Petersburgo, París, Cambridge, Montreal, Alemania o California “aunque hace 20 años logramos repatriar dos de la Colección Casilda de Buenos Aires”.

Las momias peruanas

Los restos momificados tenían unas características similares a las de los cuerpos de los antiguos habitantes de Tenerife, como la colocación en decúbito supino, las manos extendidas a lo largo del cuerpo y paralelas a él, los dedos de los pies unidos con señales de presión de algún tipo de ligamento, la cabeza inclinada ligeramente sobre el hombro derecho, las clavículas hundidas por el efecto de la gravedad en momentos posteriores a la muerte.

La momia había sufrido el paso por diversas instituciones en la época convulsa que vivió la isla caribeña a finales del siglo XIX y en el siglo XX, y en uno de esos cambios se la etiquetó como restos de un minero peruano.

Sin embargo, la mayoría de las momias precolombinas del antiguo Perú fueron enterradas con otras características, en posición de cuclillas o sesntadas en fardos funerarios, y ésta tenía una posición atípica para los rituales mortuorios andinos, que se atribuyó a que este hombre de tiempos precolombinos había sufrido un accidente en una mina, lo que impidió un enterramiento “tradicional”.

Médico grancanario

Este discurso se mantuvo hasta que en 2015 se planteó “una duda razonable” sobre el origen de la momia. Mientras, Dolores Delgado averiguó que, tras el fallecimiento de su progenitor, el hijo del médico canario establecido en Cuba Miguel Gordillo había donado al Museo Antropológico de la Academia de Ciencias Médicas de La Habana la momia guanche que había sido propiedad de su padre, según demuestra un documento fechado el 6 de junio de 1899.

Para llegar a este dato hubo que rastrear las actas y registros de diversos centros museísticos de Cuba hasta encontrar un estudio de Luis Montané y Dardé (1849-1936), quien, con motivo de su ingreso en la Sociedad Antropológica de Cuba, presentó un trabajo titulado El cráneo en el concepto antropológico: un cráneo guanche. “Pero… ¿qué material guanche había estudiado Montané?, ¿cómo había llegado a sus manos de investigador?, ¿cuál era su procedencia? Estas eran las incógnitas que debíamos resolver”, apunta la investigadora Dolores Delgado, ansiosa ahora por conocer en breve la datación de la momia guanche y no de un peruano.

Cuatro onzas de oro

Se buscaba la dirección de salida de ese material en Canarias y para ello fue fundamental el estudio del catedrático de Prehistoria de la ULL Antonio Tejera, quien, al recopilar apuntes del historiador José Antonio Álvarez Rixo descubrió el relato de cómo en el barranco de Ajabo de Guía de Isora a finales de 1876 o 1877 un labriego encontró una momia muy bien conservada y la vendió por cuatro onzas de oro.

Según continúa el relato, esta momia fue llevada a La Habana en la fragata Trinidad, que zarpó de Canarias en enero de 1878, “para ser colocada en un gabinete de historia natural”. Fue instalada, como era costumbre entre los estudiosos de antropología de la época, en el domicilio del médico Miguel Gordillo en La Habana, donde también poseía cráneos guanches que fueron enviados a la Sociedad Antropológica de Cuba.

Miguel Gordillo nació en Guía (Gran Canaria) en 1824 y, aunque su familia estaba bien situada, tras un período de sequía y hambruna en el Archipiélago no se hallaba en buena posición financiera, por lo que sus padres decidieron enviarlo, con 12 o 14 años, a Cuba bajo el cuidado de su tío Pedro, que era arcipreste en la Catedral de La Habana.

El joven Miguel estudió medicina y ejerció su profesión siempre vinculado a su Canarias natal, pues continuó la relación epistolar y hacía encargos, como los referentes a los restos de aborígenes isleños. Tras hilar el relato de su llegada a Cuba, ahora quedaban por determinar los resultados de las pruebas genéticas, y para ello se realizó un estudio del ADN mitocondrial a partir de una muestra de hueso y una muela de la momia.

El mitogenoma se contrastó con éxito mediante un enfoque único de secuenciación con una cobertura del 99.07%, que determinó que la “momia del minero peruano” no podía ser nativa de Perú al no mostrar ninguno de los haplogrupos de la zona y sí el H1, que es de origen europeo y que está presente en poblaciones guanches.

Las pruebas fueron realizadas en el Laboratorio de Antropología Biológica y Molecular de la Universidad de Masaryk de Brno (República Checa) por especialistas en el trabajo con ADN antiguo y donde también se realiza la datación. Un primer resultado de esta investigación es que la Facultad de Biología de La Habana ha eliminado la catalogación de la momia como “minero peruano” y la ha reemplazado por “momia guanche”, y se continúa con el proyecto para revisar todos los restos momificados existentes en los centros científicos cubanos.

The Cuban Mummy Project es el proyecto internacional y multidisciplinar firmado entre el Instituto de Estudios Científicos en Momias y el Consejo Nacional de Patrimonio de Cuba para estudiar “y contextualizar” todas las momias depositadas en el país, que posee restos andinos y egipcios, precisa Delgado, quien recordó que “desde 2018 no veo esa momia, pero puedo asegurar que sigue estando en buen estado, aunque ya ha sufrido algunos retoques en su color original, por el barniz y una incisión en el abdomen, con un parche muy cuidadosamente puesto”, señaló la investigadora, quien aprovechó la oportunidad para agradecer la gran colaboración del Museo Montané de La Habana para lograr “este gran hallazgo”, pendiente aún de su datación, “siendo un calco de la momia que está en Museo Arqueológico Nacional de Madrid desde 1763” y que, según los últimos estudios, podría tener 850 años de antigüedad.

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