tribuna

¿Mercado, Estado o el fin de una dicotomía?

Ha dicho Yanis Varoufakis, el exministro griego de Finanzas, con una buena carga de razón aparente, que «el capitalismo no puede ser la solución a sus propios fracasos». ¿Debemos entender como capitalismo, en la acepción que le da Varoufakis, la ley del mercado como norma para la supervivencia de nuestras sociedades del siglo XXI?

Quizá al capitalismo al que se refiera Varoufakis sea al neoliberalismo que tan sincrónicamente plantearon los gobiernos de Ronald Reagan y Margaret Thatcher en la década de los ochenta del siglo anterior, tan sobreestimado tras la caída del muro de Berlín. Se trataba de lo que otros autores calificaron como «fundamentalismo de mercado», lo que aliado al proceso de globalización hizo del mundo un lugar homogeneizado, sin alternativa económica al orden establecido.

El mercado mandaba, el mercado establecía las reglas de juego políticas para todos los regímenes del planeta. Una globalización que, a la postre, ha beneficiado ampliamente al 10 % de los ricos del mundo, ha destrozado el estado de bienestar de la clase media, el 40 % de la población, y ha hundido hasta los abismos al 50 % de los desheredados de siempre. Es a este desajuste al que debe de referirse Varoufakis, a este sistema que resquebraja la igualdad y ahonda la desigualdad.

Sin embargo, la pandemia de coronavirus de principios de año en 2020 ha significado un giro en este discurrir de las economías del mundo y ha exigido por la vía de la necesidad un replanteamiento de todo lo que parecía algo imparable: la aceleración globalista. Ha habido un regreso al Estado como padrinazgo y como conducción de nuestras vidas en común. El Estado benefactor, concepto emitido por la ciencia política y económica tras la gran depresión originada por la Segunda Guerra Mundial, ha reaparecido en versión del gran sistema sanitario que nos está salvando de una crisis vírica de la que no teníamos noticia desde hace muchísimos años, y de esa versión de gran sistema sanitario ha evolucionado hacia la modalidad social. El Estado como padre de la humanidad.

En España y otros países del sur de Europa el neoliberalismo ha dado paso a una sociedad subsidiada. Las cuadernas del sistema previo al año 2020 del Covid han saltado por los aires y todo el mundo acepta hoy que sin el MEDE, o Mecanismo Europeo de Estabilidad para el gasto sanitario, sin el BEI, o Banco Europeo de Inversiones para los créditos ICO a empresas en situación de quiebra, y sin el SURE, Nuevo Instrumento de Apoyo para Mitigar los Riesgos de Desempleo Temporal, no hubiéramos podido enfrentar la situación que un virus mortal creó entre nosotros. MEDE, BEI y SURE, un tridente de prevención financiera con el que la Unión Europea supo atajar lo que se le venía encima a sus estados miembros en situación de emergencia en la que de pronto nos encontramos sanitaria, empresarial y laboralmente. El Estado nos salvó. El Estado estaba ahí a pesar de la hegemonía del Mercado.

Y ahora vivimos en esa resaca de rescate estatal. Estamos dentro de ella aún. Y hay algunos Estados que se han visto fortalecidos y animados a continuar con ese protagonismo de Salvar al Soldado Ryan de su población en general. De seguir comandando el reparto de riqueza, aunque sea en clave de ingresos mínimos vitales o como se quieran llamar, con lo que las reglas de juego del Mercado empiezan a romperse por el lado más desestabilizador. El Estado contra el Mercado. Los salarios mínimos interprofesionales contra la contención de las empresas, el añadido de la irrupción de la crisis energética, y la inflación protagonizando ese reto decisivo para lograr una estabilidad que empieza a situarse muy lejos.

¿Estaremos ante la amenaza detectada por el citado Yanis Varoufakis y el capitalismo ha de dejar paso a otro ideario económico, pues no puede ser parte de la solución si él es el problema?

Como ha dejado dicho otro economista solvente, el francés Éloi Laurent, «la economía se ha convertido en la gramática de la política» y hoy es la economía la que alinea y distingue a las organizaciones que se disputan las mayorías en las urnas.

Aunque sigamos hablando de las viejas categorías de izquierdas y derechas al referirnos a la política, lo que está claro es que hoy el partido se juega más allá de las viejas ideologías y que son las doctrinas económicas las que nos van a permitir salir de la gran crisis creada por la pandemia que no termina de dejarnos en paz.

En esas estamos, la afirmación de Varoufakis es todo un reto a un presente más incierto que nunca.

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