garachico en la historia

Hoy, Dulce María

Por Carlos Acosta García. | Hoy he vuelto a encontrar en mi pequeña biblioteca un libro que ya conocía hace más de treinta años. Me refiero a Un verano en Tenerife, de la gran escritora cubana Dulce María Loynaz. Y he gozado con tal lectura. Cita varias veces la escritora el nombre de Garachico y a mí me ha complacido especialmente el capítulo XVIII, que titula El galeón enterrado. Entre otros detalles, escribe la cronista estas palabras al comienzo de su trabajo: “!…era el puerto de Garachico, la perla de Nivaria, el más próspero de la Isla, donde fondeaban diariamente naves venidas de todos los confines del planeta”. Unas palabras que, necesariamente, han de complacer a quienes hemos nacido y vivido en la localidad del Roque… Y nos llegan a la vista otras palabras de la señora Loynaz: “Habrá que decir que no eran todo rosas en el florecimiento de Garachico, pues aún recordaba la gente mayor de la comarca el acontecimiento que pasó a la historia de la Isla con el nombre de el derrame del vino”. Observará el lector que, aún queriendo ser grato el estilo de la escritora, siempre salían a la luz los negativos zarpazos de una infeliz historia. Una historia que no quiero volver a traer aquí porque, además de su tristeza, es ampliamente conocida por los lectores que me siguen. ¿Quién ignora lo ocurrido con la erupción volcánica de 1706? ¿Y quién no recuerda la llegada de la peste o las oleadas de un mar furioso que tanto daño causó a la zona urbana? Dejo, pues, la fiesta en paz, a la espera de datos menos tristes. Pero no sin dejar expuesto, una vez más, mi admiración hacia doña Dulce María.

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