Arantxa Rufo acaba de publicar Las tres muertes de Sarah Colbert (Duomo Ediciones), que hoy llega a las librerías. Es una novela negra que sitúa al lector en Estados Unidos. La sheriff Sarah Colbert, traumatizada por un pasado doloroso, se reencuentra con su hermana, desaparecida hace 11 años. Su cadáver es hallado en el bosque de Wenatchee, una localidad del estado de Washington. La autopsia señala que fue una muerte accidental. Pero el asesinato de la persona que halló su cuerpo lleva a la protagonista de esta historia a emprender una investigación que le afecta en muchos sentidos.
Nacida en Madrid en 1979, pero en Tenerife desde siempre, Arantxa Rufo ha ido construyendo su carrera literaria en torno al género negro, una matriz con la que ha escrito cinco novelas (las anteriores son Punto de mira, Zed está muerto, Sangre en las manos y Espira). ¿Y por qué esta querencia por la novela criminal? Pues porque es el ámbito literario que mejor le permite escrutar la psicología de los personajes que salen de su imaginación, comenta en esta charla con DIARIO DE AVISOS.
-‘Las tres muertes de Sarah Colbert’ es una novela negra en la que no hay apenas distancia entre el crimen y quien intenta esclarecerlo. Los hechos le afectan en primera persona. ¿Cuál era su objetivo al plantear un relato de estas características?
“En esta novela la investigación queda en segundo plano con respecto a la influencia de los sucesos en la propia Sarah Colbert. Ella indaga en el caso un poco de estraperlo, por decirlo de alguna manera. No puede investigarlo de forma oficial, pero como le toca tan de cerca, tampoco puede evitar hacerlo, como le ocurriría a cualquiera que estuviese en una situación así. Es una investigación que no puedes dejar en manos de otra persona. Quise hacer hincapié en los efectos que provocan en ella, en toda su vida, los hechos que han sucedido. La investigación era la excusa, el pretexto, para ir mostrando toda su vida, desde la infancia a la actualidad”.
-En esta obra el pasado, un pasado trágico, interpela al presente y, con ello, hay algo que predomina en su protagonista: la culpa. ¿Qué le interesaba explorar? ¿Cómo describiría esa culpa que siente Sarah Colbert?
“Es una de las cuestiones que más me interesaron al plantear la novela: la culpa que siente ella. Es algo que nos afecta a todos. Nos solemos culpar de cosas de las que en absoluto somos responsables. Vivimos culpándonos de hechos que ocurrieron en nuestra infancia, cuando éramos niños y no teníamos ninguna responsabilidad. Pero eso no impide que continúe afectándonos muchísimo después de tanto tiempo. Era un tema que quería subrayar, deseaba mostrarlo a través del punto de vista de la protagonista y que el lector observase cómo todo esto ha influido en el presente de Sarah Colbert”.
“La investigación fue la excusa para relatar en la novela la vida de mi protagonista, desde la infancia a la actualidad”
-¿Recuerda cuál fue el punto de partida, las primeras ideas que aparecieron y le llevaron a escribir este relato?
“Es algo curioso. Normalmente me resulta difícil precisar de dónde salen esas ideas para una nueva novela. En esta ocasión hay una mezcla de elementos. Por ejemplo, una canción que habla del regreso de alguien al pueblo de su infancia, a su amor perdido, a la vida que tuvo en ese pasado y a lo que se encuentra ahora, ya de adulto… Eso influyó en una parte del relato. También hay una novela, Carter (Ted Lewis, 1969), en la que un asesino regresa a su ciudad porque han matado a su hermano… Me inspiraron músicas y libros, que en general suelen influir mucho en mi literatura, que tratan ese tema de gente que se reencuentra con su pasado. En definitiva, todas esas referencias e ideas se fueron mezclando para dar lugar a Las tres muertes de Sarah Colbert”.
“El personaje de Sarah Colbert es el de una mujer tan guerrera que casi salió solo; ella me decía quién era y qué quería”
-¿Y qué resultó más complejo: construir cada personaje, con su bagaje y su forma de ser y actuar, o levantar la trama por la que se desenvuelven?
“Lo más complicado fue la trama en sí, porque abarca mucho tiempo, muchos hechos que van sucediendo en ese tiempo, con diferentes grupos de personas, con distintos intereses… Ir trenzando toda la historia, buscar un equilibrio para que nada quede descompensado con respecto al resto, que se entendiera por qué lo que ocurrió en los años 80 guarda relación o no con lo que está sucediendo ahora, fue la parte más compleja. El personaje de Sarah Colbert es el de una mujer tan guerrera que casi salió solo. Ella misma me iba diciendo quién era y lo que quería”.
-¿Qué le atrae, como escritora y también como lectora, de la novela negra, que, en suma, contiene tantos géneros?
