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La eliminación de la mascarilla en el transporte sigue en las manos de los expertos

La ministra Carolina Darias insiste en que su retirada avanza “desde la gradualidad”, como la mejor “respuesta” ante la COVID
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La ministra de Sanidad, Carolina Darias, afirmó ayer, en relación a una posible eliminación de las mascarillas en el transporte, que se avanza “desde la gradualidad y la proporcionalidad”, y siempre “de la mano de los expertos”, como la “mejor respuesta” para luchar contra la pandemia “en cada momento” de la misma.

Darias analizó en Bilbao la situación pandémica generada por la COVID y fue cuestionada por el hecho de que ya no sea obligatorio en Francia usar mascarilla para desplazarse en el transporte público, y la posibilidad de que se retire también su uso en el Estado próximamente.

En este sentido, la ministra de Sanidad recordó que el Consejo de Ministros acordó el pasado 19 de abril el real decreto que mantiene la obligatoriedad de uso del cubrebocas en determinados supuestos, mientras que “en otros ámbitos se recomienda un uso responsable”.

Por tanto, “como siempre, desde la gradualidad y la proporcionalidad seguimos avanzando, y sobre todo, de la mano de los expertos, que son los que nos van asesorando en cada momento de cuál es la mejor respuesta estratégica en función de la situación de cada momento”, detalló la ministra de Sanidad.

Obesidad, diabetes y presión arterial alta aumentan mortalidad

Las personas mayores y los hombres tienen un riesgo particularmente alto de desarrollar COVID-19 grave y fallecer a causa de él, tal y como muestran las estadísticas. Investigadores alemanes han analizado cuáles son los factores de riesgo preexistentes que incrementan la posibilidad de fallecer tras el SARS-CoV-2 en personas más jóvenes, de entre 18 y 55 años.

Precisamente, en esta franja de edad aún no se ha estudiado adecuadamente. La obesidad y los niveles elevados de glucosa en sangre se consideran factores de riesgo para desencadenar enfermedades coronarias, como accidentes cardiovasculares o cardiopatía isquémica en jóvenes. Así, quisieron observar si también lo era en el caso de la COVID-19 en pacientes jóvenes.

Para averiguar si la obesidad, la diabetes y la presión arterial elevada influyen en la gravedad de la COVID-19 y aumentan la mortalidad asociada, investigadores del Centro Alemán de Investigación de la Diabetes (DZD), el Instituto de Investigación de la Diabetes y Enfermedades Metabólicas (IDM) del Centro Helmholtz de la Universidad de Tübingen en Múnich y del Centro Alemán para la Investigación de Infecciones (DZIF), entre otras instituciones analizaron las muestras en un estudio reciente basado en datos de la Encuesta abierta europea Lean para pacientes infectados por SARS-CoV-2 (LEOSS).

“Los resultados mostraron que la obesidad, el metabolismo alterado de la glucosa en sangre y la presión arterial alta tienen un efecto aditivo en la mortalidad relacionada con la COVID-19, especialmente en pacientes jóvenes y de mediana edad con COVID-19”, señaló el profesor y autor principal, Norbert Stefan.

Riesgo alto

Además, se encontró que los pacientes de este grupo de edad con las tres condiciones preexistentes tenían un riesgo de fallecimiento similar al de las personas mayores (de edades comprendidas entre 56 y 75 años), que eran metabólicamente sanas y no obesas.

“Por lo tanto, es particularmente importante intensificar el seguimiento médico y la terapia de los pacientes más jóvenes que paceden COVID-19 cuando hay obesidad, diabetes o presión arterial elevada”, afirmó el último autor del estudio, el profesor Andreas Birkenfeld, director médico de la Clínica Médica de la Universidad de Tübingen, jefe del IDM y portavoz del DZD.

Sobre la base de su gran experiencia sobre el importante papel de la obesidad y el metabolismo alterado en el desarrollo de enfermedades cardiometabólicas, ambos investigadores alemanes abordaron estos “riesgos y estrategias para mitigarlos” ya de manera temprana en el curso de la infección de coronavirus.

Hallan el vínculo de los diabéticos frente a la infección COVID

El vínculo entre la diabetes y las infecciones de COVID-19 más graves es un hecho asentado, y se llegó a plantear una relación bilateral debido a los efectos inflamatorios de la infección, pacientes no diabéticos han llegado a desarrollarla como efecto secundario. Asimismo, el sistema renal emerge como uno de los más vulnerables al SARS-CoV-2. Para evaluar la casualidad entre la COVID y el resto de enfermedades, Nuria Montserrat, del IBEC de Cataluña, creó minirriñones humanos con biotecnología, demostrando que el coronavirus es capaz de infectar directamente las células de túbulo proximal del riñón, y que la diabetes hace que sean propensas a la infección.

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