semana de la infancia: pequeÑas voces, grandes historias

Jugar, jugar y jugar

La fórmula de la felicidad familiar

Sin duda, entre los verbos que mejor conjugan los niños y niñas desde que son bebés se encuentra JUGAR. Siempre es el mejor momento para hacerlo… al despertarse, antes de dormir, durante el baño, en un cambio de pañal, cuando lo intentas vestir, en el transcurso de un agradable despertar en la madrugada, o cuando las aguerridas mamás los amamantan, aún a riesgo en estos casos de padecer algún inoportuno percance. Dicen los expertos hoy en día, aunque la experiencia nos lo muestra desde el origen de la especie, que el juego es innato, un recurso de aprendizaje para descubrir el mundo y a aquellos que nos rodean. Ante la amenaza de cierto desapego en los padres por el juego, la pandemia de agotamiento y distracciones vacuas que sufrimos, la falta de lugares seguros y la irrupción de modalidades tecnológicas de juego más sedentarias, la Academia Americana de Pediatría recomendó hace ahora un lustro la prescripción del juego en sus consultas, es decir, que los pediatras incluyeran jugar en sus recetas. Jugar mejora y permite el desarrollo de infinidad de capacidades físicas, cognitivas y emocionales, siendo fundamental en la infancia para conformar tanto la individualidad como la dimensión social. Nos ayuda a crecer holísticamente de manera saludable y feliz.

Bueno para mamás y papás

La capacidad para jugar no nos abandona nunca, pero a medida que crecemos nos mimetizamos con la sociedad y sus convencionalismos, abandonando el juego. Dejamos de hacerlo, aunque nos apetezca más que cualquier otra cosa. Por suerte para nosotros, mamás y papás, se abre una valiosísima puerta por la que regresar por todo lo alto al mundo del juego, sin cortapisas ni complejos.

La crianza nos lo pone en bandeja, convirtiendo a nuestro pequeñajo/a en un genuino, inagotable e implacable personal trainer. En esos casos difícilmente seremos juzgados y penalizados, y en caso de serlo, nos importará un soberano pimiento.De aceptar el reto e implicarte en el juego -algo que requiere de una gran logística y mucho compromiso para arañar el tiempo y reorganizar vida y prioridades- no necesitarás gimnasio para forjar un idilio con las agujetas y el sudor. Sin descanso, tu niña o niño te regalará las sesiones más completas, ejercitando músculos que no sabías que existían, ya sea al usar a tu retoño como pesas, “croqueteando” por el suelo, trepando, peloteando o haciendo malabares para mantenerlo a salvo de sí mismo.

Además, engrasarás tu cerebro con todo tipo de puzles, bloques de encaje y engranajes, pintorreando hasta caer rendido en los soportes más insospechados. Adoptarás, cual actriz secundaria, los roles más diversos a través de cuentos e historias inventadas, y tu memoria mejorará recordando canciones o bien grabando las nuevas letras aprendidas o improvisadas. Los y las peques son profesionales en lo suyo, el juego, y, además, muy completos en el desempeño de su trabajo, pues en la playa o piscina podrás practicar aquagym, mientras que en espacios abiertos te pondrán en bandeja el esprintar, hacer parkour, pedalear o completar circuitos con obstáculos y destrezas de toda índole. No faltarán piedras, castillos en la arena, pegatinas, recortables y sesiones de vestuario. Sin darte cuenta trabajarás el mindfulness al nivel de un monje tibetano, la atención plena del más genuino “aquí y ahora”. Todo a coste cero y con un plus que no encontrarás en un gimnasio: bocanas de tiernas y energizantes sonrisas.

*Periodista y escritor del libro Piensa en Positivo, Vive en Positivo (Luciérnaga, Editorial Planeta)

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