Francisco García-Talavera acaba de publicar 1.100 apellidos arraigados en Canarias. Su origen, estadística y distribución mundial (Editorial Kinnamon), un volumen que ratifica el interés del ámbito de investigación que ocupa en los últimos tiempos el trabajo del doctor en Biología por la Universidad de La Laguna, geólogo y paleontólogo por la Universidad Complutense de Madrid: la identidad onomástica, antroponímica, que caracteriza a las canarias y los canarios del siglo XXI. Al igual que la cultural, la lingüística o la genética, rasgos identitarios mucho más estudiados.
Esta labor centrada en la onomástica antropológica ya se había visto reflejada en dos publicaciones anteriores, 69 apellidos canarios y Apellidos portugueses en Canarias, pero ahora, como ya indica su propio título, el trabajo resulta mucho más amplio: dar cuenta de manera pormenorizada de todos aquellos apellidos que, como resultado de seis centurias, permiten también construir el relato acerca de la historia de Canarias; un relato, una historia, para el que sin duda es necesario hablar de mestizaje.
Los apellidos de origen portugalaico son casi un tercio, lo que muestra la importancia de su aporte a la población isleña
LA MEZCLA
“A algunos no les gusta el término mestizaje”, señala García-Talavera, “pero es justo la tercera acepción que da el diccionario de la Real Academia Española, mezcla de culturas distintas que da origen a una nueva, la que fue dando forma a la nueva sociedad canaria tras la conquista”.
El autor detalla que esta nueva sociedad se fue configurando desde la misma llegada de los conquistadores al Archipiélago, a comienzos del siglo XV, aunque es en el último cuarto de ese siglo y hasta las primeras décadas del XVI cuando resulta más notable ese aporte poblacional. Conquistadores y colonos -castellanos y especialmente portugueses-, esclavos africanos y, en menor número, normandos, genoveses, judíos conversos… contribuyeron a ese mestizaje con los guanches.
El legado aborigen se traduce en una decena de apellidos: Arucas, Baute, Bencomo, Chinea, Guanche, Guánchez, Oramas, Tacoronte, Taoro (de), Tenerife. “Otros muchos, desafortunadamente -apostilla García-Talavera-, han desaparecido, como Guanarteme, Maninidra, Aixitimanao o Gentilmarao, Azanos, Tegueste, Telde, Gando, Guanarteme, Manzanufro, Machicao, Chasagua, Aguaberque, Abtejo, Aguymes y Daute”.
Tal y como apunta el investigador, hay más de 50.000 personas repartidas por el mundo que llevan alguno de esos apellidos. “Y de esas, solo 6.000 se encuentran en Canarias. Las restantes, mayoritariamente, residen en países como Venezuela, Cuba, México, Estados Unidos y, lo que es más sorprendente, Filipinas”.
El trabajo da cuenta de aquellos apellidos que permiten construir un relato acerca de la historia de Canarias
Otro aspecto que resulta muy significativo en la vertebración de la identidad canaria tiene que ver con la llegada de población del oeste peninsular. Así, de los 1.100 apellidos que figuran en el libro, 301 son de origen portugalaico.

PORTUGAL
Esto influye en la diferencia que se observa entre los 10 más abundantes en el conjunto de España (por este orden de más a menos: García, González, Rodríguez, Fernández, López, Martínez, Sánchez, Pérez, Gómez y Martín) y los de Canarias (Rodríguez, González, Hernández, Pérez, García, Martín, Santana, Díaz, Suárez y López).
“Esta diferencia en el orden -explica García-Talavera- es debida fundamentalmente a que en los guanches bautizados predominaban los apellidos Hernández, González y Rodríguez, y al gran aporte portugués a través de muchos apellidos homónimos que fueron castellanizados, sustituyendo la s final portuguesa por la z castellana”, entre otras modificaciones, como las de Gonçalvez por González, Soares por Suárez, Pereira por Perera o Velho por Bello.
La población lusitana se integró muy pronto en la sociedad canaria y de ahí su preponderancia en esta suerte de matriz antroponímica. Esa influencia la vincula García-Talavera con la evolución demográfica de las Islas. Canarias contaba en 1688 con 105.375 habitantes, de los que casi la mitad, 51.867, vivían en Tenerife; 22.154 en Gran Canaria y 14.342 en La Palma. A comienzos del siglo XX, esa población era de algo más de 300.000 personas, es decir, apenas se había triplicado en más de 200 años. Sin embargo ahora, un siglo más tarde, es siete veces mayor: 2.250.000 personas.
Hay más de 50.000 personas en el mundo con apellidos guanches, pero solo 6.000 se hallan en las Islas
Hay tres conclusiones fundamentales que extrae Francisco García-Talavera Casañas de un trabajo que ha dado como resultado su libro 1.100 apellidos arraigados en Canarias. Su origen, estadística y distribución mundial, y que expuso el pasado jueves en la presentación que tuvo lugar en la capital tinerfeña, en el Real Casino de Tenerife.
La primera es “la clara y mayoritaria pervivencia de los guanches después de la conquista, como lo han demostrado, fundamentalmente, los estudios genéticos en los últimos tiempos”. La segunda, “la enorme influencia demográfica y cultural de los portugueses al mestizaje y conformación de la nueva sociedad isleña, a cuyo conocimiento también han contribuido, además de las numerosas publicaciones sobre la lingüística, toponimia y portuguesismos en el habla canaria, los recientes estudios genéticos”.
En relación con estas investigaciones, el autor acude al estudio del ADN mitocondrial de la población canaria realizado por el Área de Genómica del Instituto Tecnológico y de Energías Renovables (ITER), del Cabildo de Tenerife; el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), las universidades de La Laguna y Fernando Pessoa y el Instituto Carlos III, publicado el año pasado en iScience.
“Sus resultados -señala- confirman que la herencia materna es entre el 50 y el 60% norteafricana (guanche-bereber). Y de la otra mitad no aborigen, el 40% es ibérica. De esa huella ibérica, el peso más importante se lo llevan los linajes identificados como portugueses y gallegos, que representan el 49,8%”.
Finalmente, la tercera conclusión que extrae García-Talavera es “la gran aportación, ignorada, minusvalorada y hasta silenciada en gran parte, de los canarios a la colonización, al mestizaje y a la evolución histórico, cultural y lingüística de las naciones americanas”.





