tribuna

¿Dónde está el error?

Escribe Daniel Innerarity que “la crisis ecológica evidencia que es posible un desarrollo sin recursos, algo tan paradójico como un crecimiento que anula sus condiciones de posibilidad”. He pensado en esta afirmación tan aparentemente contradictoria y llego a la conclusión, no sé si acertada, de que situaciones como esta provocan la incomprensión de sectores importantes de la sociedad que justificarían la desafección hacia ciertas propuestas progresistas, y que explicarían el resurgimiento de opciones reaccionarias. En algún sentido, las agendas se han convertido en una amenaza para muchos, sobre todo por la exigencia de su cumplimiento a ultranza.


Hay demasiada prisa por acceder a la radicalización de los cambios olvidando que lo prudente es no poner todos los huevos en el mismo cesto. El debate que hoy se inaugura, después de las supuestas imprudencias que han provocado un cero energético en toda la península, parece indicar que esto es así. No voy a entrar en discusiones técnicas que no domino, pero quiero observar el aspecto político que se deriva de estos hechos.


Tampoco pretendo localizar estas cuestiones en un país sometido a extrañas alianzas porque lo que nos está afectando es una situación global que se viene incubando desde hace años. Europa se mueve, el mundo se mueve y nosotros estamos empezando a movernos en respuesta a una incitación previa, como si obedeciera al principio de acción reacción, de Isaac Newton. El refranero lo resume en el adagio “cuando el río suena es que agua lleva”, lo que ocurre es que estamos tan acostumbrados a contemplar los cauces secos que la cercanía de un riesgo de desbordamiento no nos alarma.


Ayer he escuchado a un experto decir que si una catástrofe se va a producir dentro de 50 años no merece la pena gastarse el dinero en prevenir sus efectos perversos. Es una manera de derivar las desgracias en el tiempo para que las soporten las siguientes generaciones. Lo malo es que este punto de vista se comparte por parte de quien lo fía todo a la estadística, asegurando que, por ahora, no volverá a ocurrir, como si se tratara del elefante de Botswana. La noticia del día es que Trump y Zelenski han firmado el acuerdo de las tierras raras. Ya EEUU está en Ucrania, aunque solo sea para cobrarse lo invertido en la guerra por Biden, y esto es un equivalente a estar en la OTAN, porque Trump se verá obligado a defender sus intereses en ese territorio y Putin sabrá con quién se está metiendo a partir de ahora.


El mundo va en busca de orientaciones nuevas y cada cual pone la brújula en el sentido que le conviene. Ignoro hacia donde vamos nosotros. Por lo pronto un accidente energético, del que todavía no sabemos las causas, ha afectado a Portugal, y no lo ha hecho con otros países europeos porque estamos desconectados del resto, como una isla, y eso nos permite sacar pecho por ser singulares. Se trata de un asunto político escondido detrás de una discusión técnica. Por eso no se resolverá. Ni siquiera se pondrán de acuerdo en cómo ha afectado al PIB tener al país paralizado durante tantas horas, pero esto lo dejaremos para más adelante, como la dana de Valencia, el volcán de La Palma, la guerra de Ucrania o la pandemia. Si alguien se pregunta qué hemos hecho mal, ahí le brindo algunas respuestas.

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