tribuna

El recuerdo de Zelenski en el Guimerá

Aquella noche santacrucera de octubre de 2022, Zelenski no hablaba a las tinieblas de su guerra, sino a los tinerfeños, aunque mencionó que su país estaba a oscuras. Y nosotros, sobrecogidos en el Guimerá, lo escuchábamos a él, que nos dirigía la palabra desde Ucrania, poco después de la invasión rusa que mañana cumple tres años y suma y sigue, bajo una ruin negociación de paz mercantil por parte de Trump.


El hecho era que hablaba Zelenski en un teatro siendo él, antes que presidente, actor. En la pantalla lucía una camiseta caqui militar. Y nos pedía ayuda a través del periódico y la fundación DIARIO DE AVISOS, en la Gala de los Premios Taburiente, que galardonaba a su pueblo, bajo las bombas rusas.


Nos rogaba interceder por ellos con armas solidarias y aludió, como digo, a su país sin electricidad que se guiaba por “la luz de la victoria”. ¡Estaba tan reciente la guerra! Y el aparente novato David frente al Goliat ruso nos exhortaba a “convencer a cuantos estamentos estén a su alcance para que las democracias del mundo no nos olviden”. Partía el alma. Todos temíamos que él mismo y su pueblo tuvieran los días contados. Sin embargo, han llegado hasta aquí, mano a mano, contra el diablo.


Putin se dispone a pactar con su amigo Trump una paz a la carta, la cesión de territorios por adelantado y la joya de la Corona: la garantía de que Ucrania no entrará en la OTAN. ¡Bingo! ¿Qué negociación ni que ocho cuartos? Hay tongo.


Aquel hombre de pequeña estatura se había hecho súbitamente célebre y heroico, y su pueblo se defendía con uñas y dientes. ¡Cuánta rabia había en Rusia, potencia nuclear, porque no se daban por vencidos! Se creyeron que sería una guerra rauda y era cuestión de horas entrar en Kiev, la hermosa ciudad monumental donde sonaban los violines en la calle a través de las ventanas y subíamos por las escaleras para escuchar a los músicos tocando con las puertas abiertas de par en par.


Pero Putin se quedó con las ganas, y Zelenski, el cómico que parecía un enemigo fácil, le dio la vuelta a la tortilla. “Somos iguales que ustedes, que todos los europeos, por eso les pido que demuestren cada día que también están con nosotros. Seguiremos luchando por nuestra libertad”, dijo por último con la fe del Che en la videoconferencia con el Teatro Guimerá (cuyo logro es uno de los secretos mejor guardados de esta casa).


Mañana en la batalla piensa en mí. Nadie puede imaginarse por fuera el daño que sufre por dentro un país que pasa, de la noche a la mañana, de levantarse para ir a trabajar a hacerlo para ir a la guerra. Zelenski se despertó la primera noche, bajo los estruendos, y le dijo a su esposa: “Comenzó”. Antes de marcharse le pidió que explicara lo que estaba pasando a sus dos hijos, que dormían.


Javier Marías tomó prestado aquel título de Shakespeare. En Ricardo III se le aparece en sueños al rey el espectro de su esposa asesinada, que le dice, en vísperas de una acción de armas: “Mañana en la batalla piensa en mí, caiga tu espada sin filo: desespera y muere”. Putin lleva tres años matando a un país y mañana en la batalla este aniversario es su mayor pesadilla. Quizá tenga sueños que desconocemos.


Estamos atrapados en una realidad inventada. Trump acusa ahora a Zelenski de ser un dictador. Como Chaplin, actor cómico como Zelenski. En El gran dictador, su personaje, con el bigote recortado, es demoledor contra nazis y fascistas. Trump le endosa a Zelenski los estigmas de Putin; también le atribuye haber empezado la guerra. Ha trocado los papeles o se ha vuelto loco.


La invasión rusa se desató el 24 de febrero de 2022, y el primero en mentir fue Putin, que afirmó pretender “desnazificar” el país. Un día, China -quizá cuando cese el fuego en Ucrania- le dará un susto a Trump: invadirá Taiwán, y Trump -que pega que es un bravucón miedica- seguramente se encogerá de hombros y dirá: “Estamos muy lejos”, como hacía el primer ministro británico Neville Chamberlain, ante los primeros amagos nazis en Checoslovaquia. Trump ya está diciendo eso para no enviar tropas de paz a Gaza o Ucrania, donde la paz le interesa un pimiento. Lo que le interesa es llevarse las tierras raras de bóbilis, bóbilis. Los insultos a Zelenski se deben a que se negaba a un atraco a mano armada.


Algunos (Ray Dalio publica Nuevo orden mundial) dan por hecho que el imperio estadounidense se cae y llega China. ¿Entonces, Trump es el principio del fin y no el inicio de una era? ¿Quién se lo explica ahora a Orbán y Abascal, tan felices con este new fascism que tiene a Europa en estado de shock, con elecciones críticas hoy en Alemania y Putin a sus anchas. Eso negro es la boca del lobo abierta.


Pero algo ha fallado para que Milei, mutante de Trump, esté denunciado por estafa, tras cogerse las manos con la motosierra en una promoción cripto fraudulenta, que amenaza hundirlo políticamente. Ahí los tienen, un trumposo y un presunto estafador. Dios los cría y ellos se juntan.

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