tribuna

Los votos de los cayucos

Hace unos 200.000 años el Homo sapiens salió del nido, comenzó a emigrar fuera de África y pobló otras tierras, Europa entre ellas. Así empezó todo en nuestra especie, con la misma lógica que nosotros fuimos a América. Es la historia de la humanidad.


Poner barreras al desplazamiento humano (por temor a los bárbaros) está condenado al fracaso. Lo que procede es combatir a las mafias y evitar las muertes en cayucos mediante una inmigración regular. Nada justifica el odio al africano, cuyo propósito no es otro que regar el mapa de países escorados a la derecha y ultraderecha, bajo un hipotético hundimiento de la izquierda. Es el único objetivo real de este maremágnum político enfurecido.


El Homo sapiens negro actual regresa a Europa como si nosotros volviéramos ahora a emigrar a América. Y se ha convertido en un videojuego político, con héroes y villanos. Feijóo se propone liderar, en una gira con connotaciones raciales, una suerte de hermandad de países europeos unidos por el rechazo a los visitantes indeseados. ¿Qué habríamos pensado de haberse unido los países de América para repudiar a los canarios (y a los paisanos de Feijóo, los gallegos) en su día? En un periódico venezolano de 1949, que Sánchez desempolvó este miércoles en el Congreso, se cuenta una dramática expedición de canarios: “Un velero destartalado ha llegado a la costa con 106 inmigrantes irregulares a bordo. Los sin papeles detenidos, entre los que había 10 mujeres y una niña de cuatro años, se hallaban en condiciones lamentables: famélicos, sucios y con las ropas hechas jirones. La bodega del barco, que solo mide 19 metros de eslora, parecía un vomitorio y despedía un hedor insoportable”. Como cualquier cayuco en la actualidad.


Cada día que pasa, la cerrazón ultraconservadora a la inmigración africana plantea una paradoja ancestral: ¿qué habría ocurrido de no haber emigrado el hombre prehistórico? ¿Tan atrás hemos llegado?


Toda esta inquietud política por la inmigración es un bulo en sí misma, es solo un constructo electoral. El ejemplo lo tenemos en Canarias con los menores africanos. El debate que pidió el PP para abordar la cuestión en el Congreso, este miércoles, dejó de interesarle, urgido por temas más partidistas de última hora, como los presos de ETA y el caso Begoña Gómez. Era como escupir a Canarias en la cara, a sabiendas de la crisis humanitaria que vivimos.


No es la primera vez que Feijóo le da la espalda a las Islas, después de aquel feo de vetar la reforma de la ley de Extranjería en julio y la reciente ruptura de las negociaciones con Canarias y Madrid para el mismo fin. A Feijóo le crece la nariz cada vez que habla de los niños migrantes y de Canarias.


El líder popular adopta la inmigración como un casus belli, no como un problema de acogida. Para esto último que no cuenten con él. Hay un abismo de fondo, que es el lenguaje. Mientras los gobiernos central y canario hablan de cómo garantizar la crianza y educación de los menores africanos no acompañados hasta su mayoría de edad entre todos los españoles, en el PP en Madrid parece que solo están pensando en cómo quitárselos de encima.


Feijóo está haciendo política con la inmigración -está en su derecho- y, tras visitar a Meloni en Italia y a Mitsotakis en Grecia, ha ido a ver a Donald Tusk en Polonia para orquestar una “alianza europea contra la inmigración irregular” (creo que Tusk prefería hablar de la guerra en Ucrania), como el último hombre neandertal repeliendo a los sapiens. Sin sarcasmos, resulta una campaña, a todas luces, forzada.


Solo conseguirá labrarse un flaco prestigio en ese caladero de tiburones, con riesgo de ser devorado por Viktor Orbán. Cierto que la UE se endurece por momentos, como prueba el manifiesto en Luxemburgo de 15 estados para acelerar las expulsiones de migrantes sin derecho al asilo, todo un aperitivo para un próximo Consejo Europeo sobre el tema.


Se coge antes a un mentiroso que a un cojo, dice el refrán. El motivo por el que el PP se ha vuelto a rajar sobre los miles de menores migrantes en Canarias y Ceuta lo desveló Abascal: Vox no apoyará los presupuestos en las autonomías populares donde habían cogobernado antes si el PP accede al acuerdo migratorio. Por manifiesta mala fe, el PP ha acabado hartando a CC y así lo transmitió el presidente Clavijo esta semana tras entrevistarse con Sánchez, que al día siguiente vio al papa y le recordó el viaje a Canarias.


No romperá con Domínguez, vicepresidente y líder popular en las islas, al que absuelve de la segunda traición de Génova, pero tampoco con Sánchez, cuyos Presupuestos de 2025 negociará. En CC, el sector más conservador confiaba en quitarse esta alianza del dedo anular, pero ese divorcio parece que se enfría. Como el anuncio de Clavijo en Marruecos de respaldar la postura española sobre la autonomía del Sáhara escoció en el sector más prosaharaui del partido, en Fuerteventura.


En Nexo, Yuval Noah Harari desconfía del poder absoluto de la información para aclarar la verdad, esa “idea ingenua”, en esta era de desinformación. El miércoles, Sánchez abundó en el Congreso en los datos sobre criminalidad e inmigración, donde reside una falacia, pues se delinque por igual y no por razón del color de la piel.


Y a todas estas, resulta que Europa necesita migrantes como agua de mayo para mantener el crecimiento económico, como bien saben los empresarios -cuyo silencio es revelador-. No solo sería un ardid electoral, sino que el rechazo a los migrantes va a ser pan para hoy y hambre para mañana.