tribuna

La bronca del Despacho Oval: Trump se quita la ‘careta’

Se está jugando el partido de la Historia en directo y hemos entrado en estado de pánico. No se recuerda una trombosis semejante en las venas de la política internacional.

El careo a cara de perro Trump-Zelenski en el plató del Despacho Oval de la Casa Blanca, este viernes de Carnaval, delante de los periodistas y las cámaras, revela que EE.UU. cesa en su papel de aliado de Europa y se arroja en brazos de Rusia poniéndonos los cuernos. Solo si Europa se planta con puño de hierro, en defensa de Ucrania y de sí misma, como potencia económica, con Francia con capacidad autónoma nuclear (aérea y submarina), podrá poner en su sitio al socio desertor y obligarle a detener la espiral agresiva del último mes. En España, Sánchez y Feijóo han de sellar las paces en esta batalla, como hacen los ingleses.

La escena intolerable -un mísero reality show premeditado- perseguía humillar a Zelenski y congraciarse con Putin, que no lo traga desde que ganó en 2019 a Poroshenko, y acaso promover un vídeo viral demoledor para Ucrania y Europa a ojos del mundo. Lo que ha salido es una bronca callejera y Trump se ha quitado la careta. En Europa quedó retratado, salvo para fanáticos como Orbán, y en su país, Musk le apañará un lavado de imagen con IA. La acritud hacia Kiev y Bruselas irá in crescendo. Olvídense de paños calientes, esta gente es de mollera cerrada.

El líder ucraniano se sobrepuso a la encerrona y defendió el honor de su país y el suyo propio frente al feo espectáculo de prepotencia de un anfitrión malcriado. A Zelenski lo echaron de la Casa Blanca sin almorzar.

Se están rompiendo los puentes entre las dos orillas del Atlántico Norte y la entropía desatada se abordará el jueves en un Consejo Europeo extraordinario, pero hoy, en Londres, será objeto de una cita con Zelenski y líderes de la OTAN y la UE -entre ellos, Sánchez-, convocada de urgencia por el primer ministro británico, el laborista Keir Starmer. Este, el jueves, creyó haber calmado a un Trump desmadrado, que acusaba a la UE de haber sido creada “para joder” a EE.UU., y a Zelenski de “dictador” y culpable de la guerra, todo por negarse a un acuerdo ventajista sobre la explotación minera. Starmer regresó convencido de que Zelenski sería bien recibido el viernes y lo que le tenían preparado era el sketch del Despacho Oval.

Con las cartas boca arriba, la paz de Ucrania en barbecho y una enfurecida animadversión hacia el Viejo Continente, EE.UU. está poniendo fin a una relación inquebrantable (la proverbial alianza occidental), que este 2025 cumplirá 80 años, desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Hemos pasado del Putin “asesino” de Biden al Putin “amigo” de Trump, y en el chaparrón que se llevó, Zelenski recibía por Ucrania y por Europa, doble ración. “Todo está perdido cuando los malos sirven de ejemplo y los buenos de mofa”, decía el filósofo griego Demócrito de Abdera, que se acabó arrancando los ojos.

Cuesta creer que los movimientos de Trump -como esta emboscada- estén medidos, calculados por un equipo en la sombra de maquinadores inteligentísimos. Nada impide sospechar que estemos ante un hombre que esté perdiendo la cabeza, pronto con 79 años de edad. Hay antecedentes. En la campaña de 2016 dijo aquello de que “podría pararme en mitad de la Quinta Avenida y disparar a gente y no perdería votantes”.

La paliza a gritos televisada que Trump y Vance tramaron darle a Zelenski este 28 de febrero de 2025 -día infame de la política mundial- estaba precedida de concesiones indecentes a Putin: que Ucrania no entre en la OTAN y que EE.UU. no despliegue tropas de paz (ni media palabra de garantías de seguridad). Trump usó el eslogan de Putin contra Zelenski: “Está jugando con la tercera guerra mundial”. Por momentos, parecía más Putin que Trump.

El Vaticano y la Casa Blanca vivían el viernes horas dramáticas. La salud del papa se agravaba con un broncoespasmo y la salud de las relaciones entre EE.UU. y Europa, también: 80 años se hacían añicos. Vance había amenizado la Conferencia de Múnich diciendo que los tanques de Rusia no son una amenaza para Europa, aislar a la ultraderecha, sí. Era la punta del iceberg.

¿Qué urge hacer ahora? Europa está sola como cuando los dioses ya no existían y Cristo no había aparecido aún (la sentencia de Flaubert). Esa libertad de decisión es su fortaleza. Como la dignidad de Zelenski, atrapado en la jaula del Despacho Oval, zafándose de los barrotes. Obligada a hacer inventario de tropas, recursos, inteligencia y aliados potenciales (China, India, ¿quién más?), Europa elabora su plan de salvación. La prioridad es lograr la paz. Ucrania ya no es solo Ucrania. Toda Europa ahora es Ucrania.

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