Esta vez, la salida del laberinto venezolano no tiene vuelta de hoja. El Minotauro afronta la prueba definitiva, bajo todas las miradas, incluso las de antiguas amistades, y no hay tiempo que perder.
El mundo se pone bravo, no solo el país. Cuando no son las vidas (las guerras), son las bolsas, como ahora en Japón o Wall Street. Venezuela está en el ojo del huracán.
El escrutinio electoral, esta vez, se ha convertido en América en un test de credibilidad para las democracias que gobiernan partidos de izquierda, que se la juegan, y sus líderes han empeñado su palabra. Si Lula descree, es para mirárselo, algo se ha roto en la vieja telaraña de izquierda, pues, de lo contrario, daría alas a Bolsonaro, que montó el asalto a la Plaza de los Tres Poderes tras perder las elecciones y planeó un golpe de Estado.
“El que se asustó, que se tome una manzanilla”, replicó Maduro a Lula, con insolencia, cuado el presidente de Brasil dijo, antes de las elecciones del 28 de julio, que le dio miedo escucharle amenazar con un “baño de sangre” si perdía. Hasta aquí te trajo el río, dice un proverbio venezolano.
Si Petro en Colombia y Boric en Chile se conjuran ante el chavismo por fraude es por la misma razón: dejar pasar el madurazo es tirarse piedras sobre su propio tejado, es avivar la llama menguante de Trump y alimentar a lobos disfrazados de la abuela de Caperucita que ya insinúan sus posibles dictaduras. “Si me votan, no tendrán que votar más, mis hermosos cristianos”, prometió con desvergüenza el lobo republicano a una cumbre de creyentes. Este es el fondo de la cuestión.
El lunes negro de las bolsas mundiales indica que no está el horno para bollos. De Asia a América se ha desatado el pánico de agosto, con el temblor de los parqués que barruntan un tsunami financiero, como esos terremotos que amenazan olas gigantescas y la gente huye despavorida. Como lo hicieron de Venezuela millones de trasterrados que soñaban volver a estas horas a su país, ahora sumido en una represión de cárceles bukelianas en Tocorón y Tocuyito.
Si se prueba, como parece, que ganó Edmundo González, Venezuela debe empezar cuanto antes su Transición. Se cae de Maduro. No procede devaluar a María Corina Machado por sus nexos con el Partido Republicano de EE.UU. El mérito no sería de Trump, sino del legado de 25 años de madurismo & chavismo.
Hay un cambio de clima político en América Latina, donde, salvo el nicaragüense Daniel Ortega, el boliviano Evo Morales y el hermano mayor, el castrismo cubano, se está pidiendo a coro transparencia. Este cisne negro de la izquierda es respuesta al boom de la ultraderecha. Venezuela está frente al espejo, sin más salida que hacer públicas las actas y cumplir el veredicto popular.

