Por Rebeca Palacios / La cantautora canaria Valeria Castro pone de relieve, en una entrevista con EFE, el valor del autocuidado, que ella consigue al “componer y cantar”, porque le permite realizar “un proceso de sanación interna” con el que también transmite “emociones” a través de sus letras. Castro estrenaba anoche su nuevo año musical con un concierto en el Festival Actual de Logroño, dentro de la gira de su álbum Con cariño y con cuidado, en la que ya tiene confirmadas otras 18 actuaciones en España y culminará el próximo mes de julio en República Checa, tras haber actuado en cinco países de Latinoamérica a finales de 2023.
Tras ese “miedo mezclado con ilusión” de los primeros conciertos, por la incertidumbre de la respuesta que obtendría de su público, la intérprete palmera reconoce que ha cogido ya “velocidad de crucero”, lo que le permite disfrutar “con mucha felicidad”. En los conciertos en espacios pequeños, como teatros, “se disfruta tanto” como en grandes escenarios, porque lo importante es “llegar a cada oyente, sean cien o mil”.
RECONECTAR EN LA ISLA DE LA PALMA
La cantante de 24 años ha pasado las fiestas navideñas en La Palma, su isla natal, donde ha conseguido “reconectar tras toda la vorágine que ha supuesto 2023”, cuando publicó su primer LP y logró su primera nominación a los Grammy Latinos, en la categoría de Mejor canción de autor, por La raíz. “Venir de un sitio pequeño, y además una isla, me hizo desde niña ser consciente de los límites y me enseñó a disfrutar de las cosas pequeñas, con su ligereza. Al conseguir cosas más grandes, he sido consciente de mis raíces y lo he podido valorar”, asegura. Sus canciones le han ayudado, en los últimos tiempos, a hablar de su tierra, algo que ha “marcado” mucho su proyecto musical.
La erupción del volcán de Cumbre Vieja, que en 2021 sufrió la Isla y causó daños en múltiples viviendas, incluida la casa de su abuela, “dejó un sentimiento triste, sobre todo al sentir el olvido del resto del mundo, porque aún falta mucho que rehacer”, recalca la artista, quien precisamente dedicó a su abuela y su madre la canción Guerrera, una oda a la sororidad en la que alude a sus “referentes” y reivindica la “necesidad de honrar a la generación precedente, porque es bonito pararse a mirar atrás y ver quién ha hecho camino”.
A pesar del “auge del feminismo”, sostiene que “no se ha ganado la batalla y queda mucho por hacer para equilibrar la balanza”, por lo que, con tantos frentes abiertos en el mundo, “lo más bonito es recordar a los tuyos”. Sus letras también hablan de autocuidado, porque “la autoexigencia” actual ha pasado factura a la salud mental, de modo que recomienda “gestionar la piedad hacia uno mismo”. “Cuando en mis conciertos veo lágrimas, percibo que la música cura heridas y sana algo que no se consigue en el día a día. Busco emocionar y lograr una conexión íntima con mis canciones para curar heridas”, reflexiona.
Aunque compone desde sus inicios, en 2015 comenzó a publicar en Instagram versiones de otros grupos y artistas, como La Oreja de Van Gogh, Jarabe de Palo, Joaquín Sabina, Alejandro Sanz y Luz Casal, entre otros. En 2017, Alejandro Sanz compartió en sus redes sociales la versión que realizó Valeria Castro de su Corazón partío, lo que catapultó la carrera musical de la palmera, que dio como fruto su primer EP, Chiquita (2021).
Después, llegaron otras colaboraciones, como El amor de Andrea, con Vetusta Morla; Hablar de nada, con Viva Suecia, y la reciente Hoxe, mañá e sempre, con Tanxugueiras, lo que le ha permitido disfrutar del “trabajo compartido con bandas”.
El año que acabamos de dejar atrás ha sido para ella “espectacular a nivel laboral y personal, también”, asegura, lo que le ha obligado a aparcar la finalización de sus estudios universitarios de Biotecnología para poder centrarse en su “pasión por la música”. A 2024 le pide “no perder la ilusión sobre el escenario y seguir disfrutando” de su trabajo, con el que consigue “hacer disfrutar” también a su público.




