La Casa de la Cultura de Los Realejos expone a partir de este jueves Rambla de Castro, una mirada retrospectiva, con la que su autor, el fotógrafo Isidro Felipe Acosta, repasa la historia de este espacio natural de la costa del municipio, en especial, los últimos 40 años y la lucha para su protección. Podrá visitarse hasta el 30 de marzo, de lunes a viernes, de 9.00 a 14.00 y de 17.00 a 21.00 horas.
El proyecto, financiado por el Área de Cultura, Fiestas y Patrimonio Histórico del Ayuntamiento, consta de una treintena de fotografías y 17 paneles sobre la historia y los atentados ecológicos sufridos por el paraje en los años 70, cuando el boom turístico conllevó la destrucción de numerosos espacios costeros. Rambla de Castro no escapó a este devastador desarrollismo.
“Tras el intento fallido de convertirla en un complejo turístico y residencial -señala Isidro Felipe-, vivió años de abandono. La eliminación del cultivo del plátano significó un empobrecimiento del suelo y largas etapas de sequía que podían propiciar incendios por la presencia de gran cantidad de cañaverales en el palmeral”.
LA INFLUENCIA DEL SER HUMANO
“La casona y otros elementos arquitectónicos, como el fortín de San Fernando, sufrieron actos vandálicos que empeoraron la situación ya deplorable”, recalca. “Rambla de Castro es un claro exponente de la influencia negativa del hombre sobre el medio natural -agrega- y el posterior intento de corregir sus errores. Con la aprobación del Plan Especial de Protección se enmendaron agresiones, iniciándose proyectos de restauración que le han devuelto gran parte de su encanto”.

En 1985 se inició la redacción del borrador de la Ley de Espacios Naturales de Canarias, que no contemplaba a Rambla de Castro. “Fueron años duros y apasionantes -indica Isidro Felipe-, casi una década de idas y venidas a archivos y bibliotecas en busca de fotografías o escritos que destacasen sus valores históricos y naturales”.
Entonces se recopilaron relatos de naturalistas y viajeros del pasado, que quedaron prendados de este rincón y lo reflejaron en libros y artículos en la prensa de sus países, plasmados en dos paneles de la exposición, que además recoge la campaña de prensa iniciada por el autor en 1985, con más de medio centenar de artículos sobre la Rambla en rotativos de la Isla.
Dos paneles recuerdan los proyectos de rehabilitación y otro refleja los convenios para su recuperación. El primero, de 1992, entre los propietarios y el Ayuntamiento, para evitar su deterioro, con la intervención de la Administración en una primera fase de limpieza y recuperación ambiental, y la obtención de su titularidad en una segunda.
Años más tarde, el Ayuntamiento suscribió un convenio con el Cabildo de Tenerife para la gestión de los servicios de uso público del paisaje protegido, señalando como función del órgano de gestión y administración, entre otras, la de promover convenios y ayudas encaminadas a actuaciones que contribuyan a la conservación y mejora de los valores del espacio.

La exposición recoge acontecimientos históricos como los repartos de tierras tras la conquista y sus cultivos. Las primeras viñas plantadas en Tenerife lo fueron en esta zona a cargo del colono portugués Hernando de Castro, del cual toma su nombre.
La familia Betancourt y Molina, José, Agustín y María, tienen especial protagonismo en el recorrido histórico de este proyecto expositivo, sobre todo José, noveno poseedor del mayorazgo de los Castro.
Rambla de Castro, una mirada retrospectiva incluye paneles de los tres elementos arquitectónicos más relevantes: el elevador de Aguas de Gordejuela, el fortín de San Fernando y la casona de los Castro, sobre la cual se han realizado proyectos de rehabilitación para hacer de ella un centro de visitantes, que aún no han logrado darle el uso soñado.





