“Este año nos han llamado de Alemania, de Inglaterra, unos turistas que vinieron de Irlanda, de todas partes de España; ha sido una locura, pidiendo décimos sueltos, pero también números para grupos, clubes o asociaciones”, manifiesta José Ángel González, gerente de La Chasnera, la gasolinera del kilómetro 54 de la TF-1, sentido sur, en Granadilla de Abona, también conocida como la estación o el surtidor de la fortuna. “Hemos superado de nuevo las ventas del año anterior, la verdad que sí”, reconoce.
Y no es para menos: desde 2013, La Chasnera no ha faltado a su cita con la fortuna y ha incrementado cada año su fama en el azar, habiendo dado hasta el Gordo en cinco ocasiones, aunque en este caso fuera con décimos sueltos. Sin ir más lejos, el año pasado la gasolinera Repsol La Chasnera repartió 3,046 millones de euros en 74 décimos premiados. Por quinta vez, el Gordo cayó en el kilómetro 54 de la autopista del Sur, desde cuyos receptores se dispensaron seis billetes del número 88008, el más tardío (12.26 de la mañana), quince minutos después de que en el lugar se festejara el segundo premio, el 58303, del que vendieron dos décimos.
“Esta vez, la terminación estrella ha sido el 24, por aquello del año, supongo”, señala José Ángel González, aunque recuerda que las terminaciones que se agotan antes siguen siendo “el 13,19 y 69), siendo la unidad del 5 la más solicitada.
Fue aquel 22 de diciembre de 2013 y el número 79712 lo que marcó un antes y un después en la familia del Grupo González, empresa que gestiona en la Isla ocho gasolineras Repsol, siendo La Chasnera la primera en tener receptor de lotería (hoy también cuentan con la del Porís de Abona, la de El Volcán, en Arafo y Las Zocas, en San Miguel). Aquel, al contrario de lo que ha sucedido en los últimos diez años, no fue un número que dio el receptor, sino uno de los dos que cada año traía José Miguel González para el equipo de fútbol de Las Zocas y su centenar largo de trabajadores, quedando el resto a la venta de los usuarios de la gasolinera. En total, los 1.600 décimos con los que contaban entonces las 16 series completas.
José Miguel González había pedido ese número a través de la administración de Granadilla, y le llegó desde Alicante, la tierra del turrón navideño por excelencia. “Todavía hoy -afirma- hay muchas personas que pasan por la gasolinera y me agradecen la fortuna que les traje”, dice un hombre al que le cuesta mostrar emociones, pero que tiene un corazón que no le cabe en el pecho. Tanto, que aquel día le guardó un décimo premiado a un cliente de la gasolinera, que esa vez no lo había adquirido. Siempre se lo recordará.
Aquel 22 de diciembre de 2013 fue, junto al matrimonio y el nacimiento de mis tres hijos, el día más feliz de mi vida; me sentí un privilegiado de poder hacer tanto bien a tanta gente, anónima y conocida”, estando orgulloso de que “todavía siguen en mi empresa casi todos aquellos 136 trabajadores que se sacaron un décimo”, dice feliz mientras se le alumbran los ojos al retroceder a aquella fecha.
Todavía recuerda que en 2014 se sintió protagonista del siempre singular anuncio de la lotería, en este caso aquel que un amigo le guarda un décimo a otro ausente: “Se me saltaron las lágrimas al ver el anuncio y cuando mi hija Miriam me dijo “papá, eso mismo fue lo que te pasó a ti cuando le guardaste los décimos a Mohamed”, un saharaui con quien intercambiaba números de Navidad y que en aquella ocasión no había acudido por la gasolinera del Porís de Abona, donde José Miguel le tenía reservado el décimo premiado que le entregó un día más tarde, premiado con 125.000 euros.





