Resulta que han elegido a un papa peruano, de origen canario, que habla quechua. León XIV es peruano y norteamericano, tiene las dos nacionalidades, no ha dicho una sola palabra en inglés, y ha pasado media vida en la patria de Vargas Llosa. En el balcón de la basílica de San Pedro recordó a su “querida diócesis de Chiclayo” (no mencionó la de Chicago), en el norte de Perú.
Por parte de madre, Roberto Prevost es un paisano, descendiente de canarios, según el historiador americanista Manuel Hernández. Hubo un tiempo -hasta que ser europeos se nos subió a la cabeza- en que éramos unos latinoamericanos encubiertos.
Estoy convencido de que el papa Roberto, que simpatiza con los migrantes como Francisco, volverá a Canarias (ya ha estado en el Puerto de la Cruz), el viaje que no pudo hacer quien lo nombró cardenal en 2023 y lo puso al frente del dicasterio de los obispos. El Gobierno canario lo tiene fácil para que el nuevo papa venga al fin del mundo, aquel latiguillo de Francisco, que en nuestro caso no es una frase hecha: hasta que llegó Colón, éramos tal cual. Hagamos, por tanto, migas con el papa antes de que le llenen la agenda. (En CC, más de uno habrá pensado que el diputado José Alberto Díaz-Estébanez es familiar suyo, por el parecido físico.)
Que venga a poner colorados a quienes bombardean con mil y una triquiñuelas (Clavijo dixit) el reparto entre las autonomías del PP de los menores africanos acogidos en Canarias. Aseguran que Feijóo, obstinado en el boicot por gentileza hacia Vox, ha conseguido cabrear al presidente canario y colocar el pacto regional en la cuerda floja (esta sí es una frase hecha, el pacto no se romperá).
Siendo cardenal, el nuevo papa afeaba en las redes sociales al vicepresidente americano, JD Vance, su racismo con los migrantes, su sentido excluyente del ordo amoris (un concepto básico de la ética de San Agustín sobre el orden del amor). “JD Vance se equivoca: Jesús no nos pide clasificar a quién amar”, escribió en su cuenta de X. “No será un papa silencioso”, dice John Prevost, hermano de León XIV, en alusión a las deportaciones en EE.UU.
Todavía deben de estar escaldados algunos cardenales, como el alemán Müller -que tachó a Francisco, ya difunto, de hereje, rojo y dictador- tras escuchar el primer mensaje del debutante en la línea “sinodal, inclusiva y dialogante”, considerada la maldita herencia del papa argentino, según la óptica conservadora. Ya es un secreto a voces la campaña de difamación orquestada in extremis por sectores religiosos y políticos ultras -entre ellos Vox- cuando vieron que el secretario de Estado del Vaticano, Pietro Parolin, que era el papa cantado, se caía y despuntaba este gallo tapado. Hilaron una leyenda negra de casos de pederastia y abusos sexuales que supuestamente no habría perseguido. Pero no les bastó.
La noticia es que se ha colado otro papa progresista (“un grano en el culo de Trump”), que encima habla español como un nativo, el idioma que el republicano se cargó de la web de la Casa Blanca el primer día. Ni que saliera al balcón con el estolón sobre el pecho (su predecesor aparcó esa tradición) disimula su sinodalidad, la consigna de Francisco de abrir la Iglesia a la participación de los laicos. ¿El rojo Francisco -el loco de Dios, lo llama Javier Cercas- lo había dejado todo atado y bien atado?
Lo cierto es que León XIV no ha dudado en empezar dando las gracias públicamente al “valiente papa Francisco”, cuyo nombre se omitió canallescamente en la apertura del cónclave. El sucesor es francisquista -no franquista- y amigo del fundador de la Teología de la Liberación, el peruano Gustavo Gutiérrez. Este león llega a un mundo fiero, dominado por una histeria indómita de bulos y campañas de intoxicación. Un mundo de guerras de exterminio que ningunea la paz. Que celebra estos días el 80º aniversario del final de la Segunda Guerra Mundial con un desfile tramposo de la Victoria en Rusia, que no cesa de atacar a Ucrania desde hace tres años. Un mundo, en fin, a expensas de un elefante en una cacharrería en el país donde nació este papa que no quieren sus gobernantes.
Robert Francis Prevost Martínez no será un culichiche de Trump (el papa impostor de la foto con inteligencia artificial), como pretendía la jarca carca de la Curia. Este sabio agustino, políglota, que lee en latín y alemán, ha sido misionero antes que papa. Pequeño de estatura, parece discreto y tímido. Lo que no sabemos aún es si las mata callando. ¡Otro papa progresista! ¡Que baje Dios y lo vea!
