Trabajadores, estudiantes, mayores, jóvenes, jefes, turistas, residentes… sufren día a día el problema de movilidad en el sur de Tenerife. Una tónica recurrente en otras comarcas de la Isla, pero que se ha ido agravando y convirtiéndose en una de las principales preocupaciones de los habitantes sureños. Desde San Isidro hasta la altura de Miraverde, a veces incluso pasando la zona de Las Nieves, en ambas direcciones, las enormes y crecientes retenciones generan un gran dilema para los sureños.
Este periódico palpó ayer las sensaciones de algunos de estos “sufridores” del tráfico y no son pocos los que coinciden en que muchos días esto “se convierte en una odisea dentro del coche”. Sobre todo, en las horas puntas: cuando toca entrar en el trabajo, llevar a los niños a la escuela, ir a la universidad, volver de la jornada laboral… Momentos del día en los que los habitantes del Sur se convierten y se sienten como los “sufridores de la Tf-1”, si bien este hartazgo se ha extendido ya a otras vías de la comarca.
Por supuesto, una de las claves de esta situación es el crecimiento de la población en las últimas décadas, especialmente en municipios como Arona y Adeje, aunque también Granadilla y otros. Por ejemplo, y como muestra de esta evolución, los habitantes censados en el municipio adejero pasaron de 14.007 a 47.869 entre los años 2000 y 2019, lo que significa un incremento del 241%, según los datos publicados por el Instituto Canario de Estadística (ISTAC) a partir de los registros del Padrón Municipal de Habitantes.
Este crecimiento se debe, entre otras muchas causas, a la condición de destino turístico clave del sur de la Isla, donde se concentran muchos hoteles, apartamentos y complejos de ocio. La afluencia de turistas incrementa el número de vehículos en las carreteras, tanto de alquiler como guaguas.
No obstante, el grave problema de movilidad también se asienta en el diseño de las carreteras, ya que muchas no están configuradas para soportar el volumen de tráfico actual.
La autopista Tf-1 sufre congestiones frecuentes y recurrentes en horas pico y durante la temporada alta turística. Si bien se han concluido varios proyectos para paliarlo, otros se terminarán en breve, algunos se prevé comenzar a corto o medio plazo y unos aún han de presentarse (como el anillo insular, el soterramiento de la Tf-1 entre Las Américas y Miraverde o la reforma de los accesos al polígono de las Chafiras), estas obras no avanzan con la celeridad necesaria o se despliegan en momentos de alta demanda, lo que ocasiona aún más atascos.
Javier Cabrera es el presidente del Círculo del Empresario del Sur. Durante ocho años, fue secretario y, en 1999, ejerció de coordinador. En este tiempo, su testimonio ha ido ganando fuerza por su experiencia y visión histórica. “Esta realidad la sufrimos todos” y alerta de sus consecuencias: la disconformidad de los empleados, su imposibilidad para rendir de forma óptima en sus puestos y el daño en su carácter y motivación.
“En ocasiones, es una tortura el tráfico. Al ser esto recurrente, genera mala calidad de vida, estado de ansiedad y crispación, lo que desemboca en cambios temperamentales y de ánimo”, detalla. Algo que, según remarca, contrasta con uno de los lemas turísticos de la Isla, que “Tenerife es nobleza y amabilidad, un factor diferenciador nuestro”.
Cabrera también denuncia la intransigencia de las administraciones. “No hay proyectos preparados. Parece que ahora estamos llegando a terminar algunos, pero llevamos muchos años sufriendo”. Y se detiene en un caso: la reforma de los accesos al polígono de Las Chafiras. “Cuando se presentó esta obra, se dijo que acabaría en 30 meses y, en estos momentos, nos encontramos por la mensualidad 66. Arrastramos retrasos y necesitamos ejecutar”, subraya.
“Esto no puede seguir”
Algunos ciudadanos consultados muestran un gran descontento que evidencia la situación. Muchos no disimulan su preocupación, crispación y, sobre todo, un fuerte sentimiento de desamparo. Es el caso de María Gallego, estudiante de Filología Española de Adeje que se levanta todas las mañanas para acudir a La Laguna. Habla de “cansancio” y “asombro”, al comprobar que pasan los años y “nunca he visto un solo movimiento de los gobiernos”.
También Elena Bethencourt, docente en un colegio del Sur, que cree que “las infraestructuras son deficientes e insuficientes”. Otros, como Lieve Vercaemert, empresaria hostelera, resume el problema de forma lacónica, pero lúcida: “Poca carretera, mucha gente”.
La mayoría de los entrevistados culpan a los gobiernos y al modelo turístico. Carlos Javier Velázquez, técnico informático, cree que “al político no le interesa remediar este problema”. Otra persona, que prefiere el anonimato por ser chofer de Titsa, sostiene que “todo es un sinsentido y cada día que me planto en una carretera se autentifica”. Hamid Maalouf apunta al servicio de transporte público, con líneas que no contentan a la ciudadanía, lo que provoca que haya más coches en carretera. “Vivía en La Sabinita. Para ir a mi hotel, en Guía de Isora, tardo dos horas y media. Esto no puede seguir así”, sentencia.





