por qué no me callo

El ataque a Irán y el ataque de ira en Génova

El ataque de EE.UU. a Irán era una mala noticia previsible como una carambola fácil al billar, era la consecuencia de la espiral en que estamos atrapados, la víbora venenosa enroscada que lanzaba Aníbal en las guerras púnicas para acojonar al enemigo en las batallas navales.
Porque esta era de caos llama al caos y Trump es un imán caótico por antonomasia. Un imán contra otro imán, Alí Jamenei, para que no alumbre la bomba nuclear que quita el sueño a Netanyahu.

Pero este clima bélico es el que agitan los billaristas radicales de la derecha y ultraderecha americana y europea desde sus minaretes y redes. Vamos a vivir un período de caos permanente, de guerras y odios cervales, hasta que el veneno se agote, lleguen líderes decentes con la cabeza sobre los hombros y se acabe la distopía de los trumps, pútines y netanyahus (Dios los cría y ellos se juntan). ¿Alguien en su sano juicio tiene el cuajo de defender a estos cuatreros?

La guerra contra Irán es según el color con que se mira. El bombardeo supongo que lo soporta de buen grado la población sometida con ensañamiento por los ayatolás. Pero en España, aunque parezca una chufla, chafa la guerra contra el PSOE. De ahí el ataque de ira de Génova (cuartel general del PP) por el ataque a Irán. Les va su guerra en ello. Disparatado, Aznar acusa a Sánchez de amañar las últimas elecciones, tal cual Trump, olvidando que las ganó Feijóo.

La guerra política y mediática contra el sanchismo estaba en su punto más álgido por los casos koldos. Pero el fin de semana ha sido un disgusto tras otro: las bombas de Trump y el pacto de Sánchez con la OTAN, que le exonera del 5% de gasto en Defensa. Feijóo estalló en cólera y tildó el acuerdo de “cortina de humo” para tapar la corrupción. En España está pasando algo grave, en términos frenopáticos.

Había un frente afinado mediáticamente inédito. En Ferraz pondrán una vela a Trump si no decae. En Génova están que trinan. En tiempos de Rajoy, cuando la corrupción les salía por las orejas, no se rasgaban estas vestiduras electoralistas. Es un antes y un después. Una apuesta política, periodística, apriorística. Hasta los obispos/políticos ultras españoles, comandados por Luis Argüello, arzobispo de Fachadolid (sambenito de tiempos de Blas Pilar), se han subido al carro pidiendo elecciones anticipadas, ¡hurra! ¿Elecciones en la Conferencia Episcopal? ¡No, en España!

Irán es el Irak de Trump. Bush arrastró a la España de Aznar contra Sadam Husein bajo la añagaza de que ocultaba armas de destrucción masiva tras el 11-S. Ahora es Irán y la bomba atómica nonata de los ayatolás. Es la guerra de Trump (tradición de la Casa Blanca), que amenaza el final de aquella revolución del barbado Jomeini, cuando llegó del exilio al poder en el 79 al caer el proyanqui sha de Persia (Reza Pahlevi), el de la moña panda y la narizota, y su glamourosa y enjoyada emperatriz Farah Diba.

Irán no tiene simpatías en Occidente por represiones como la de la policía de la moral, que detuvo en la calle a Masha Amini, de 22 años, en 2022, por no llevar puesto el velo y acabó con su vida. Pero este ataque de Trump era la línea roja para empezar a temer lo peor: la guerra innombrable. Y la crisis económica global por el petróleo que depende del estrecho de Ormuz.

¿Viene la Guerra dantesca o ya está aquí, como decía el papa Francisco? ¿De qué viven estos tres de gatillo fácil, Trump, Putin y Netanyahu? Es la productividad de las armas. Trump acaba de arruinar sus opciones de ganar el Nobel de la Paz (ese oxímoron), porque el instinto le traiciona.

Si es condición sine qua non tener la bomba nuclear para que no te ataquen (como bien sabe Kim Jong-un), se abrió la veda este sábado con la Operación Martillo de Medianoche y la dosis de bombarderos B-2, con nombre de vitamina del ADN de la guerra.
Hay una coda inevitable de esta crisis en clave española. El temerario bombardeo americano en Irán supone un revés para los intereses de Feijóo, cuando las cabeceras de papel de Madrid abrían todas al unísono llamando ardorosamente a las urnas y a la dimisión de Sánchez. Unos cuantos destajistas perderán el empleo por el camino si los escándalos se recluyen en el ámbito judicial y la ofensiva no acaba con Sánchez en el paredón.

Algunos próceres de la patria ya se ceñían las coronas de laureles y una cuadrilla ensayaba el balanceo del gran botafumeiro de la Catedral de Santiago de Compostela, para recibir al gallego en volandas de Vox y dar las gracias al santo Cerdán. Iba todo tan bien encarrilado y ahora este parón por culpa del loco de Trump.