El pintor canario Néstor Martín- Fernández de la Torre es un ejemplo de esto que me ha dado por llamar dualidad identitaria de Canarias. Esta dualidad de la que hablo, aunque sé que Canarias no es el ónfalo del universo, está referida a la doble vertiente que acompaña a todo aquél que se atreva a crear desde las islas. Sea en lo literario, en la música, en las artes escénicas o en el complicado mundo del cine y la pintura, por ejemplo. Y esto me vino a la cabeza de remplón, mientras contemplaba la completa y extensa exposición, que se exhibe estos días en el Museo Nacional Reina Sofía de Madrid bajo el rótulo de Néstor reencontrado.
El título de esta muestra sobre la fecunda trayectoria de este artista isleño comprometido con su tierra, lo dice todo. Yo he tenido que ir a Madrid para reencontrarme con la obra nestoriana, que es referencia del modernismo y del simbolismo de aquellos momentos que le tocó vivir. Ejemplo de esta dualidad identitaria es cuando los aplausos suenan lejos de las húmedas fronteras de Canarias, para reconocer los méritos de algún creador isleño, en contraste con el silencio biológico que recibe en las islas. En el caso de Néstor se palpa claramente. Tiene hoy el reconocimiento y el apoyo que le otorga uno de los centros expositivos más importantes del mundo, como es el Museo Nacional Reina Sofía, con una exposición comisariada por el especialista Juan Vicente Aliaga.
Y como contrapartida, la restauración del museo de Néstor en Gran Canaria no llega a materializarse. Es un proyecto que sestea arrullado por el sonoro Atlántico de Tomás Morales, y que vive aún intangible en el mundo de las ideas de Platón. Una vez más la dualidad canaria se hace efectiva como en los lejanos tiempos de Galdós, en la valorada obra de Óscar Domínguez Palazón o en Manolo Millares, que encontró arrope en el grupo El Paso, junto a Luis Feito y Rafael Canogar, que también expone en estas fechas en el CentroCentro de la capital madrileña.
