Klima Collective publica hoy jueves su primer trabajo discográfico, 01, un álbum, en formato físico y digital, con el que la banda tinerfeña intenta “concretar lo intangible” y plasmar en 37 minutos su pasión por la música y el trabajo de años de sincretismo, escucha y aprendizaje.
El 01 que le da título, lejos de ser una apología de lo binario y encasillado, supone una invitación a explorar algo que empieza y ha crecido para ser compartido; una ópera prima variada y cocinada a fuego lento. Se respira apertura como modus operandi, aunando las diversas personalidades e influencias de sus 10 miembros, y además colaborando con artistas de diferente bagaje y cultura.
EXPERIMENTACIÓN
El disco consta de ocho canciones de otros tantos compositores y compositoras, que ponen el foco en la actualidad y la experimentación sonora, de la mano del productor Manolo Rodríguez (m2R Electroacoustic Ensemble, Dr. Bacteria, Machuca Trío…), pero sin dejar atrás las raíces que sostienen cualquier novedad. “Quien recorra sus surcos -se detalla en un texto a propósito de este debut discográfico-, encontrará melodías y ritmos de muchas tonalidades, que también rebosa la fantástica y colorida gráfica del álbum, a cargo de Carlos Arocha. Como si los alisios que airean y riegan las Islas […] las hubieran ido trayendo, las ideas dispares hacen crecer, dan unidad y frescor al disco”.
“Desde que A gentleman driver arranca el motor al ritmo del funk más cinematográfico (Lee Hazelwood, The Budos Band, The Heliocentrics) -puede también leerse en la sinopsis de 01-, en cada curva descubrimos una sonoridad distinta que complementa a la siguiente: un paseo por África (Camello negro) caminando al paso afro de Fela Kuti o los tuaregs más eléctricos (Tinariwen, Mdou Moctar), continuando por arenas y mares aparentemente apacibles (Sand), que oscilan al vaivén del rock más contenido y detallista (Mogwai, Tortoise, Steven Wilson), y ahí una pausa para desfogar con la rumba futurista y aérea (Ciento volando). Y de la fiesta a la calle (La plaza), donde resuenan ecos de Rocío Márquez o Natasha Rogers.
En el tramo final de la grabación, se puede escuchar Fire, con una sensibilidad cercana a Sigur Rós, para luego “tensar la energía con esa mezcla de Hammond y rock duro a la Sex Museum (La cuerda), y concluir entre percusiones del folclore isleño más atávico y el Metheny más moderno (There 01)”.





