tribuna

Se acaba el tiempo

Se acerca el final de la legislatura y es de suponer que, conociendo los antecedentes, ahora todo se vuelve campaña. Mientras, muchos de los problemas que nos asolan siguen vigentes. Uno especialmente sangrante es el de la vivienda, quizás también de los más sensibles. Los precios vuelven a subir porque el mercado tiende a jugar su papel, y lo hacen por la suma de muchos factores, aunque el más destacado es debido a la escasez de vivienda. Si hay poco o muy poco de un determinado bien, la lógica establece que tenderá a subir de precio. De ahí que sea tan sensible a la intervención de la administración. Limitar los precios del alquiler puede presuponer cierta inseguridad jurídica y eso podría conllevar que habrá menos disponibilidad de vivienda en el mercado, y el problema, lejos de resolverse, se habrá agravado.

No hay viviendas porque no se construye. Y no se construye porque desde las administraciones se ha creado un auténtico el laberinto burocrático. Exigencias cada vez mayores con los más originales argumentos que se traducen en dilaciones que encajan mal con las necesidades de la sociedad. No se puede atesorar terrenos porque la demanda es superior a la oferta y quien puede emprender un proyecto, lo acomete sabiendo que será un éxito. El año pasado no se cubrió la demanda de obra nueva (108.318 visados frente a 112.564 operaciones de compraventa), hay más demandantes de viviendas que oferta.

Era cuestión de tiempo que volviesen los turistas, el trabajo se recuperase y los estudiantes volvieran a su rutina. No solo la gente joven se enfrena a esta dificultad, sino también trabajadores de salarios bajos que tendrán complicado acceder a viviendas de precio ajustado si no se solucionan estos cuellos de botella. Si un programa eficaz de vivienda social será complicado que las familias puedan desarrollar sus particulares planes vitales, que comienzan siempre en sus hogares. Los procesos de autorización se estancan durante meses por razones que no siempre son sencillas de entender, lo que debería ser revertido para intentar recuperar algo de un tiempo lastimosamente desaprovechado. Teníamos la esperanza de que la tecnología pudiese venir en nuestro auxilio, pero nos encontramos que esto tampoco parece ser la solución, puesto que ni siquiera el teletrabajo dota de agilidad a lo que trabado.

Existe el territorio en el que actuar, empresas deseosas de poder trabajar volcando sobre los proyectos el conocimiento acumulado y la tecnología disponible para dotar de vivienda a las personas que más precisan de ella. Por tanto, ahora la pelota está, como casi siempre, en el tejado de las administraciones competentes.

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