Todo empezó hace unos 15 meses con el propósito de complementar la cesta de la compra con alimentos frescos a las familias usuarias del Banco de Alimentos del Puerto de la Cruz pero lleva un ritmo de crecimiento vertiginoso que ha derivado en un proyecto más amplio con la formación como principal eje conductor.
La idea de la Fundación Canaria José Luis Montesinos de organizar un huerto fue un poco por necesidad, para poder ofrecer a las familias alimentos frescos y por otro, tener un lugar para cosecharlos.
El puntapié inicial se dio en el Puerto de la Cruz. Allí se inauguró oficialmente el primer huerto, el 9 de septiembre del año pasado pero desde antes, casi coincidiendo con el fin de la pandemia, se realizó un trabajo previo consistente en la preparación del terreno, cedido por el Ayuntamiento, y la plantación de los primeros cultivos.
En ese momento empezó Isabel Sosa, la responsable del huerto ubicado en el barrio de La Vera, de los tres que gestiona la Fundación en la actualidad, a los que se suman el de Barroso, en La Orotava, y otro en San Juan de la Rambla.
Aterrizó allí por casualidad. Trabajaba en una empresa de alimentación hasta que de repente pasó a formar parte de esas personas “que tienen una edad, no rendimos como tenemos que hacernos, y nos mandan para casa”, apunta Isa, que es como la conocen en la Fundación.
Inmediatamente después de hacerlo vio en Facebook una publicación de Lalo Martín, presidente de la Fundación, y se preguntó quien era porque de repente le aparecieron más escritos. Una semana después contactó con él para decirle que estaba en paro y no quería estar en su casa y se ofrecióa echarle una mano. “Necesito las dos”, le contestó, y se enganchó con el proyecto, todo lo que conlleva detrás, hasta que ha pasado a formar parte de su vida.
“Soy una de las voluntarias que le pongo alma, corazón y vida porque además me siento muy identificada”, confiesa.
Sus inicios fueron en el almacén pero le recordaba mucho a su antiguo trabajo y se sentía agobiada, así que como tenía conocimientos previos de agronomía, había realizado cursos y trabajado en los terrenos de la familia, ella misma le propuso a Lalo “ir al huerto”, bromea.
Alrededor de ocho voluntarios acuden allí de lunes a viernes desde primera hora hasta el mediodía de pero también hay muchas personas que van a echar una mano “cuando tienen ganas”, no de manera fija, asegura Isa.
Para idear el huerto tuvieron en cuenta las demandas de la gente pero también las frutas, verduras y hortalizas que son más fáciles de cultivar y al mismo tiempo, indispensables para un menú.
En ese sentido, la mayor demanda son los ingredientes de una ensalada, lechuga, tomate, cebolla, y los necesarios para un potaje, puerros, acelgas, zanahorias, bubangos, espinacas y papas. También varían de acuerdo a la temporada y por eso hacen rotación de cultivos, para que la tierra tenga todos los nutrientes necesarios. A ello se añaden las plantas aromáticas como perejil, cilantro, albahaca y diferentes tipos de pimienta y en el caso de las frutas, mandan las papayas y los plátanos.
Los resultados de las primeras cosechas fueron emocionantes. “Te das cuenta que el huerto camina, que la tierra es agradecida. Siempre digo que es una tierra bendita, porque todo lo que plantas, sale”, declara Isa orgullosa.
En total recogen unos 2.500 kilos, tanto de frutas como de verduras, que permiten abastecer a unas 2.000 familias que atiende a la Fundación a través de los servicios sociales, un número que se incrementó de forma considerable durante la pandemia y que cambió totalmente el perfil de los usuarios. La mayoría son residentes en el Puerto de la Cruz aunque puntualmente hay algunos de Los Realejos y La Orotava.
Desde entonces, no son personas sin trabajo sino también que cuentan con un ingreso, un sueldo base, pero que resultan insuficientes para cubrir los gastos de una familia con más integrantes, que tiene que hacer frente a una hipoteca y a un vehículo para poder ir a trabajar. O trabajadores autónomos que tenían un negocio, les fue mal o tuvieron que cerrarlo tras la COVID-19.
Esta situación conllevó a que en 2022 se repartieron 180 toneladas de comida. “Tenemos el almacén y las neveras que tenemos y si ésto no cambia y la gente no tiene el espíritu de querer trabajar y superarse, va a ser insostenible y por eso surgió el proyecto”, cuenta.
Asegurando oportunidades consiste en la creación de huertos para que los colectivos más desfavorecidos y en riesgo de exclusión se formen, personas de más de 50 años que pueden ser muy mayores para algunos trabajos, puedan volver al mercado laboral, y al mismo tiempo, se busca concienciar sobre el cuidado del medio ambiente y el desarrollo sostenible.
De esta manera, el huerto tiene varias vertientes, formar, abastecer y volver a apostar por el sector primario, que durante la pandemia se comprobó que era fundamental.
“La apuesta que hacemos, desde que nos creamos como entidad es dar la herramienta básica, que es la formación, y que le permite a cada personas escoger dónde y como quiere trabajar, vivir con sus ingresos y ser independiente”, subraya el presidente.
Asegurando oportunidades ha ido creciendo sin parar hasta el punto que la Fundación ha proyectado un gran centro de formación o “casa hogar” como la denomina Lalo, que pretende ser una casa-cobijo para ex jóvenes tutelados del Gobierno de Canarias, muchos de los cuales al cumplir los 18 años se ven en la calle u obligados a volver a los núcleos familiares donde los problemas siguen existiendo. “Eso supone una falta de respeto a los ciudadanos que han invertido a través de sus impuestos en apostar por estos jóvenes”, opina el presidente.
El Ayuntamiento de La Orotava les cedió un inmueble en el centro del municipio y la idea es que en 2024 se inicien las obras. Esta propiedad, que se localiza en el número 20 de la calle Tomás Zerolo, se destinará a dar continuidad y completar su proyecto solidario y autosostenible para seguir plantando futuro.
Un nuevo “puente hacia la sociedad” que comenzará en La Orotava
El inmueble cedido en la calle Tomás Zerolo, en La Orotava, para poner en marcha el proyecto solidario de la Fundación se tiene que adaptar para desarrollar sus objetivos pero la idea es que en 2024 se pueda empezar con los programas formativos. “Queremos que esta casa sea un puente hacia la sociedad para que se formen y puedan independizarse en un plazo aproximado de dos años”, asegura Lalo Martín.








