Vamos a ver cuánto dura el relato de la división entre universidades buenas o malas, o lo que es lo mismo, entre públicas y privadas. Los estrategas de La Moncloa han elegido esta cuestión para adobar los mítines y María Jesús Montero ha comenzado la batalla diciendo que los títulos se compran con dinero. La ha seguido el presidente con lo de los chiringuitos, la portavoz trasladando la lucha de clases a la enseñanza superior y la ministra de Universidades, que se ha alejado unos días de Valencia, donde las encuestas no le dan un crecimiento por el desastre de la dana, ha contemporizado asegurando una colaboración exquisita con las comunidades autónomas. Las estrategias políticas se distinguen por el regate corto. La vicepresidenta ha pedido disculpas por decir lo que piensa con respecto a la presunción de inocencia mientras sus compañeros insisten en darle una reprimenda a los tribunales. En fin, que estamos ante una situación clásica de mitineo barato y sin efectos. Me recuerda a las declaraciones de Alfonso Guerra cuando decía que Juanito Barranco no era alcalde de Madrid porque era hijo de un albañil. Lo cierto es que, desde entonces, no ha habido un alcalde de izquierdas en la capital hasta Manuela Carmena, que ahora se muestra decepcionada por rodearse de activistas. Hoy, Sergio del Molino, un escritor al que aprecio, ha dicho algo tan gráfico como que han sacado la pegatina del No a la OTAN de la mochila de Segundo de BUP. Seguiremos lo que nos queda de año cambiando de asunto. Empezamos hablando de Franco y ya está olvidado. Ahora el abad benedictino se quedará en Cuelgamuros después de la reasignación, que no de la resignación, que suena parecido pero no es lo mismo. Con todo pasa igual, incluso hasta llegar a afirmar que cuidamos una relación exquisita con los Estados Unidos. No entiendo nada. Le han prohibido a Repsol vender el petróleo venezolano y Maduro dice que ellos son los que pierden. En fin, ignoro lo que dice Zapatero. Felipe González sigue aconsejando una gran coalición a la alemana, y lo ponen a parir sus compañeros de partido, peor que si se tratara de Santiago Abascal. Líbrate del fuego amigo. Ayer hablaba de este asunto con un amigo socialista. Felipe González conoce la cuestión porque seguía los consejos de Willy Brandt. Gracias a eso, pilotó una Transición que ahora parece no haber servido para nada. Pero se ve que sus consejos serán desoídos, como los de Manuela Carmena, que hoy descubre con quién no se debe ir al baile. Seguimos para bingo mientras Yolanda intenta recomponer a Sumar, creyendo que ahí está la supervivencia de todo el entramado. No se da cuenta de que, cuando convenga a los auténticos poderes, será la víctima de un cordón sanitario cuyo lugar okupa por derecho propio. Así van las cosas. Hoy toca universidades. Ya veremos mañana con qué nos sorprenden.
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