tribuna

Un éxito de la sociedad civil

La reciente celebración del 45º Aniversario de FEPECO ha puesto, negro sobre blanco, el éxito de esta federación. La respuesta masiva del empresariado y agentes sociales a la convocatoria nos da la oportunidad de valorar, una vez más, la importancia de contar con una sociedad civil bien vertebrada. Conseguirlo no es sencillo, debe llegar a ser independiente y ser capaz de mantener la distancia suficiente con el poder político y la valentía de decir las cosas como las siente, incluso cuando se ha de emitir una valoración positiva de las administraciones. Es lo que hace FEPECO y lo que demuestra cuando a sus actos asisten aquellos con los que se relaciona en base a tan sencillas reglas de juego.

FEPECO ha sido una avanzada a su tiempo siendo de las primeras organizaciones empresariales que se crearon en España al amparo de la norma que admitía su constitución. Hoy sigue manteniendo ese gusto por las vanguardias, con un relevo generacional del que sentirse orgullosos.

Cambios tecnológicos que son integrados con naturalidad para conseguir contar con un sector dinámico, preparado y moderno, que garantiza la continuidad y el aporte a la mejora de esta tierra. Siendo importante, no se ha quedado ahí: ávido de talento, no se ha desentendido del femenino en un sector en el que no siempre lo han tenido sencillo. Pero las mujeres han ido incorporándose o creando sus empresas y también a los órganos de gobierno de la Federación, hoy son más de un 30% de la junta directiva sin atender a cuota alguna, solo a sus propios méritos y trayectorias.

Si todo lo anterior es fruto de un trabajo coral, hay méritos que convierten atribuir a quien lidera hoy FEPECO, Óscar Izquierdo. En su discurso, señaló que Canarias solo tiene un problema y es su administración pública. Es complicado refutar esa afirmación porque son infinitos los vericuetos que usa la burocracia para retrasar, cuando no impedir, cualquier inversión productiva. Probablemente los incentivos están mal alineados y la maraña legislativa que hemos permitido construir explique una parte de esa parálisis. Pero el trabajo de nuestros dirigentes pasa por resolver problemas y este es uno de los más acuciantes y ante el que deberíamos reaccionar. Se ha de permitir el desarrollo de proyectos ,que de ponerse en marcha, generarían de inmediato oportunidades laborales y empresariales para muchos, creando un círculo virtuoso de prosperidad y riqueza. Si tenemos proyectos paralizados por importe, digamos, de varios miles de millones de euros, ¿qué le vendría mejor a la sociedad? ¿Qué se pusieran en marcha o una cantidad equivalente en subsidios y subvenciones? Ojo, en el supuesto de que ese dinero para redistribuir fuese posible, ignorando lo que sabemos sobre deuda y déficit. Aún así, parece claro que la primera de las soluciones está más orientada a una generación de valor sostenible en el tiempo y que permitiría un mejor crecimiento personal de sus beneficiarios, nadie podrá negar que será preferible siempre autonomía a dependencia. Es lo que parece pasarse por alto en tiempos que requieren rapidez, coraje y decisión.

Nada de lo anterior es cuestionado por quienes deben tomar las decisiones y lo que necesitamos es agotar todas las vías posibles para que los proyectos avancen. No es un imposible incorporar mayor calidad y claridad a las normas para que los funcionarios puedan trabajar sin temor pero también, de seguir la situación actual, cabría pedir el externalizar muchos de estos procesos que, con garantías legales y avales suficientes, pudiesen dotarnos de las herramientas adecuadas que el mejor progreso de las Islas nos reclama.

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