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Poderes oscuros

Como final feliz de la Cumbre de la OTAN de Madrid, Pedro Sánchez se regaló una entrevista complaciente, con un periodista más complaciente todavía, en su cadena amiga La Sexta, que es un poderoso aparato de agitación y propaganda -desinformación- al servicio de la izquierda, con colaboradores ideológicamente seleccionados y supuestos expertos cuyo sectarismo les hace olvidar sus no muy abundantes conocimientos. En esta entrevista, el presidente del Gobierno demostró una vez más que está encantado de haberse conocido, y, ante las amables preguntas del entrevistador, pudo insistir en su discurso de que la grave situación económica española actual es culpa de Rusia y de la guerra de Ucrania, y de que sus políticas temerarias -y erráticas-, fruto de un Gobierno dividido, que han disparado peligrosamente la deuda pública y la inflación, no están agravando la situación, sino paliando sus efectos. Todo muy en la línea de su condición de encantador de serpientes, que en esta Cumbre ha presentado su candidatura a ocupar un puesto destacado en la propia OTAN o en la Unión Europea si el año que viene las urnas no le son favorables. Europa -y España- tienen Pedro Sánchez para más de un rato. Y no es un personaje que se conforme con estar en la oposición.
Ahora bien, una parte de sus afirmaciones en la entrevista son intolerables en un dirigente político democrático, aunque no encontraron la más mínima contestación en el periodista. Junto a sus afirmaciones habituales de que su Gobierno es “una coalición progresista” y defiende los intereses de lo que denomina -y no define- la “clase media trabajadora”, abstracción que, según él, constituye la inmensa mayoría de la población, y mantra que repitió docenas de veces (su gente ya no habla de proletarios o de obreros, y a los campesinos los eliminó Stalin), Sánchez introdujo una intolerable descalificación global y absoluta del PP y de Vox.
Las democracias occidentales se basan en la alternancia electoral de unas fuerzas políticas que se suceden en el Gobierno y en la oposición, pero que todas ellas son legítimas y defienden intereses legítimos de diferentes sectores sociales y económicos que les confieren su representación. Por el contrario, y en una clave totalitaria y autocrática, Sánchez afirmó que los que no le apoyan son unos “poderes oscuros”, que no se presentan a las elecciones y que están vinculados al PP y a Vox, partidos que, a su juicio, “no son autónomos”. Se trata de una minoría de “ricos y poderosos”, que incluye las empresas energéticas, para los que el Gobierno resulta muy incómodo. Añadió que la moción de censura de 2018 le “cambió el paso” a la derecha económica, política y mediática española, y, en un lenguaje propio de Mortadelo y Filemón, señaló que en esa derecha están “los señores con puros” (Hace muchos años, Felipe González fumaba puros en los Plenos del Congreso de los Diputados. Eran otros tiempos).
Sorprende el lenguaje infantil del presidente y su fijación con los puros que, al parecer, fuman los “ricos y poderosos” poniendo en riesgo su salud. Pero hay que advertirle que, puestos a entrar en el mundo del cómic, el caballero oscuro es el bueno de la historia y la película, y su oponente, Joker, es el villano. Un papel que, tenemos que reconocer, está hecho a su medida.

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