sanidad

Tony, un padre tinerfeño, exige abrir el primer hospital de día en Canarias para tratar la anorexia

El realejero denuncia, a través de su experiencia familiar, cómo el sistema público "no brinda ayuda suficiente" a los pacientes psiquiátricos, que "se ven abocados a recaer"
hospital de día en Canarias

El padre de una paciente con un Trastorno de la Conducta Alimentaria (TCA), Tony Arteaga, ha iniciado una recogida de firmas para que se abra el primer hospital de día en Canarias en el que se ayude a superar enfermedades como la anorexia o la bulimia. Su hija se llama Jenny, tiene 26 años, y está superando una enfermedad “tan dura” como la anorexia: “Hasta hace poco era independiente, vivía sola y trabajaba como azafata”, cuenta su padre. Sin embargo, hace unos años la joven comenzó a sufrir por su imagen, bajando de peso a través de conductas dañinas. Ahora, su padre pide ayuda, pues Jenny lleva semanas esperando por una cita con un psicólogo.

“Lo estamos pasando fatal, no solo mi familia, sino un montón de afectados por este tipo de enfermedades en Canarias”, explica Tony, quien no entiende “cómo a pesar de ser Canarias la séptima comunidad autónoma en número de habitantes, no cuente todavía con una unidad especializada en la atención de los enfermos con TCA”. Este tipo de hospitales de día están presentes en regiones como Madrid, Cataluña y Andalucía, mientras que en otras, como el País Vasco, se han iniciado campañas para crearlos.

Mientras tanto, familias como la de Tony se preguntan “por qué cuando tienes una enfermedad del corazón te derivan a un hospital de la Península si aquí no hay recursos necesarios, pero cuando hablamos de salud mental enviamos a los pacientes a su casa sin haber terminado su recuperación”.

Su hija fue hospitalizada porque cumplía con varios parámetros establecidos en el protocolo de ingreso, como una bajada drástica de peso o tener obsesión por el peso. Una vez ingresada, trataron de que fuera subiendo de peso y adquiriendo unos hábitos de alimentación saludables.

A pesar de los intentos de los profesionales por mejorar la salud de su hija, su padre cuenta que la joven salió del hospital pesando menos que cuando entró y que “el período de ingreso fue tan corto que apenas le dio tiempo a asimilar la información que se le daba”. Por ello, el realejero denuncia ahora la necesidad de que haya un hospital de día en Canarias donde su hija y otros pacientes puedan terminar por completo su recuperación.

Y es que, en los Trastornos de la Conducta Alimentaria, el sufrimiento de los pacientes no es solo lo que puede verse, sino que lleva muchas veces aparejado un malestar interno que se manifiesta en forma de depresión o ansiedad: “Yo no deseo a nadie que pase por una situación así, ver a un familiar pasarlo tan mal, con ataques de ansiedad, y no saber qué hacer”, cuenta Tony.

Este padre achaca a la “falta de recursos” el hecho de que muchos jóvenes con TCA recaigan en sus enfermedades una vez se les da el alta hospitalaria, precisamente por esa ausencia de un hospital de día en Canarias: “No fracasa ni el paciente ni el profesional, porque sé que ambos dan lo mejor que tienen, sino el sistema”.

Para Tony, la mejor ayuda que estos pacientes podrían tener sería una unidad específica en la que “los chicos vayan a almorzar, coman juntos, refuercen los buenos hábitos alimentarios y reciban una terapia continuada en el tiempo, hasta que terminen por asimilar esos nuevos comportamientos y se vuelvan rutina”.

Elisa Lorenzo, psicóloga: “Es fundamental crear un hospital de día en Canarias donde se acompañe al paciente en su recuperación”

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Elisa Lorenzo, psicóloga general sanitaria: “Es fundamental crear un hospital de día en Canarias donde se acompañe al paciente en su recuperación”. SERGIO MÉNDEZ

Elisa Lorenzo, psicóloga general sanitaria en Gabinete Dánae, afirma que contar con un hospital de día en Canarias donde se tratan enfermedades como los TCA sería “fundamental”, ya que en estas unidades especializadas “se brinda un acompañamiento o supervisión al paciente, que no un control”. Así, explica que el papel de los profesionales en estas unidades no pueden suplirlo las familias, ya que “psiquiatras, psicólogos y nutricionistas tienen las estrategias adecuadas para guiar al paciente en su recuperación”.

Asimismo, Lorenzo explica que es “muy complicado” para las familias cumplir esa función de supervisión, ya que al igual que los progenitores conocen a sus hijos, los hijos saben cómo ocultar a sus padres lo que les está pasando: “En los TCA se suelen adquirir estrategias para ocultar lo que está ocurriendo, por eso a veces tardamos en detectarlo”. Por ello, Lorenzo aclara que los padres no deben sentirse culpables si sienten que no llegan a todo o que no detectaron pronto el problema.

Detectar que un ser querido sufre un TCA no es fácil, ya que aunque hay indicadores como “el hecho de que una persona deje de comer en público, aislamiento, que haya cambios bruscos en el peso o no querer comprar ropa u ocultarse en prendas anchas o tapadas”, Lorenzo recuerda que “lo que ocurre a nivel emocional es muy importante y es algo que no siempre se ve”. De hecho, “normalmente ni siquiera el propio paciente sabe cuándo ha empezado su TCA con exactitud… No es algo que se inicie de un día para otro, es un proceso”.

A la hora de prevenir este tipo de enfermedades, la psicóloga recomienda prestar atención a las conductas que se fomentan en casa, “ya que los progenitores son un ejemplo a seguir para sus hijos”. Por ello, es importante que no se promuevan las dietas restrictivas y que tampoco se utilice la comida como premio o castigo: “No es bueno que utilicemos la comida como estrategia de gestión emocional… Pues ello puede acarrear consecuencias perjudiciales en el futuro… como los TCA”.

Sobre el papel de los medios de comunicación y las redes sociales respecto a los TCA, Lorenzo considera que “todas las plataformas que fomentan cánones de belleza inalcanzables” pueden tener un efecto nocivo, sobre todo en los más jóvenes, “que no saben identificar qué es real o qué no, dónde hay retoques o poses imposibles”. Todo esto, al final, lleva al usuario a realizar “comparaciones” y a “terminar sufriendo si no se logra llegar a estar como en esa imagen idealizada”.

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