Manuel Monereo (Jaén, 1950), junto a Carlos Eduardo Martins y Francisco López Segrera, ha coordinado ¿Hacia la Tercera Guerra Mundial? (El Viejo Topo, 2024), un libro que analiza la extremadamente tensa situación geopolítica mundial. Monereo visita estos días las Islas con motivo de su participación en la Feria del Libro de La Laguna, en un acto que presenta mañana sábado (18.00 horas) César Rodríguez Placeres (coordinador del Centro de la Cultura Popular Canaria). Ayer tenía previsto ofrecer una charla en la sede de Intersindical Canaria en Tenerife, hoy viernes lo hará en la de Comisiones Obreras en Las Palmas de Gran Canaria y el domingo, en la Sala Pérez Henríquez de Los Silos (12.00 horas).
-¿Realmente estamos ante la posibilidad de la Tercera Guerra Mundial?
“Lo más sorprendente de los medios y de la propia sociedad es que no hay conciencia de los peligros político-militares y de la tendencia cada vez más firme hacia una guerra global que, al final, sería una guerra nuclear. Desde los altos mandos de la OTAN se dice abiertamente que hay que prepararse para un conflicto con Rusia y dan dos fechas, 2027 o 2030. Dicho de otra forma, se está planificando una guerra de la OTAN contra Rusia. El Gobierno de España está aplicando esta estrategia y es parte activa de la misma sin un debate real, ocultando el volumen y composición del gasto militar y poniendo a disposición de EE.UU. y de Israel las infraestructuras militares españolas, no solo sus bases”.
-¿Cuáles son las causas de este conflicto global?
“Vivimos una transición geopolítica de gran magnitud. En términos de Antonio Gramsci, se diría que tal proceso histórico se explica porque lo viejo no acaba de morir y lo nuevo no acaba de nacer. En medio, guerras, revoluciones, contrarrevoluciones. Estamos saliendo de un mundo unipolar, organizado y dirigido por Estados Unidos, hacia uno multipolar que da cuenta de la presencia de nuevas potencias o de viejas, como Rusia, que han ganado peso e influencia. De una u otra forma, un viejo orden está en proceso de desintegración y va apareciendo, lenta y dramáticamente, otro que es percibido como caos, inestabilidad, crisis”.
-¿De qué orden venimos?
“Hay que ponerle fechas a los acontecimientos que cambian la historia. En 1991, Bush padre decretó la existencia de un nuevo orden internacional. Se le agradeció a Gorbachov los servicios prestados y se reconoció la derrota definitiva del Imperio del mal, concretado en la disolución del Pacto de Varsovia y la desintegración de la URSS. EE.UU. había ganado la guerra y tenía el derecho y el deber de imponer instituciones, reglas y políticas que consolidaban su poder hegemónico. Esta estructura de poder tenía, al menos, dos claves: el dólar, como reserva de moneda a nivel internacional, y su descomunal superioridad militar. Es más, el nuevo orden se instauró con sangre y fuego. No fue casualidad que la OTAN bombardease Serbia y apostase por una desintegración traumática de la vieja Yugoslavia. Esta no fue una guerra cualquiera, fue una guerra fundacional. El nuevo orden se impondría también militarmente aprovechando al máximo las sanciones económicas e imponiendo un régimen internacional basado en lo que se denominó el Consenso de Washington”.
-¿Cuáles fueron los motivos de la política norteamericana?
“Hubo dos objetivos claves. Uno en positivo: imponer un nuevo orden político, económico y militar bajo hegemonía norteamericana. Un segundo en negativo: impedir que pudiese surgir en el futuro una potencia o un conjunto de potencias que cuestionara ese nuevo orden. La crisis económica de 2009 lo cambió todo. Fue la señal de que el nuevo siglo americano entraba en crisis y que la gran potencia emergente, China, se configuraba en el eje de recomposición de una nueva realidad geopolítica que cuestionaba las reglas básicas del dominio de EE.UU. y aspiraba a unas nuevas relaciones de poder”.
-¿Por qué la guerra como alternativa?
“Una gran potencia en declive tiene, básicamente, dos opciones. Una, intentar gobernar la transición y compartir el poder con las potencias emergentes. La otra es impedir el nuevo orden, derrotar económica, tecnológica, comercial y militarmente a las potencias emergentes. El núcleo de dirección en torno a Biden optó claramente por la segunda opción”.
-¿Cómo analiza la situación del conflicto de Oriente Próximo?
“Estamos viviendo un genocidio contra el pueblo palestino transmitido en directo y no pasa nada. Israel ha tenido, y tiene, licencia para matar. Ha convertido el control de las poblaciones en una ciencia. En este momento interviene militarmente, violando todas las reglas, en Siria, en Irán, en Líbano y, planificadamente, está aplicando la solución final al problema palestino. Hablar en estas condiciones del reconocimiento de un Estado palestino es engañar y engañarse. La gran lección que está dando Israel al mundo es que está normalizando la guerra, la muerte sistemática de inocentes y convirtiendo la barbarie en realidad cotidiana. La guerra global está cada vez más cerca ante la astucia de los Gobiernos y la irresponsabilidad de unas fuerzas de izquierdas transformadas en atlantistas por y desde la lógica del sistema”.