“Sí, desde luego. Lo que antes entendíamos por novela negra se ha extendido de tal manera que hoy engloba a una literatura muy diferente entre sí. A mí me atrae porque me parece el género literario que mejor trabaja la psicología de los personajes. Me gusta saber qué es lo que piensan los demás, por qué actúan como actúan, por qué son como son. Me interesa meterme de lleno en muchos papeles, no solo en el del héroe, en el del protagonista heroico, sino también calzarme los zapatos de los villanos, de los asesinos, de los criminales. De manera que el género negro me permite explorar esas personalidades, el porqué alguien llega a ser lo que es. Y vuelvo a la culpa y al impacto del pasado en el presente: cómo has acabado convirtiéndote en lo que eres ahora, cuál es tu reacción ante situaciones extraordinarias, a las que no solemos enfrentarnos. Grandes traumas, situaciones criminales, delictivas… La novela negra me da la posibilidad de explorar cómo responde la gente ante esas circunstancias, por eso me parece tan interesante”.
“Me interesa calzar los zapatos de los asesinos, de los criminales, y no solo los de los protagonistas heroicos”
-¿Y ha contemplado alguna vez o contempla ahora una historia alejada de este género?
“Me gusta la expresión nunca digas nunca jamás. Igual ahora respondo que no me imagino escribiendo otra cosa y mañana publico algo con un estilo totalmente distinto. A priori, desde luego que no. Tengo una vena criminal-sangrienta [ríe] y todas las historias que se me ocurren acaban confluyendo hacia el género negro, sobre todo porque me interesa abordar, como hemos hablado, las personalidades de gente muy extrema. Pero, claro, nunca se sabe. Nunca digas nunca jamás”.
-Su literatura transcurre más allá de nuestras fronteras. ‘Las tres muertes de Sarah Colbert’ está ambientada, por ejemplo, en Estados Unidos. ¿Cómo se desarrolla en su caso el trabajo de documentación, de creación de los escenarios por los que se mueven los personajes?
“Eso casi es un sufrimiento. Soy una persona muy meticulosa, muy detallista, en este tipo de cuestiones. Me gusta ser extremadamente realista, porque aunque es poco probable que me lea alguien que vive justo en ese lugar del que escribo, quiero reflejar las cosas tal y como son. Lo bueno es que en la actualidad todos tenemos acceso a mucha información. Te puedes recorrer cada calle de cada lugar a través de las aplicaciones digitales. También soy mucho de utilizar las redes sociales para acceder a gente que vive allí, lo que me permite estudiar cómo es la forma de vida en cada sitio. Puedes leer periódicos locales… Todo ese tipo de cosas me va ayudando a entrar en situación, a meterme en el ambiente de cada localización de mis novelas. Pero ya he dicho que es una especie de sufrimiento, porque soy tan detallista que pierdo mucho tiempo en buscar hasta la más mínima particularidad, que quizás nadie se dé cuenta de si es verdadera o no, pero ya casi por una cuestión de realización personal me gusta hacerlo así”.
“Soy tan detallista que pierdo mucho tiempo en buscar hasta el dato más pequeño durante el proceso de documentación”
-Cinco novelas, además de la participación en dos antologías, conforman hasta el momento su obra. ¿Es muy diferente la manera en la que afronta cada nuevo proyecto literario o más bien existe ya una especie de método en el desarrollo de ese proceso creativo?
“Con el tiempo he ido creando un método. Al principio, en mi primera novela, todo fue pura anarquía. De hecho suelo explicar que prácticamente hice justo lo que todo el mundo te aconseja que no hagas. En ese entonces iba buscando mi camino, aprendiendo a trancas y barrancas, que por otra parte es la forma en la que he ido aprendiendo casi todo en la vida. Sin embargo, poco a poco fui creando una rutina, una manera de trabajar, un método… Y ahora, aunque cada novela es diferente y la enfocas de una manera distinta, sí lo tengo bastante más claro, con un método establecido, con un determinado ritmo, con una rutina de ahora hago esto, luego hago lo otro… Es un proceso, en definitiva, al que me he ido adaptando y que he ido puliendo con los años y con las propias novelas”.
-¿Hay ya nuevos proyectos en camino o tras escribir un libro necesita abrir un paréntesis, tomar un descanso, hasta emprender otra aventura?
“Siempre estoy trabajando en algo. Como dicen de los tiburones, que si no nadan se hunden, a mí me pasa algo parecido si no escribo. Ahora mismo tengo dos proyectos que están bastante avanzados, en distintos momentos del proceso de revisión y corrección, que son aspectos en los que trabajo muchísimo porque me gusta esa parte de pulir los textos. Así que, desde luego, después de Las tres muertes de Sarah Colbert confío en que lleguen más cosas”.





