el charco hondo

Es como una condena

Quién no tiene un familiar, amigo o compañero de trabajo que ha dicho que no saldrá estos carnavales, uf, no lo veo, con este calor, en junio, no tengo disfraz, tampoco ganas, no me veo. Saldrán. Hoy, en el transcurso de la mañana, o de la tarde, cambiarán de opinión, y saldrán. No lo saben, pero lo harán. Creen que no saldrán, pero saldrán. Lo suyo no es falta de ganas, sino de fe. No terminan de creerse que, efectivamente, estamos en carnavales. Pandemia. Confinamiento. Restricciones. Miedo en el cuerpo. Repliegue. Hipocondría. Pérdida de hábito. Aprensión. Desentreno. El novelero ha ganado peso a la velocidad que ha perdido iniciativa. Normal. Eso sí, saldrá. El carnavalero que ha llegado al viernes de cabalgata sin quedar con los colegas, ese que remolonea, el que no ha ido a los chinos, los que no salieron anoche o siguen sin poner hora para salir antes, durante o después de la cabalgata, el rezagado, que no, uf, no lo veo, con este calor, en junio, no tengo disfraz, tampoco ganas, no me veo, ése sigue ahí dentro, y se revolverá cuando esta tarde la banda sonora de su vida le llegue a los tímpanos, tengo el alma en pedazos, ya no aguanto esta pena, tanto tiempo sin verte es como una condena. Esto carnavales también van a salir quienes llevan semanas diciendo que no van a salir, lo saben, lo sabemos, los veremos. Aquellos que no lo tenían suficiente claro, los tranquilos, esos que no terminan de ver qué diferencia hay entre un martes y un viernes, han aprendido con la pandemia y sus fantasmas que las cañas que van delante son las que alumbran o, en su defecto, que no deben dejarse para mañana las risas que puedas echarte hoy, no vaya a ser que unas aceitunas en mal estado que alguien vendió en un mercadillo de Pakistán acaben confinándonos otra vez. Saldrán porque el sistema nervioso les enviará señales al cerebro cuando esta noche la calle vuelva a ser calle. Los rezagados saldrán, los veremos. Quienes no hayan entrenado lo tienen peor, pero se sorprenderán comprobando lo resistentes que siguen siendo. No sé si salir el viernes porque quiero salir el sábado -dicen muchos-. Mal enfocado. Reflexión equivocada, impropia de quienes han pasado por un confinamiento. Se sale, y ya se verá cómo se amanece. Dejar de salir por haber salido es acertar por haber vivido. Dosificar no es el camino. Muchos empezaron anoche, con la sardina, yo no, porque preferí irme al sur, tengo el alma en pedazos, ya no aguanto esta pena, tanto tiempo sin verte es como una condena. A quienes están diciendo que prefieren esperar a febrero, uf, no sé, con este calor, solo recordarles que unas aceitunas en mal estado de un mercadillo de Pakistán pueden volver a jodernos la vida, marejada, marejada.

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